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Homeland 03x03

Temporada 3, capítulo 3: "Tower of David"

5,5

 

Milo J Krmpotic'

 

Recapitulemos: Brody no está, Brody se fue. La CIA, tres cuartos de lo mismo, devastada por el atentado durante el servicio fúnebre del vicepresidente Walden, escrutada por una comisión del Congreso que se pregunta inquisitorialmente si puede proteger al país quien no sabe protegerse a sí mismo. De modo que a su nuevo director, el (cada vez menos) bueno de Saul Berenson, no le queda otro remedio que soltar lastre. Y nadie pesa tanto sobre sus espaldas como Carrie Mathison. Especialmente si le ha dado por dejar el litio y lanzarse en brazos de las terapias alternativas; sobre todo cuando, tras un par de filtraciones contra su persona, decide que aquello del secreto profesional es algo que uno puede perfectamente compartir con la prensa. Total, que la chica acaba encerrada en un psiquiátrico (y quizá se trate de la distancia menos corta entre su frente y el balazo de un francotirador). Mientras tanto, la que ha salido de un centro de esas características es Dana, en terapia tras haberse cortado las venas convencida de la culpabilidad de su padre. Pero su reingreso a la vida familiar no se halla exento de traumas. Como (más o menos) traumatizado anda Quinn después de asesinar a un niño venezolano durante el ataque internacional ordenado por Saul contra seis personas ligadas al bombazo de Langley.

 

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La hoja de servicios (con sus SPOILERS): Y al tercer capítulo, Brody reapareció. Resucitando, además, en los sótanos de un edificio-gueto de Caracas, la Torre de David del título, con dos agujeros en el abdomen provocados por las balas de unos soldados colombianos interesados en la recompensa de diez millones de dólares que Estados Unidos ofrece por su pelirroja cabeza (sólo que ya no es tal, pues se ha rapado al cero). Su anfitrión es El Niño, líder de una banda criminal que aparentemente intenta saldar una vieja deuda con Carrie. Pero hay amores que matan y, a fin de protegerle, El Niño insistirá en mantenerlo en el edificio a medio construir por las buenas o por las malas, primero a cargo de su propia hija y, después, cuando Brody intente escapar, encerrándolo y dejándolo en manos del médico del lugar, tipo cuya melosa entonación esconde maneras pedófilas y la manía de curarlo todo a base de chutes de heroína. Mientras tanto, al norte del mismo continente, Carrie insiste ante médicos y enfermeras en que está mejor, en que pueden dejarla suelta, pero aprovecha la menor ocasión para desmentirlo cayendo en una crisis nerviosa, golpeándose la cabeza contra un espejo hasta sangrar, escapando para reunirse en los jardines de la clínica con un abogado que asegura querer ayudarla…

 

En un inicio de temporada que escondía celosamente su trama principal (si optábamos por el optimismo), o sencillamente titubeante e irregular (en caso de mostrarnos más severos), tres fueron las líneas menores que provocaron el interés de este comentarista: la corrupción de Saul Berenson (ya saben, es ascender a director de la CIA y el amigo comienza a encargar ejecuciones extrajudiciales a diestro y siniestro, para a continuación lanzarse a traicionar a Carrie), el proceso inverso (de asesino sin miramientos a sujeto concienciado) por parte de Quinn y, con la boca algo más pequeña, los esfuerzos de Dana Brody por vivir en un mundo donde su padre ha sido el responsable de la muerte de 219 personas. Pues bien, en su tercer episodio, el que marca el primer cuarto de camino recorrido, los guionistas de “Homeland” prescindieron por completo de todas esas posibilidades, decidieron que el regreso de Brody era premio suficiente para el espectador y buscaron una estructura a partir de la alternancia entre el encierro venezolano del excongresista y la reclusión psiquiátrica de Carrie, por si a estas alturas necesitábamos más señales acerca de la unión existente entre ambos personajes. Y, si nada aportó la parte de ella (cuando menos hasta la aparición del abogado, una novedad entre tantas secuencias ya vistas), la de él comenzó inteligentemente in media res, se benefició de la perturbadora presencia de Erik Dellums, viejo conocido de “The Wire”, en el papel del médico, pero acabó despeñándose por el barranco de la incoherencia (la insistencia de El Niño por mantenerlo en la Torre de David) y la reiteración. O comienza a pasar algo o aquí se disparan todas las alarmas.

 

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La medalla al valor: La conversación final entre Brody y el doctor: Everywhere you go, other people die, but you always manage to survive. Have you noticed that? You're like a cockroach, still there after the last nuclear bombs go off. You belong here”. En efecto, la Torre de David es una suerte de purgatorio. Y Brody deberá limpiar su conciencia antes de poder abandonarla.     

 

La mención deshonrosa: La constante sensación de déjà-vu, respecto a toda la serie en general (Carrie) y a este capítulo en particular (Brody). Sobre todo, la impresión, tres episodios después, de que esta tercera temporada no sabe hacia dónde dirigirse.

 

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com

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