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Fargo 01x02

"The Rooster Prince”

8,7

 

Milo J Krmpotic'

 

De la noche a la mañana, un príncipe enloquece, pasa a creerse un gallo. Se pasea desnudo por palacio, exige que le tiren grano al suelo para ponerse a comer debajo de la mesa… Hasta que, razonablemente preocupados, el rey y la reina solicitan la ayuda de un hombre sabio. Nada más llegar, este se desnuda y se lanza a imitar los movimientos del príncipe. Al poco, picotea también a su lado. Y, tras ganarse así su confianza, le hace ver que, aunque ambos sean en efecto gallos, tienen la posibilidad de vestirse y comer como humanos. Así, cuando el príncipe vuelve a guardar las formas, la corte suspira de alivio y lo da por curado.

 

Lo mismo que el príncipe gallo, varios son los ciudadanos de Bemidji que de repente han visto su existencia vuelta del revés por el cuádruple homicidio con que les obsequió el capítulo anterior. Pero, desgraciadamente para ellos, el suceso no ha invocado la llegada de un hombre sabio y sí de dos matones de la mafia, Mr. Numbers (Adam Goldberg) y Mr. Wrench (Russell Harvard), dispuestos a averiguar quién mató a su socio Sam Hess. Mientras tanto, el responsable del crimen, Lorne Malvo (Billy Bob Thornton), está ya haciendo de las suyas en Duluth, donde ha sido contratado por el rey de los supermercados Stavros Milos (Oliver Platt) para que descubra quién le está chantajeando en pleno proceso de divorcio de su esposa.   

 

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Pero regresemos al apartado de la gente “normal”, del perfil Coen, de aquellos personajes que aquí te ofrecen galletitas con tierna sonrisa roedora y algo más allá la emprenden a martillazos con tu cabeza. Lester Nygaard (Martin Freeman), sin ir más lejos, pertenece a esa estirpe y, por ello, aunque haya matado a su señora, es ahora pasto tanto del duelo como de la culpa, simbolizada en esa suerte de “corazón delator” que es el perdigonazo en el dorso de su mano derecha, objeto de insoportables picores y quizá hasta de infección. Y dispuesta a testimoniar su desmoronamiento se encuentra la agente Molly Solverson (Allison Tolman), por más que el nuevo jefe de policía (Bob Odenkirk) insista en errar la línea de la investigación.

 

El segundo miembro de las fuerzas del Orden en crisis es el oficial Gus Grimly (Colin Hanks), quien intenta conciliar la satisfacción por haber salido vivo de su encuentro con Malvo y la evidencia de que dejó de cumplir con su cometido al no detenerlo. Y, si hasta aquí este 1x02 ha contado una historia que ya sabíamos (aunque lo haya hecho notablemente, aunque nos haya seguido abocando a la búsqueda de guiños respecto a su antecedente fílmico, aunque haya sabido extraer petróleo coeniano de cada uno de sus secundarios), es cuando nos introducimos en el domicilio de Grimly, cuando asistimos a ese doble juego de ventanas indiscretas (con la vecina que se desnuda mientras él se desviste, que sirve la cena a su familia mientras él engulle una hamburguesa junto a su hija), es entonces, decíamos, cuando comenzamos a otear la posibilidad de que haya más genio del anticipado en el guionista Hawley (como Nic Pizzolatto, por cierto, también escritor) y el realizador Bernstein.   

 

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Ya intuimos la semana pasada que este “Fargo” pretendía trascender el remake e ir incluso más allá del homenaje. Y, en efecto, su equipo creativo está acumulando credenciales: la elección de la banda sonora y su recurso como efecto cómico, lo cinematográfico de la dirección (véase la perfecta simetría del plano familiar durante la cena en casa del hermano de Lester, a donde este ha acudido, claro, en busca del orden y la paz que no encuentra en su domicilio), la sutil inteligencia de su guión (la esposa de Milos se queja del olor de sus manos en presencia de otro par de manos que, por manchadas de crema bronceadora, van a revelarse sospechosas del chantaje), el uso de los paisajes helados para puntuar el relato y el modo en que la violencia “agujerea” uno de ellos en la secuencia final… Vamos, que la propuesta, señores, además de deliciosa tiene visos de acabar resultando muy seria.       

 

La parábola judía con que abríamos estas líneas, a todo ello, presenta un pequeño problema. Porque el príncipe habrá regresado a la normalidad conductual, pero sigue aferrado a su fantasía. Así que, por el precio de uno, nos encontramos con que su mente ampara a la vez a un hombre tocado del ala por creerse gallo y a un gallo tocado del brazo por comportarse como humano. Aunque, bien mirado, quizá se trate de uno de los puntualísimos casos en los que dos errores suman un acierto. Especialmente porque en Bemidji, así como en “Fargo”, la línea que separa la razón de la locura tiene el grosor de un cabello y tiende a cambiar de posición, arrastrada aquí y allá por los gélidos vientos del invierno de Minnesota.

 

 

Bonus tracks:

* Mr. Numbers: “He thinks every town should have a library”. Porque, en el universo de los hermanos Coen y aledaños, eso es lo primero en lo que se fija un mafioso sordomudo de paso.

* Y de nuevo Mr. Numbers: “We’ll find him”. Pero todos sabemos que la frase representa un ejemplo flagrante de significado “lost in translation”.

* Los dos carteles en el dormitorio de los Nygaard invitan poderosamente a una reinterpretación post-crimen de sus mensajes de autoayuda barata: “Everything happens for a reason” / “Go confidently in the direction of your dreams, live the life you’ve imagined”.

* Malvo a la de una: “No, highly irregular is the time I found a human foot on a toaster oven. This is just odd”. Y, visto así…

* ¿Alguien más pensó en “Socios y sabuesos”, el film de Tom Hanks, al ver a su retoño intentando atrapar a un K-9?

* Malvo a la de dos: “I’m just kidding”. Pero hubiera sido una magnífica dedicatoria, qué duda cabe.

* Hay muchas formas de lidiar con las amenazas de un matón. Ponerte a defecar (literalmente) mientras lees un libro se nos antoja tan original como aparentemente acertada.

* Y Malvo a la de tres: “Hey, I got one for ya… What kinda bone would a dog never eat? A trombone”. Porque uno nunca sabe cuándo va a necesitar un chiste malo.

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com