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Felix-Cubin  

Felix Kubin

Zemsta plutona

Gagarin Records / ZickZack Platten

6,5

Pseudo pop

Vidal Romero

 

De todos los artistas que pueblan el universo de la música electrónica hecha en Europa, pocos hay tan aficionados a la mutación y a la extravagancia como Felix Kubin –de hecho, sólo se me ocurre uno a la altura: el majara de Uwe Schmidt–. En treinta años, a este  hamburgués le ha dado tiempo a probar fortuna (a veces con resultados notables) en géneros tan distintos como el techno, la electroacústica, el ambient, la música de cámara, el pop electrónico, las bandas sonoras o los talleres de radio. Su obra, en fin, es como un enorme cajón de sastre, que encima está decorado con un sinfín de imágenes provocativas, mensajes encubiertos, chistes de trazo grueso y grandes dosis de surrealismo. Kubin, en fin, es como un miembro de las vanguardias de principios del siglo XX –de una cualquiera, incluso de todas a la vez– al que hubieran trasladado ochenta años hacia el futuro. Un tipo siempre dispuesto a epatar y a sorprender, aunque eso repercuta en el resultado final de su obra.

 

Zemsta plutona”, el primer disco “oficial” de Kubin en nueve años, recopila las canciones más cercanas al pop (o al “pseudo pop”, como definió muy acertadamente su colega Asmus Tietchens) que ha compuesto durante el último lustro. Canciones que apelan a un retro-futurismo repleto de guiños humorísticos, excentricidades y salidas de tono (en algunos casos, como “Piscine resonnez!”, de manera literal). La primera canción, “Lightning strikes”, es una ensalada de voces operísticas, samples de human beat box, melodías de pop sixties y detalles de vocoder, aliñada con masas de ruido blanco. La segunda canción, “Atomium vertigo”, es una mezcla imposible entre Kraftwerk, Gainsbourg y el sonido que producía una computadora de los ochenta al leer un disco flexible. “Nachts im park” parece inspirada en pioneros como Pierre Henry “Flies without memory” recuerda al sonido juguetón de los primeros Mouse On Mars, pero con un punto primitivista, y “Swinging 40s” es, efectivamente, una pieza de swing contaminada con ruiditos alienígenas. Cualquier cosa es posible en un disco excesivo y desmesurado a todos los niveles, en el que cada canción parece provenir de un universo diferente, más allá de una paleta de sonidos más o menos común y con un marcado carácter analógico. Un disco tan repleto de ideas, detalles y referencias que harían falta meses para desentrañar todos sus secretos: ahí residen, precisamente, su principal problema y su mayor virtud. Todo depende de quién esté escuchando.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com