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Laurel Halo

Chance of rain

Hyperdub

7,5

Techno

Vidal Romero

 

Cuando la entrevisté en 2012 –su primer disco, “Quarantine” (12), todavía caliente en el horno– Ina Cube me contó que para ella lo importante en una canción era que transmitiera emociones y que tuviera fluidez, y que ese era el motivo por el que trabajaba con capas de sonido y no con estructuras, “porque me permiten crear topografías sonoras en las que resulta sencillo perderse. Incluso para mí misma, que soy una obsesa del detalle y me encanta leer entre líneas". También me dijo que quería repartir el trabajo entre sus dos alias; que King Felix estaba pensado para "trabajar con canciones de manera muy concreta”, y que Laurel Halo quedaría como “un proyecto mucho más libre e informe, más relacionado con la construcción de un entorno, y en el que puede haber voces o no".

 

 

Lo anterior es importante para comprender el aparente giro estilístico que ha dado la productora neoyorquina en su segundo disco, "Chance of rain". Por un lado es un disco instrumental, en el que no existen apenas voces y las que aparecen están troceadas y manipuladas, funcionan como un instrumento más. Y por otro lado, se trata de un disco de techno, que enraíza muchas de sus referencias en un pasado nostálgico (el intelligent techno inglés), pero que al mismo tiempo parte de una concepción futurista, en la que no existen nociones clásicas de estructura. Se trata, en fin, de una criatura de apariencia completamente distinta a “Quarantine”, así que los que anden buscando una nueva ración de pop quebradizo y ensoñador pueden apearse aquí. Porque los que se queden tendrán que enfrentar un discurso volátil y de esquinas afiladas; una cuidadosa distribución del sonido en múltiples capas, que al chocar entre sí, que al aparecer y desaparecer de forma casual y caprichosa, dan a los temas una cierta sensación de deriva.

 

Así las cosas, son necesarias varias escuchas –a poder ser con cascos- para entender el juego de tensiones y dispersiones al que se entrega Cube. Un juego en el que conviven algún elemento que garantiza la cohesión (casi siempre alguna de las pistas rítmicas, que va mutando a lo largo de la canción, pero nunca tanto como para olvidar su papel de guía), y varias capas de sonido enrevesado, en las que resuenan esos ecos teñidos de nostalgia de los que hablábamos más arriba. Es el caso de “Oineroi” y “Thrax”, dos estupendos temas poblados por ritmos juguetones y sonidos de un raro exostismo, que recuerdan poderosamente a los Mouse On Mars de “Autoditacker”. O todos esos ecos metálicos, esas progresiones cubistas que dan forma a temas como “Serendip” o “Still/Dromos”, que parecen latir al ritmo de B12 o de los primeros Autechre. Todo es posible en un disco que derrocha inventiva y recursos, que parece florecer a cada instante, que esconde sorpresas prácticamente en cada compás, que suena a la alienígena y extrañamente familiar. De hecho, lo único que aleja a "Chance of rain" del sobresaliente son los cortes que abren y cierran el disco; dos breves caprichos, tocados con un sintetizador, que parecen escritos tras darse un atracón de Chick Corea, y que tienen un interés cercano a cero.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com