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Toni Castarnado

Mujeres y música

 

Redacción

Fotos de Toni Castarnado por Silvia Retrato

 

La editorial 66 RPM ha publicado estos días el libro "Mujeres y música. 144 discos más que avalan esta relación", continuación del excelente "Mujer y música". 144 discos que avalan esta relación" del periodista catalán Toni Castarnado (firmar que puedes buscar en nuestra sección de NBA y en Live).

 

"Mujeres y música. 144 discos más que avalan esta relación" de Toni Castarnado (y prólogo de Christina Rosenvinge)se fija en otros 144 trabajos discográficos, pero esta vez de bandas con mujeres, no mujeres solistas. Ahora son 288 los discos representados en esto dos libros que defienden que el mundo musical siempre fue cosa de mujeres. En esta continuación de "Mujeres y música" (66 RPM, 2012), Toni nos habla de los discos de gente como Blondie, Coco Rosie, Portishead, Lacuna Coil, Hole, The Shangri-las, Mazzy Star, componiendo un fresco muy certero sobre la historia de la música moderna y las mujeres que formaron parte de él.

 

El próximo jueves de 28 de noviembre, a partir de las 20 h, se celebra en Music Hall de Barcelona la fiesta de presentación de "Mujeres y música" con Reyes Torío como contertuliana y la participación de Núria Graham, Tori Sparks y Las Migas.

 

Aquí os ofrecemos la introducción que podrás encontrar en el libro "Mujeres y música" por Toni Castarnado

 

"He aquí la pregunta del millón de dólares. ¿Por qué escribes un libro sobre mujeres en el mundo de la música y no eliges hacerlo con hombres? Me la ha hecho mucha gente y, la verdad, no hay una respuesta clara. O sí, según se mire. Quizás sea únicamente una cuestión de inercia, de sensibilidad, de casualidades, de rasgos comunes que viajan en paralelo. Tori Amos me abrió la puerta en 1992 con Little Earthquakes. Aquella voz especial y nueva para mí, su imagen provocadora, la sensualidad de una mujer sin parangón, y esas canciones –lo que de verdad importa… que me robaron el corazón. Había llegado la hora, ya no iba a vivir solamente de Led Zeppelin, de Mötley Crüe, del punk que descubrí a la par, del grunge que por aquel entonces me tenía absorbido el cerebro. Y comencé a indagar, a descubrir, de PJ Harvey a Suzanne Vega, de Sinéad O´Connor a Janis Joplin, ellas fueron algunas de esas pioneras para mí. Ese va a ser a partir de entonces el medicamento con receta médica que tomo a diario. Pasados unos años, empecé a escribir en revistas, primero en Mondo Sonoro, después en Rock Sound –ahora Rock Zone–, finalmente en Ruta 66. Me encargaban todo tipo de reseñas y entrevistas, algunas de ellas con artistas femeninas. Sin darme cuenta, me estaba especializando. Como casi todo en la vida, si persigues algo premeditadamente no lo consigues, si dejas que fluya y se produzca de manera natural, en ocasiones se obra el milagro. Entrevisté durante ese tiempo a un sinfín de cantautoras folk y country, estaban en boga y a mí me chiflaban. También a Marianne Faithfull, Ani DiFranco, Imelda May, Lucinda Williams, Dianne Reeves, Patti Smith, Natalie Merchant, a la propia Tori Amos. Empecé a escribir extensos artículos sobre Billie Holiday –la excusa para conocer a mi editor Alfred Crespo–, Nina Simone, Cat Power o Fiona Apple. Hasta que, llegado el momento, sentí esa necesidad imperiosa de escribir un libro con este tema sobre la mesa, el de la relación que vincula a la mujer y la música.

 

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¿Osado? Puede que sí. ¿Necesario? Creo que también. El problema era cómo lo iba a empezar. Y el planteamiento. Le comenté mi loca idea a Joan S. Luna, estábamos a última hora en la oficina de Mondo Sonoro, él escribiendo textos a toda prisa, yo revoloteando por allí mientras le saqueaba la mesa dónde tiene los discos. “Toni, haz una guía de discos, es la mejor manera. Esos libros siempre son muy golosos e instructivos”. Le hice caso. Tardé unos meses en ponerme manos a la obra, las prisas nunca fueron buenas consejeras, el trabajo de hormiguita acaba recogiendo su recompensa, si bien a veces sea inevitable precipitarse y tener que poner freno al observar que vas muy deprisa. No obstante, tuve paciencia. Con los años, es algo que vamos puliendo. No hay que forzar las cosas, surgen cuando toca, como el amor, como la amistad. Si los sueños se tienen cumplir, acabarán haciendo realidad, corras más o corras menos. Fruto de la constancia, y de que siempre tengo una historia que explicar y enfocar desde un plano personal, quizás motivada por una película –mi otra gran pasión–, por la lectura de un libro o por un acontecimiento histórico. No tengo el mayor talento del mundo, ni para escribir ni para otras cosas, pero mi inquietud y las ganas de investigar han sido mis mejores aliadas. Así que, como todo proyecto que debe coger carrerilla, tenía que haber un punto de inicio.

 

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Estoy sólo en casa un sábado por la noche, en pleno invierno. De repente se me enciende la luz. Cojo la caja de Rhino Respect: A Century Of Women In Music. Me dispongo a hacer una primera lista con ese cofre como inspiración. Apunto nombres, es una primera aproximación. Así empezaba todo. Escribí el primer texto, creo que Come Away From Me de Norah Jones. No me preguntéis el porqué. Lo hice a mi manera, sin un patrón definido. Comienzo con 111 referencias –no quería un número redondo–, lo aumento a 123, sigo hasta los 133, y finalmente me freno en los 144, por temas de maquetación por el pliegue interior del libro, y porque había que poner un límite, sino todavía estaríamos liados. Aquél primer volumen trataba solamente sobre chicas solistas –todavía hoy me preguntan por qué no están Blondie y Pretenders, y por fin he enmendado la plana con esta continuación que tienes entre manos–, proliferación de cantautoras, mucha música americana de raíces, sonidos negros, cantantes de jazz, y un poco de picoteo por todo lo demás, buscando siempre el equilibrio. Esta segunda parte va sobre chicas que tocan en grupos, algunos formados íntegramente por féminas, en otros casos son las cantantes o tienen un papel preponderante como instrumentistas, caso de las baterías, siempre más ninguneadas, con casos aquí expuestos como los de Low, Yo La Tengo o The Velvet Underground. Hay más punk, existe espacio para el flamenco, el fenómeno riot grrrl, las girl-groups de los sesenta, las bandas en la órbita de Phil Spector, el pop de los ochenta, el indie de los noventa. Dos visiones: para el primer volumen la más íntima, la que camina por el sendero de la introspección, y para el segundo el de un grupo de chicas que presumen de ser más aguerridas. ¿Y por qué unas y no otras? Es decir, ¿por qué lo a la hora de confeccionar un libro de estas  precisamente lo más complicado es reunir a toda la plantilla y hacer los descartes oportunos? Quieres llegar a todas partes, no dejar ningún cabo suelto, estilos, épocas, demarcaciones geográficas, la combinación de clásicos, los que casi todos conocemos, y la suma de artistas ocultos, malditos, mas alguna fijación personal. El mayor desafío es ese, y el mayor reconocimiento para mí es cuándo alguien me dice que ha descubierto muchos discos gracias a mi libro. O también otra posibilidad: alguien ha leído el libro con Spotify al lado mientras iba sonando cada uno de los álbumes que has destacado. Objetivo cumplido.

 

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Aún así, siempre tienes la sensación que olvidas algo, que la lista va a quedar incompleta. Da cierto pánico. No obstante, como la plenitud no existe y la situación idónea tampoco, acabas por relativizar su importancia. Con lo cuál, lo hecho se da por bien empleado. Hasta el final tienes dudas. Por ejemplo, elijo a Phantom Limb por delante de Alabama Shakes, aunque espero hasta última hora para decidirlo, y aunque la banda de Brittany Howard ha cosechado más éxito y quizás tenga más proyección, pero me decido por los otros. Me sucedió lo mismo con Celia Cruz y con La Lupe. La historia de aquella mujer que cantaba “Fever” mientras se revolcaba por el suelo y se arañaba los brazos merecía ser contada y sabida. Y, seguramente, cuando pasen unos meses, creeré que me equivoqué. Pasó con el libro anterior, al cabo de poco tiempo ya hubiese cambiado unos cuantos cromos, después de dos años y medio desde su edición, a más de una docena. ¿Por qué no entraron Edith Piaf, Nina Nastasia, Miriam Makeba, St. Vincent, Julieta Venegas, Laura Marling, Maria del Mar Bonet, Melody Gardot o Carmen Linares? O algunos textos que estaban incluso escritos, caso de Laura Cantrell y Nancy Griffith, se quedaron en el tintero. En esta ocasión, he dedicado mi esfuerzo a CSS, Bananarama, Las Kellies, Slumber Party o The Webb Sisters, y al final se han quedado en el disco duro de mi ordenador, y dejarlos fuera ha sido como dejar sin comer a uno de los invitados a tu fiesta porque no hay más platos ni más viandas. Y dada esa disyuntiva, ¿cuál es la causa o el efecto de quedarme con un disco de un mismo artista por delante de otro? To Bring You My Love antes que Rid Of Me de PJ Harvey. O los discos de madurez de Rickie Lee Jones y Marianne Faithfull pagando el peaje de no destacar su debut o Broken English, aunque hable largo y tendido en cada ficha de esas obras y de su importancia vital. También es una forma de demostrar el impacto que tuvo su audición cuando los escuché, sensaciones personales que sólo manejo yo. ¿Y por qué pongo a The Runaways y Portishead en Mujeres Y Música y no analizo a Carter Family y Fairport Convention, aunque todos ellos están representados en el primer volumen? Quizás porque conté casi todo lo que tenía sobre ellos en los textos de June Carter Cash y Sandy Denny. ¿Y Spice Girls ahora sí y ni rastro antes de Lady Gaga? En este caso, quizás sea el carácter más aperturista de su continuación, así pasa también con la presencia de más artistas latinoamericanos.

 

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Lo dicho, la selección y el listado final son el resultado de un esfuerzo titánico, una lucha a veces a contracorriente y la constatación de que nadie dijo que esto fuera fácil. Igual estoy tirando piedras sobre mi propio tejado pero, de otro modo, soy consciente de que esta puede ser una guía definitiva o complementaria a otros documentos para comprender el papel de la mujer en la industria de la música, en la sociedad, y que sus 288 discos te darán una visión global y particular sobre este tema. Otro dato a tener en cuenta: hay más representación de las artistas de aquí cuando se juntan que cuando van por libre. Han salido casi el doble, y eso que  he dejado fuera a Amaral, Picnic o La Buena Vida. Quizás se sienten más arropadas, más seguras así, o puede que solamente sea algo accidental o coyuntural. ¿Y que todo esto lo escriba un hombre y no una mujer? Meterse en su fuero interno y adivinar su sensibilidad, buscar y analizar aspectos que vistos desde fuera cobran otra vida. No alcanzaré nunca a la periodista y escritora británica Caitlin Moran y la ácida perspectiva de la situación que nos brinda en ese excitante relato llamado Cómo Ser Mujer.

 

portada-libro-Toni

 

Y una conclusión suya aplicable a todos, sea cuál sea su condición, profesional, religiosa o sexual: “Puedes tener todas las leyes de igualdad que quieras, pero lo que cambia la mentalidad de las personas, al final, son los libros, las pelis, los discos”. Y por esa razón tan sencilla, seguiremos descubriendo a nuevos y a viejos talentos. Sólo en lo que va de año, han aparecido unas cuantas artistas femeninas destacables; Laura Mvula, Valerie June, Lola Colt, Samantha Crain, Deap Vally, Savages, Imany o Natalie Dawn. Y las que han de llegar. Con sus canciones y esas voces que me siguen enamorando y persiguiendo cuál esforzado fondista que nunca baja el ritmo, proseguiremos por ese confortable camino que marca la felicidad. Una de las vías para lograrlo es la música y su poder curativo. El aquí y el ahora, ese perpetúo carpe diem. Ya lo decía la indomable Rickie Lee Jones en el prólogo de Mujer Y Música: ahora es el momento de invitar a los chicos a que sean una de las chicas.

 

Premià de Mar, 11 de Septiembre de 2013."

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