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El Ministerio del Tiempo 01X08

“La leyenda del tiempo”

8

 

David Aliaga

 

Ha terminado la primera temporada de una de las series más sorprendentes y populares del año. Si el séptimo capítulo podríamos meterlo en el saco de los flojos, "El Ministerio del Tiempo" se despidió brindando a más de 2.200.000 espectadores una de sus mejores entregas. Después de ocho capítulos y habiendo cosechado buena crítica y un gran respaldo popular, el Ministerio echa el cierre y sus funcionarios podrán disfrutar de unas largas vacaciones antes de volver a la pequeña pantalla.

 

En “La leyenda del tiempo”JuliánAmelia y Entrerríos viajaron hasta 1924 para mezclarse con Federico García LorcaSalvador Dalí y Luis Buñuel en la Residencia de Estudiantes de Madrid. El entuerto que tienen que desfacer en esta ocasión es averiguar por qué el pintor de Figueras incluyó una tablet en el lienzo que compuso para promocionar una representación de “Don Juan Tenorio”. Desde luego, los estudiantes de la Residencia, a principios del siglo XX, no se formaban con eBooks y tabletas, así que el trío protagonista deberá encontrarla y averiguar cómo fue a parar a 1924. La respuesta se insinúa a medida que avanza el capítulo y no termina de sorprender cuando se produce, tal vez, no porque la articulación narrativa del capítulo falle, tanto como por la falta de intensidad y credibilidad con la que reacciona el culpable al ser desenmascarado.

 

Salvo el desenlace de la trama relacionada con la tablet, algo previsible y afectado, el capítulo explota las mayores virtudes de la serie y le añade el carisma que aporta la presencia de Federico García Lorca, quizá poco gitano, pero reconocible. Se cuelan en la emisión algunos de sus versos y el poeta traza una relación narrativamente interesante con Julián, que en el rostro, la voz y los gestos de Rodolfo Sancho logra dejar en carne viva la piel de muchos espectadores –de los buenos, los fachas ya sabemos todos que ni para espectadores sirven, los muy cabrones– cuando estalla de rabia por no poder advertir a Lorca del destino que correrá cuando estalle la Guerra Civil. Azuzado por la admiración y la amistad que su personaje siente por el poeta, Rodolfo Sancho cuaja la que probablemente sea su mejor actuación en "El Ministerio del Tiempo". También en su decisión de intentar salvar la vida de su mujer, fallecida en 2012, y en lo que el desenlace de su intento sugiere, “La leyenda del tiempo” ofrece algunos de los mejores minutos de la primera temporada.

 

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Julián eclipsa a Amelia Folch, que sin embargo, también protagoniza el capítulo desde una veta más introspectiva en la que se suceden los planteamientos intimistas y morales asociados a la posibilidad de viajar en el tiempo, conocer el pasado y el futuro, etc., consustanciales a la serie. Y Alonso de Entrerríos, más discreto durante todo el capítulo salvo el momento en que decide retar a un duelo a Buñuel, se despide de la audiencia mostrando lo que ha incorporado del presente, su futuro, a su gallardía, interpretándose como un espectro para evitar que su esposa sea maltratada y fundirse con ella en un último abrazo entre la esposa pasada y el marido difunto.

 

Los secundarios, por su parte, se trenzan de forma excelente en el desarrollo de las tramas y cada vez resultan más reconocibles. El imperturbable y leal Ernesto Jiménez, la angustiada Angustias, el peculiar ministro, con su peculiar humor… Tras la primera temporada, todos son ya familiares en sus reacciones y actuaciones y contribuyen a hacer más compacto cada capítulo, incluso la versión mamarracha de Velázquez, que por poco que me guste, es reconocible.

 

Emotividad, humor, versos de García Lorca, maldición de la crueldad franquista, viajes en el tiempo (aunque con incoherencias) y (bueno, va, aceptamos “pulpo” como animal de compañía) intriga, envueltos en el habitual gusto y esmero estético para poner un colofón inmejorable a la primera temporada de "El Ministerio del Tiempo".

 

David Aliaga

David Aliaga es escritor y periodista especializado en literatura contemporánea. Ha publicado la novela breve Hielo (Paralelo Sur, 2014) y el libro de relatos "Inercia gris" (Base, 2013), algunos de cuyos cuentos han sido incluidos en las antologías "Cuentos engranados" (TransBooks, 2013) y "Madrid, Nebraska" (Bartleby, 2014). En su faceta académica destaca el ensayo "Los fantasmas de Dickens" (Base, 2012), un estudio sobre lo sobrenatural en la obra del inglés. Ha traducido al catalán a Dickens y Wilde. Es colaborador habitual de Quimera, Qué leer y Blisstopic.