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Doctor Who 8x03

El héroe imposible

9,2

 

Marc Pastor

 

La chica imposible pide un deseo imposible: conocer al héroe que nunca existió. Tiene todo el universo (y algunas dimensiones alternativas) a su alcance, y sin embargo desea encontrarse con Robin Hood.

 

El Doctor, otrora siempre abierto a cualquier posibilidad, se muestra escéptico. O peor aún, condescendiente. El personaje de Capaldi es huraño y pragmático, lejos de sus risueñas regeneraciones anteriores. El Doctor asegura que Robin Hood es un mito, no forma parte de la historia y resulta ridículo ir en su búsqueda a la Inglaterra medieval porque no estará ahí, sino en los libros.

 

Por eso, cuando la TARDIS aterriza en Sherwood, el Doctor no duda en burlarse de Clara: aquí no hay damiselas en apuros, ni castillos ni forajidos de leyenda, dice.

 

Una flecha y la risotada de un tipo vestido con mallas le desmienten. El Robin Hood más clásico imaginable da inicio a uno de los episodios más desacomplejadamente divertidos de Doctor Who de los últimos tiempos.

 

El Doctor sigue empeñado en llevar la razón y desmentir lo que están viviendo. Elucubra un montón de teorías locas sobre la existencia de Robin de los Bosques antes que aceptar que éste pueda ser real. Se niega a ceder ante Clara, que parece encantada con encontrarse a un mito viviente. Y nosotros estamos encantados con su largo vestido rojo de época. A estas alturas, las críticas a Clara Oswald ya solo las entiendo por puros celos. Y ella demuestra que tiene más personalidad que en su etapa junto a 11, aprovechando sus dotes de seductora para ejercer de detective.

 

El choque entre el Doctor y Robin Hood es instantáneo. Sus egos colisionan constantemente, como dos adolescentes ridículos ante una Clara que no da crédito. Sin embargo, el Doctor se ve arrastrado a la leyenda a pesar de sus intentos de desacreditar al impostor.

 

El malvado Sheriff de Nottingham tiene la región aterrorizada. Sus soldados se dedican a robar oro y secuestrar a los campesinos para usarlos como mano de obra esclavizada, como en "Indiana Jones y el Templo Maldito" pero sin los niños. Solo Robin Hood le planta cara, así que el Sheriff decide organizar un torneo de tiro con arco para desemascararlo (porque todo el mundo sabe que su vanidad le va a llevar por el camino de la amargura). Con lo que no cuenta es con la aparición del Doctor. Su intervención terminará destapando el plan del Sheriff: conseguir reunir todo el oro posible para reparar el motor de la nave espacial pilotada por los robots soldados, que se encuentra encallada en la Tierra y escondida dentro del castillo...

 

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"Robot of Sherwood" es el séptimo episodio de Doctor Who escrito por Mark Gatiss. De sus anteriores incursiones cabría destacar "The Unquiet Dead" (una estupenda aventura dickensiana con espiritismo y extraterrestres zombies) y "The Victory of the Daleks" (donde se mezclaban el bombardeo de Londres, Churchill, androides y Daleks tuneados). Y reconozco que me acercaba con cierto temor a su versión del arquero. Tras las promesas de Moffat (¡ja!) de llevar la serie a rincones más oscuros y después de dos capítulos que confirmaban ese reverso tenebroso del nuevo Doctor, que nos plantáramos en un capítulo cuyos referentes podían ir de Errol Flynn a Walt Disney me hacían temblar.

 

¿Qué nos ofrece "Robot of Sherwood"?

Quizá uno de los episodios más camp de la nueva etapa del Doctor y con toda seguridad uno de los más divertidos.

 

Mark Gatiss decide coger el mito e introducirle un viejo gruñón que ha dejado de creer en cuentos de hadas.

 

El Doctor se encuentra con Robin y pelea con él en un estrecho paso sobre el río (tal como sabemos que se conocieron Robin y Little John). Robin esgrime una espada y el Doctor... ¡una cuchara!

 

Cuando Robin les presenta a los Merrymen ante una cueva en el bosque, el Doctor asegura que no pueden ser reales porque se comportan como personajes de ficción y se dedica a inspeccionarlos y a tratar de desmentir su existencia. Por cierto, la hondonada donde se refugian es la misma que aparecía en el capítulo de "Sherlock", “El sabueso de los Baskerville”, y dónde también se podía vislumbrar una TARDIS entre los árboles... Amantes de los crossover: recoged vuestras mandíbulas.

 

El torneo de tiro con arco, la aparición de los robots soldados, la hilarante discusión en las mazmorras, la posterior huida saltando al foso y la revelación del misterio del día van conformando uno de los episodios más divertidos de los últimos años.

 

Y entonces, como espectador, te preguntas: ¿cuánto tiempo hacía que no veías un capítulo de "Doctor Who" tan desenfadado? ¿Nos habremos acostumbrado a la épica y a las tramas retorcidas de las últimas temporadas? ¿Llevamos mucho tiempo lidiando con el más difícil todavía? ¿Necesitamos explorar nuevos mundos cada día, descubrir conspiraciones alienígenas, resetear el universo a cada episodio? ¿Hemos generado tolerancia a "Doctor Who" y pedimos dosis cada vez más elevadas? Parece ser que sí, porque leyendo algunas reacciones en la red a "Robot of Sherwood", el calificativo más amable que recibe es del de chiquillada intranscendente.

 

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Y no puedo estar más en desacuerdo. "Robot of Sherwood" tiene todo lo que me gusta de "Doctor Who". Tiene un viaje en el tiempo (y a la Edad Media, que últimamente la tenían poco explorada), tiene héroes y peligros, mezcla humor (el plan de fuga de las mazmorras, el juglar que canta las hazañas del protagonista) y momentos más oscuros (la nave espacial de los robots, los esclavos), juega a la metaficción como pocas series se atreven (esos clichés de las viejas pelis de capa y espada, ese momento en qué el Doctor desciende en un salón rasgando la cortina...), tiene chascarrillos memorables (como la mención al “ego” de Errol Flynn), unas actores que son muy conscientes de lo que están haciendo y uno de esos finales emotivos que no azucarados que hacen que termines el episodio con una sonrisa de oreja a oreja. "Robot of Sherwood" está muy bien escrito, dirigido e interpretado, e incluso incluye una referencia al arco argumental de la octava temporada (la nave se dirigía a The Promised Land, donde en principio vive la misteriosa Missy). "Robot of Sherwood" es un episodio redondo, sin subtramas molestas y con un Doctor, el de Peter Capaldi, que empieza a darnos grandes momentos.

 

Como anécdotas, mencionar que en la base de datos de la nave alienígena aparece el Segundo Doctor como Robin Hood. Y que la escena de decapitación del Sheriff de Nottingham (que se puede encontrar fácilmente en internet sin efectos especiales y en blanco y negro) fue eliminada por los recientes videos de Estado Islámico (sumándose así a la lista de series damnificadas por asesinatos como "24" en su primer capítulo o "Hannibal" en el del unos niños asesinos).

 

Pero si hay algo que me molesta especialmente es que se diga que este capítulo es un bajón en la temporada o que no aporta nada, porque tal afirmación demuestra que el espectador que la hace no ha entendido nada.

 

La octava temporada es un juego de espejos, una búsqueda de la identidad del Doctor, una reflexión sobre quién y cómo es él. Y "Robot of Sherwood" no es una excepción.

 

En "Deep Breath", teníamos esa escena del reflejo en la bandeja. El Doctor y su enemigo, Half Face Man, eran las dos caras de la misma moneda. Ambos debían mirar en su interior y preguntarse si, tras siglos de cambios constantes (la metáfora de la escoba) seguían siendo aquellos que ellos creían ser. El Doctor podía honrar a su nombre o haberse convertido en aquello que él persigue. Era el primer espejo del Doctor.

 

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El segundo llega en "Into the Dalek". El Doctor se enfrenta cara a cara con Rusty, un Dalek bondadoso al que consigue curar tras ser miniaturizado e introducido en su interior. Cuando el Dalek recupera su personalidad original (porque el Doctor le sana, remarquemos), mantienen un diálogo que finaliza con un estremecedor “Tú serías un buen Dalek”. El Doctor, otra vez, en el abismo. No hay diferencias entre su peor enemigo y él.

 

En "Robot of Sherwood" asistimos a una doble pirueta argumental. Por una parte, existe una reflexión sobre la propia serie. Los Merrymen, siempre felices, siempre dicharacheros, no pueden ser reales. El Doctor no cree en su existencia e intenta buscar la trampa. Ellos no son tan diferentes de los companion que viajan junto al Doctor, ni sus historias difieren mucho en el fondo. Al Doctor, los Merrymen le parecen falsos porque su propio pasado, todo lo vivido, todas las aventuras, le son ajenas. Él no se siente un Doctor, ni es el mismo que era antes.

 

Y esa sensación se ve reafirmada en el espejo del héroe. Hasta ahora le habíamos visto reflejado en dos villanos, pero de repente se topa con un alter ego: Robin Hood. Una leyenda tan perfecta que parece mentira. Que tiene que ser mentira. ¿Por qué debería existir un Robin Hood? Y por ende: ¿por qué debería existir un Doctor? Por esa razón, por ser dos polos similares, chocan durante toda la aventura y compiten por lo mismo. Ambos saben que son tan buenos como creen, pero Robin ha aceptado que es un mito. Que ha rasgado la cortina de la realidad  para traspasarla y entrar en la sala de las leyendas, aquellas que perviven en la ficción. El Doctor aún no lo sabe. Él ignora que es un héroe. O lo sabía, pero lo ha olvidado. Duda de si mismo. Desde su última regeneración, la duda acompaña a este Doctor como a ningún otro. Y sin embargo, no puede evitar sentir cierto orgullo (y esconderlo) cuando Clara le dice que sí lo eso cuando Lady Marian le besa en la mejilla tras rescatar a los oprimidos en las mazmorras usando otra vez… ¡espejos!

 

El último apretón de manos entre Robin y el Doctor es el definitivo. El arquero legitima al viajero del tiempo con sus palabras. Del Príncipe de los Ladrones al Último de los Señores del Tiempo de Gallifrey. Ambos son iguales. Ambos pertenecen al mundo de las leyendas y los héroes. Y ambos son necesarios porque traen esperanza a la gente. Eso es lo que hace el Doctor, lo quiera o no, esté en su ADN o no: trae esperanza a los que no la tienen, y sufrirá toda su vida por ello. Porque ese es el destino de los héroes.

 

Existe un debate eterno entre los whovians sobre cuál es el episodio que un neófito debería ver para entender qué es "Doctor Who" y, a la postre, engancharse a la serie. Oigo muy a menudo que la gente recomienda "Blink" (tercera temporada moderna con el décimo Doctor, David Tennant) porque, sin duda alguna, es un episodio de 10. No obstante, siempre me ha parecido que "Blink" es un episodio de "Doctor Who" sin el Doctor, y que eso es traicionar la esencia de la serie.

 

Por eso, la próxima vez que me pregunten, responderé sin ningún género de dudas: ¿quieres ver un episodio de "Doctor Who"? empieza con "Robot of Sherwood". Mal que les pese a los yonkis de la épica.

 

Marc Pastor

Marc Pastor (Barcelona, 1977) es un escritor catalán que trabaja en la sección científica de los Mossos. Sus obras han sido traducidas al inglés, alemán, italiano, o el francés y es el autor de "La mala mujer", "El año de la plaga", "Montecristo" y "Bioko".

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