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Cruïlla Festival 2017 Crónica

07-09/07/2015, Parc del Fòrum, Barcelona

 

Texto Javier Burgueño 

Fotos Eric Altimis

 

Salto cualitativo y cuantitativo el del Festival Cruïlla este año, con los abonos y las entradas del viernes agotadas gracias a una propuesta ecléctica con una cartel que contaba con el reclamo de grandes nombres y artistas consagrados (Pet Shop Boys, Jamiroquai, The Prodigy, Die Antwoord, Kase O) y en el que los supuestos segundos espadas (más de uno no estará de acuerdo con la definición) dieron músculo al festival (Dorian Wood, Little Steven & The Disciples Of Soul, Exquirla, Ryan Adams, El Petit de Cal Eril).

 

Viernes

Comenzó el viernes por todo lo alto y con las agendas apretadas, ya que en el intervalo de media hora actuaban Dorian Wood, cuyo nuevo disco es un serio candidato a aparecer en las listas de los mejores del año, el siempre efectivo Youssou N’Dour, y una corredora de fondo como Ani Difranco.

 

Abrió el festival la espectacular actuación de Dorian Wood decíamos, sentado al piano y acompañado por el bajo de Xavi Muñoz y la batería de Marcos Junquera, Wood se mostró expansivo y desatado, como buena fuerza de la naturaleza que es, intercalando la intensidad de las canciones de “Xalá”, íntegramente en castellano, con temas más cabareteros como “Down, The Dirty Roof” o una versión de “Vámonos”, de José Alfredo Jiménez cantado a lo Chavela Vargas.

 

 

Youssou N’Dour se decantó por la fiesta, al menos en la parte final de su concierto (al principio sonó “Seven seconds”, quizás su canción más conocida en Europa), secundado por una multitudinaria banda y haciendo partícipe de su música a todo el público a su alrededor, mientras, Ani Difranco optaba por la cercanía y un formato de power trio acústico. Como siempre Difranco desarmó con sus letras, su sencillez y su integridad, foto con el público para Amnistía Internacional incluida.

 

 

 

Two Door Cinema Club son una apuesta segura para los festivales, una banda resultona, canciones con chispa, ideales para pasar un buen rato en compañía de los amigos. Lo de Kase O es distinto, Kase O reclama toda tu atención y la consigue, te lleva dónde y cómo quiere, se hace contigo y no te suelta hasta que se marcha del escenario. Con “El círculo” bajo el brazo se erigió en el triunfador nacional de la noche.

 

 

Pau Vallvé y El Petit de Cal Eril, cada uno desde su campo, dieron muestras de la buena salud del pop rock catalán. Vallvé últimamente está contento y feliz, algo que se le nota en sus canciones (a ver, no nos desmelenemos, está contento a su manera, y el mundo tampoco es que haya cambiado de repente y sea un lugar mejor de lo que es) y en sus conciertos, mientras que Joan Pons (la cabeza pensante tras El Petit de Cal Eril), como Obelix, parece que cayó en su día en una marmita de felicidad, pop, folk y psicodelia de la que no puede (ni quiere, ni queremos) escapar, proporcionando píldoras de felicidad y buen humor a sus feligreses, construyendo con sus canciones un mundo mejor al que poder huir.

 

 

The Lumineers y Jamiroquai (aunque Jay Kay no tuviera especialmente su día) cumplieron expectativas, proporcionando el concierto que sus seguidores querían escuchar, unos partiendo del folk-rock de estadio y los otros a partir del funk. Los Fabulosos Cadillacs hicieron esperar sus hits, parón por problemas de sonido por medio incluido, pero una vez los dejaron salir convirtieron su concierto en una fiesta, fiesta que se solapó con el principio de la actuación de Die Antwoord, los sudafricanos por fin han cambiado la escenografía de sus shows, con par de clones de Yo-Landi pululando por el escenario, pero en directo sigue la deriva desde un sonido punzante y peligroso hacia lo trallero y machacón, perdiendo parte de su encanto por el camino.

 

 

 

Sábado

Exquirla, el proyecto común de Toundra y el Niño de Elche para empezar el sábado, poca broma. Problemas de sonido aparte (al principio de la actuación la voz del Niño de Elche estaba demasiado baja, quedando ahogada por las guitarras), el post-rock concisamente ejecutado por Toundra con el recitado y canto de el Niño sobre él resultan demoledores.

 

 

 

Benjamin Clementine es un fragmento de nebulosa en ebullición, una estrella en ciernes. Tiene canciones, tiene desparpajo y actitud, y cada vez se le ve más suelto y comunicador sobre el escenario. En cuanto publique el nuevo disco saldrá disparado hacia el firmamento si mantiene el nivel de “At least for now”.

 

 

El tapado del festival al final resultó ser Stevie Van Zandt. El guitarrista de the E Steet Band, actor (sí, el tío del micrófono era Silvio, el de los Soprano, solo que con un pañuelo en vez de embadurnado con quilos de gomina), productor, y culo inquieto por naturaleza, Little Steven, ofreció junto a su espectacular banda The Disciples Of Soul un memorable concierto que hizo retumbar todo el Forum. Algo de doo-woop, algo de soul, algo de ritmos latinos (imposible que a cualquier persona del público, por mucho que no le sonara Stevie, no le chisporroteara la memoria con “Bitter fruit”)  y mucho, mucho, mucho rock and roll, perdón, ROCK AND ROLL (así, en mayúsculas).

 

 

Después de Little Stevie, Ryan Adams salió a ajustar cuentas pendientes con sus seguidores, demasiado tiempo hacía ya que no aparecía por Barcelona tras su única actuación quince años atrás, y bien satisfechos que quedaron. Si Little Steven y los suyos habían ofrecido un set de rock setetero, a la manera de la costa Este, a la manera de Springsteen, Adams y compañía fueron al tuétano, a la esencia, menos espectaculares pero más íntimos y demoledores, canciones de un rock brillante y fiero, cercano y sincero, más Neil Young que Springsteen, en otro de los grandes conciertos del festival.

 

 

Los Pet Shop Boys son otra apuesta segura festivalera, por mucho que presenten nuevos temas o que haya algún que otro momento valle siempre aparecerán los picos, hits incontestables que llevamos bailando y disfrutando durante años y años, esta vez “It’s a sin”, “Domino dancing” , “The pop kids” (tiene vocación de nuevo clásico de la banda), “Go west” o “Always on my mind” fueron las que consiguieron, de forma inevitable, dibujar una sonrisa en la cara de su público.

 

 

Mientras Residente, cantante de Calle 13, presentaba las canciones de su álbum en solitario intercalándolas con hits de la banda madre, el DJ austriaco Parov Stelar (Marcus Füreder) se llevaba el gato al agua con una propuesta tan efectiva como sencilla, consiguiendo con su electro swing llenar hasta los topes (y los pasillos adyacentes)  el escenario Time Out.

 

The Prodigy cerraron el escenario grande, bola de demolición en mano y sin dejarse nada en el tintero, a las primeras de cambio aprovecharon para soltar “Breathe” y”Firestarter”, así, sin anestesia ni nada. 

Javier Burgueño

Javier Burgueño pasó su juventud en el Vallés Oriental (Barcelona) donde se inició en esto de la crítica presentando y coordinando un programa musical de la televisión de su pueblo durante la bendita locura analógica de las televisiones locales de principios de los 90 (asegura que ya no quedan copias de los programas, se encargó personalmente de ello una noche de verano). El experimento fue divertido y dejó un poso latente que volvió a aflorar con el cambio de siglo cuando empezó a colaborar asiduamente con la web del programa de radio madrileño “El otro lado del telescopio” y más tarde con www.pinypondjs.com. Ha sido colaborador de Go Mag desde el 2007 hasta su desaparición de los quioscos el pasado junio de 2013.

 

javier@blisstopic.com