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Cage The Elephant en Barcelona

04/02/2017, Apolo, Barcelona

9,1

 

Pau Navarro

 

Fotos Mireia Quincoces

 

La Sala Apolo es de aquellos lugares que permiten predecir con exactitud el éxito o fracaso de un concierto desde el instante cero. Su vivido suelo de tarima flotante, si todo va como el músico desea, crea un increíble efecto rebote que hace que, si el guiri de tu lado salta, tu saltes el doble. Si la gente se vuelve loca, el suelo te catapulta. Pasaban algunos minutos de las nueve. La sala se había llenado finalmente, con un tardío sold out colgado horas antes de empezar, caras de expectación y codos abriéndose paso de última hora hacía las primeras filas. Estábamos allí por Cage The Elephant. La psicodélica y hipnotizante “Cry baby”, primer tema de su último disco, sirvió de presentación. ¡Todo el mundo a sus puestos! “In One Ear” y “Spiderhead”, ambas también piezas iniciales de discos anteriores, completaron la tríada de obertura. Tres canciones atmosféricas contundentes, de menos a más. Las tablas de Apolo ya retumbaban y la formación de Kentucky aún estaba por colocarse.

 

Tras ellas, llegaron los aullidos del cantante Matthew Shultz en “Trouble”. Primer lucimiento para ganarse a los presentes con uno de los temas que ya se ha convertido en uno de los grandes hits de la banda. “Telescope” recogía el testigo tranquilo de su predecesora y aún calmaba más los ánimos. Momentos de pareja. Riffs camaleónicos e infinitos para acompañar a un público fiel que parecía saberse todos los temas. Matthew miraba en silencio, les brindaba el micro y nadie desentonaba ni un verso.

 

 

Ahora bien, esa noche había otro maestro del espectáculo sobre el escenario de la barcelonesa Sala Apolo, más allá del frontman. Brad Shultz, guitarra y hermano del primero, estaba ofreciendo un recital de expresividad, con su Telecaster a cinta corta, bien ceñida al pecho para poder contonearse. De repente, desapareció. Su instrumento seguía sonando mientras se entonaban los primeros compases de “Ain’t No Reason For The Wicked”, el billete que ha llevado a la fama mediática a los americanos. Todo el mundo buscaba por donde podía aparecer, se había mezclado entre el público. Se dejaba tocar. Se entregó a ellos.

 

“It’s Just Forever” sirvió para recordarnos de donde vienen Cage The Elephant. Distorsión y rítmica contundente, un poco de ruido, como antesala al fin de concierto. Ya no hacía falta ni esforzarse en saltar, solo dejarse llevar. Dejarse engullir por los pogos al más puro estilo de Benicàssim. “Come a Little Closer” empezó a sonar, Matthew pedía palmas como si necesitara un empujón final. Se descamisó. Todo el mundo sabíamos que su tradicional surfeo sobre las masas andaba cerca. Encarnado en el mismísimo Iggy Pop, echó el resto en “Teeth”, convirtiéndose en la gran estrella de la noche al ponerse de pie sobre las cabezas de las primeras filas. “Shake Me Down” (2006) como despedida agradecida a Barcelona, en un concierto homenaje para los fieles. Noche en mayúsculas.

Pau Navarro

Publicitario en despegue, educador entre la mañana y la tarde, comunicador musical y social donde y cuando me dejan, empecinado en el éxito de The Stagpies y Lost Art Of Murder. Se suma a Blisstopic para aportar 6 años de experiencia en conversaciones de bar sobre el sector musical.