Menu

BIME Festival 2016

28-29/10/2015, BEC!, Bilbao

 

Anabel Vélez

Fotos Archivo BIME

 

Esta edición del BIME arrancó el viernes 28 con un cartel de altura encabezado por la gran PJ Harvey. El concierto, sin duda, del festival. Pero antes de ver a la diosa actuar, Edwyn Collins inundó el escenario Antzerkia, en formato teatro con asientos, muy apropiado para la propuesta de un músico que se ha superado a sí mismo. Ya hace más de 10 años que Collins sufrió un ictus, pero a golpe de canción ha sabido volver a la música. Enérgico y acertado, Collins cantó en versión acústica algunas de sus canciones como “Dilemma” o “Understated” de su último disco del mismo nombre y que publicó en 2013. No faltaron clásicos de su banda Orange Juice como “Rip It Up” o “Falling and Laughing”. En formato íntimo con banda, dos guitarras acústicas, teclado y saxo, sonaron las canciones bien interpretadas y llenas de energía por la voz de un hombre carismático que sigue conservado su toque especial.

 

PJ Harvey asaltó el escenario grande acto seguido rodeada de una de las mejores bandas que podía acompañarla. La diosa del rock, no se le puede dar otro nombre, se lo ha ganado a pulso. La admiración y el respeto. Es uno de los grandes músicos de la actualidad. Vivimos un momento dulce y excelso de esta cantante y compositora que crece con cada disco, con cada actuación. Mucho mejor que su concierto en el Primavera Sound, allí empezaba gira, todo encaja en su directo. Perfección absoluta, banda en sintonía ideal, músicos espectaculares y una PJ inmensa en cada gesto, en cada canción, en cada movimiento. Sonaron la mayoría de canciones de su último disco, “The Hope Six Demolition Project”. Un disco de denuncia, de grito desgarrado contra las injusticias del mundo y de canciones redondas. Pura elegancia sonora, su banda la acompaña como un solo músico, aunque sean nueve y ella diez sobre el escenario. Mick Harvey y John Parish incluidos, prestando su sabia musical a su compañera de aventuras musicales desde hace tantos años. Con una puesta en escena sobria, dramática y perfecta, de negro riguroso, sin guitarra pero sin soltar su inseparable saxo, PJ Harvey constató desde la primera nota porque es una de las músicas más importantes de nuestro tiempo. Con su voz poderosa y vulnerable al mismo tiempo, Harvey logra transmitir emociones puras. Entre los temas no faltó algún clásico, como la frenética “50 ft Queenie”, la oscura “Down By The Water” y ya en los bises, una espectacular rendición al maestro Dylan con “Highway 61 Revisited”. La perfección absoluta tiene nombre y se llama PJ Harvey, este concierto es la prueba.

 

 

Richmond Fontaine actuó después en el escenario teatro. Uno de esos grandes grupos que merecerían más atención. Ya vimos a algunos de sus miembros, hace un año de gira con The Delines, arropando sonoramente y a la perfección la suave voz de Amy Boone. Con Willy Vlautin como fuerza motora de Richmond Fontaine, Freddie Trujillo al bajo, Sean Oldham a la batería, Dan Eccles a la guitarra y el propio Vlautin a la voz y la guitarra, la banda suena conjuntada y potente. Su nuevo disco “You Can’t Go Back if There’s Nothing To Go Back To” es buena muestra de la acertada sintonía de la banda a la hora de fabricar canciones. Fuerza sonora en directo, tras 20 años juntos, sus canciones son historias reales, escritas por Vlautin y magníficamente interpretadas por la banda al unísono. No hay duda del buen hacer de Vlautin, autor de varias novelas a parte de excelente compositor. Eccles es una sorpresa fresca y punzante a la guitarra, Trujillo y Oldham aportan la base rítmica, mientras Vlautin es un frontman carismático. Un directo potente de una banda que funciona como un pistón engrasado.

 

 

Suede presentaban esa noche su nuevo trabajo “Night Thoughts”, un disco mucho más oscuro que sus anteriores álbumes. Lo hacían además en un formato diferente, escondidos tras una pantalla de cine que iba mostrando proyecciones visuales de sus canciones, la historia de dolor de una pareja desde la felicidad de los primeros momentos hasta los dramas y desgracias que asolarán su vida en el futuro. El sonido de la banda, más descarnado en sintonía con esta historia dolorosa de una vida que se desmorona poco a poco. Triste, cruda y en una espiral sin fin. La banda aparecía de vez en cuando como fantasmas reflejados tras la pantalla, mostrando la rabia y garra que sus canciones destilaban. Un formato ideal para un teatro, donde disfrutarlo sentados y atentamente, no en un festival donde la gente iba a divertirse y poco más. Un concierto como ese merece demasiada atención para un público que obviaba la música y apostaba por la fiesta. La segunda parte del concierto quitaba la pantalla y mostraba a la banda en apoteosis de éxitos, muchos no esperaron a la misma y optaron por irse. En cambio en el escenario confundió a algunos. Los que se quedaron disfrutaron de un grandes éxitos con un Brett Anderson desbocado y entregado como nunca. Con su porte elegante y desgarbado y saltando sin parar, cantó “She”, “Animal Nitrate” o “Killing of a Flashboy”, entre otras. Por supuesto no faltó un “Beautiful Ones” para cerrar la noche. Están en forma. Aunque el formato en este caso no acompañase.

 

 

La segunda y última noche del festival abría sus puertas, en ella pudimos escuchar la nueva propuesta de James Vincent McMorrow. Tan diferente de sus inicios más folk, parece que el cantante y compositor ha perdido parte de su esencia en el cambio. Más cercano al soul o al R&B, el irlandés presentaba “We Move” donde sigue la línea de su anterior “Post Tropical”, con sonidos de pop electrónico. No pudo faltar por supuesto “Glacier”, la canción que le hizo famoso en nuestro país gracias a un anuncio de lotería. Cosas de la tele. Su último disco está producido por Nineteen85, uno de los aliados de Drake y eso se nota en la factura de las canciones. Con un sonido más barroco, con algunos momentos de emoción, hay algo en su directo que aún así no consigue enganchar.

 

 

Todo lo contrario que Kurt Wagner y sus Lambchop. A pesar de su cambio de rumbo en su nuevo trabajo, el excelente “Flotus”, el directo de la banda sigue siendo una joya sonora de principio a fin. Lástima del público, tan poco respetuoso que pasó olímpicamente de todo y se dedicó a hablar y molestar a los que si querían disfrutar del concierto. Este año el escenario teatro tenía la opción de ponerse de pie delante de las gradas, craso error, la gente pululaba yendo y viniendo entre copazo y copazo, pasando el rato y molestando sin parar. A Lambchop hay que verlos en una sala, por suerte, anuncian gira para principios del año que viene y nos resarciremos. “Flotus” es un disco mucho más experimental, con efectos en la voz de Wagner que superan con nota el directo. En formato trío, guitarra acústica y teclado para Wagner, bajo y piano para sus compañeros. Wagner sabe imprimir a su música el sello Lambchop, un sonido de calidad y único. El músico trabaja perfeccionando las canciones hasta hacerlas sublimes. Con una sutil manipulación de su voz que no resta efecto al resultado final de la canción. Sonaron canciones como “In Care of 86775309”, experimental de siete minutos que aguantó el tirón del directo sin problemas. Esperamos ansiosos la gira de la banda en sala, será uno de los grandes conciertos del año que viene, sin duda.

 

 

The Divine Comedy siguió en el mismo escenario teatral, esta vez el público respetó más la actuación aunque no tenía ese punto delicado que Lambchop destilaron. Después de su paso por el Vida, nada que ver con aquella actuación más bien tirando a floja, Neil Hannon y los suyos dieron uno de los conciertos más energéticos del festival. Presentaban su nuevo disco “Forever Land” y lo hacían con elegancia y sabiduría musical. Con un Hannon en estado de gracia, divertido, dicharachero y carismático, la banda consiguió que olvidáramos su anterior visita a nuestro país. Se ganaron al público desde la primera nota. Genio desbocado, Hannon se desenvuelve sobre el escenario con naturalidad aplastante y sabe amenizar entre canciones con un humor irreverente marca personal del cantante. Bailamos hasta desfallecer al ritmo de sus canciones.

 

 

La noche se cerró para los amantes de la electrónica con los conciertos de Moderat, interesante propuesta ideal para dejarse llevar a altas horas de la noche. Lo de Chemichal Brothers ya fue otra historia. Cuesta entender, quizás la nostalgia de tiempos mejores, luces estroboscópicas, mucho humo y un sonido atronador y no precisamente en el buen sentido de la palabra. Eso si, la gente bailó hasta reventar. Es lo que tiene la noche, que confunde.

Anabel Vélez

La música, el cine y los libros son sus tres grandes pasiones así que dirigió sus pasos como periodista hacia ese camino. Hace más de diez años que escribe, disfruta y vive la cultura. Por eso habrás leído sus artículos en revistas musicales como Ruta 66 y Ritmos del Mundo o cinematográficas como Cineasia. También la habrás escuchado en Ràdio Gramenet haciendo programas de cine y música en el pasado, ahora lo puedes hacer como colaboradora del programa musical El Click de Ràdio Montornès. Colabora habitualmente en páginas web como Sonicwave Magazine o Culturaca y siempre, siempre escucha música.