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Bilbao BBK Live 2016

07-09/07/2016 Recinto Kobetamendi, Bilbao 

 

Beto Vidal

Fotos Liberrto Peiro, Javier Rosa y Óscar L. Tejada para Archivo Bilbao BBK Live

 

Euforia, sintonía y naturaleza. Estos son los tres ingredientes principales que conforman la receta del BBK Live, un festival que no para de crecer cualitativamente año tras año (casi 103.000 asistentes este año) y que se consolida como uno de los pilares nacionales. Para un servidor, fue la primera edición de su dilatada experiencia en festivales, en su mayoría barceloneses, y las diferencias son notables. En primer lugar, uno podía casi corretear entre escenario y escenario como si estuviera en el campo. Los espacios son amplios y de punta a punta de festival no hay una eternidad. Puedes colocarte cerca del escenario en los conciertos de cabezas de cartel sin volcar media cerveza, las consumiciones no cuestan el equivalente a un cuerno de unicornio y el paraje, rodeado de el color verde más intenso, te hacen sentir como en una especie de Mago de Oz aún más psicodélico.

 

Sin duda, y tras tres días de una enriquecedora conexión público-artista, estamos ante el verdadero sorpasso nacional de este año, el de un BBK Live que coge impulso y adelanta a varios festivales que ahora le soplan el cogote. Una experiencia que hay que ver y sentir por lo menos una vez en la vida.

 

 

JUEVES

Empezar con el pop almibarado de Years & Years (4), tras presenciar destellos de calidad en la recta final del concierto de los vascos Rural Zombies (6,5), no es quizás el mejor inicio para todo un BBK Live. Pero había que empezar por algo, y fue por la banda londinense que parecen teenagers en pijama encima de un escenario. Pero oye, se marcaron una versión sui generis del “Hotline bling” de Drake y la mayoría de jovenzuelos que pobablan las primeras filas del escenario principal parecían pasárselo a lo grande. “Los Chvrches” (6,5), que diría nuestro actual presidente en funciones, subieron la temperatura de un recinto en el que empezaba a chispear txirimiri gracias a una Lauren Mayberry que al fin se ha venido arriba y ha dejado atrás la timidez, para desmelenarse con esa voz de Lolita en los hits synthpop instantáneos (¿prefabricados desde casa?) que tan bien entran de primeras: “The mother we share”, “Gun”, “Recovery” o “Clearest Blue”. Pese a que todo pinta que la mayoría del set viene pregrabado, su frescura y vitalidad les redime de cualquier pecado. Una vez finalizado el colorido espectáculo, los berridos de Anthony Gonzalez en “Reunion” servían a modo de aviso en megafonía para que la gran mayoría de los presentes se personasen en el Bilbao Stage. M83 (6) venía a presentar ese monstruo pop ochentero llamado “Junk” que han editado este año, pero no fue hasta que metieron temas de “Hurry Up, We're Dreaming” (2011) que la cosa empezó a carburar. Lo mejor, está claro, fue presenciar el colosal momento saxo del tan coreado hit “Midnight city”.

 

New Order (6,9) estuvo muy parecido al concierto que dieron en Sónar semanas atrás: grueso de las mejores canciones de su último trabajo, “Music Complete”, y repaso a hits como “Bizarre love triangle” y “Blue monday” para, de nuevo, terminar con “Love will tear us apart”. Se volvió a ver a Sumner un poco cascado, apagado y sin mucha fuerza, pero los de Manchester siguen dando puñetazos en la mesa demostrando que prácticamente son los padrinos del resto de bandas synthpop con las que compartían cartel. Eso sí: esta vez nos quedamos sin la magistral “Your silent face”. Una lástima.

 

 

Era poco más de media noche y para muchos estaba a punto de llegar el momentazo de festival: Arcade Fire (7,1), el auténtico cabeza de cartel. Y claro, si empiezan escupiendo hits como “Ready to start”, “The Suburbs”, “Sprawl II”, “Reflektor” o “Afterlife” sin casi espacios entre tema y tema, a la gente le da algo. Un derroche de energía en la que el sonido no acompañó del todo (faltó algo más de potencia) pero que para muchos valdría todo un abono. Por la otra línea me comentaron que el set fue idéntico al de hacía dos días en la Sala Razzmatazz de Barcelona: dos horas de hits sin tregua que consolidan a los canadienses como una máquina engrasada ideal para rodar de gira por el circuito de festivales, pese a que no sacan material nuevo desde hace más de dos años.

 

Pude contemplar el siempre divertido set en modo fiestero de Hot chip (6,9) a lo lejos, mientras me zampaba un kebab que parecía una obra maestra importada desde la antigua Persia (como apunte, buena propuesta gastronómica en general), con “One life stand”, “Over and over”, o “I Feel better” como banda sonora entre bocado y bocado.

 

Mención especial al escenario Basoa, la extensión de bosque anexa que era como entrar de cabeza a un cuento de hadas con banda sonora electrónica, gracias un sonido envolvente espectacular y a los sets de los colegas Floating Points (7) y Four Tet (7). Algo así como una versión naturista de DESPACIO donde perderse y acabar la jornada de la mejor manera posible.   

 

 

VIERNES

Viernes era, con diferencia, el día más flojo de los tres, al menos a priori, eese a abrir con José González (7,4). El sueco, acompañado con una banda que le cubría las espaldas y que vestía mejor en el main stage, sabe cómo meterse a la audiencia en el bolsillo: con los covers de “Teardrop” y “Heartbeats”. Poco más necesita, pese a las ya típicas ‘cotorras de concierto’ que se infiltran entre el público para hablar a pleno pulmón sobre sus propios cotilleos. Al parecer ningún festival se libra de esa lacra. Luego vino un largo retraso en Junior Boys que hizo que huyese a Belako (7) para presenciar una de las sensaciones del panorama indie vasco. Y así fue: los de Munguia repartieron carnets a un abarrotado Pepsi Stage sobre cómo escupir hits post-punk con personalidad, sin caer en trucos baratos y a grito pelado, con “Zaldi Baltza”, “Sinnerman” y “Sea Of Confusion” como bandera.

 

Grimes (5) tuvo pinchazo, pese a que traigas contigo a un grupo de bailarinas profesionales y pegues alaridos de alegría encima del escenario. Porque sí, temas como “Realiti” y “Oblivion” suenan bien, pero tan parecidos a las versiones de estudio que canta demasiado. Si la cuestión es hacer un karaoke como el que facilitaba la marca de snacks Pringles en la entrada del recinto, pues oye, nosotros encantados. Pero que avisen. Eso sí, de energías no iban sobradas. Incluso petaron el generador de corriente que mantuvo el concierto parado durante 20 minutos.

 

Con Black Francis y los suyos ocurre siempre que uno espera los hits de toda la vida, en lugar de las presentación de canciones de sus último trabajos. Y claro, hasta que no caen los primeros acordes de “Gouge Away”, “Debaser” o “Here comes your man”, la gente no lo vive igual. En definitiva, los conciertos de Pixies (5,5) se convierten en un greatest hits con patas, en un circo indie que rueda por los festivales con la brújula que marca su rumbo un tanto descolocada. Algo parecido ocurre con Underworld (6), pero con la diferencia de que sus temas más potentes (“Cowgirl, “Born slippy”) funcionan mejor a altas horas de la noche, cuando el cuerpo pide beats bien gordos.  

 

 

SÁBADO

Último día. Las piernas empiezan a fallar y ya no hay txuletón o pintxo que levante el ánimo. O quizás sí: Courtney Barnett (7,8) y su arrollador directo, en el que ella sola se encarga de llenar todo un escenario con su voz desganada y esa irresistible pose tan rock’n’roll. “Pedestrian at best”, “Avant Gardener” o “Nobody really cares if you don’t go to the party” hicieron temblar los cimientos ‘Kobetas’ con la receta sencilla de toda la vida, y nosotros nos quitamos el sombrero, claro. Lo de Father John Misty (6,9) fue otra cosa, pese a conservar gran parte de la esencia rockera. Ataviado con americana, camisa y unas gafas de sol que junto a una prominente barba tapaban su cara, el ex-Fleet Foxes se puso en el bolsillo al público femenino con una actitud fucker de nivel experto. Un terremoto de movimientos pélvicos, guiños y estribillos bien entonados que mojaron tantas bragas como litros de cervezas despachados.

 

 

Justo cuando el sol empezaba a ponerse salieron a escena Kevin Parker y los suyos, con su pelazo al viento y entonando las primeras notas de “Nangs”. Sí, era el momento Tame Impala (8,2), o mejor dicho, el momento “Let it happen”: hacía tiempo que no presenciaba una comunión tan salvaje entre público y banda en un festival, mediante esos benditos 10 minutazos de chorros de electrónica, psicodelia y hedonismo. Y vaya si ‘dejamos que pasara’, porque el resto del espectáculo se convirtió en un inmenso karaoke -a pleno pulmón- donde los australianos pocos hits se dejaron en el tintero (“Elephant”, “The less I know the better”, “Eventually” o “Apocalypse Dreams”). Pelota, set y partido. Acto seguido otros australianos se llevaron el gato al agua: los incombustibles Jagwar Ma (7,7), con su psicodelia pasada de rosca mediante la inclusión de elementos rave. La carpa stage se convirtió en una improvisada fiesta que parecía oficiada por los Primal Scream de 1991. Incluso Jay Watson, teclista de Tame Impala, se unió a la fiesta para tocar la guitarra en la apoteósica versión extendida de “Come save me”. A ”Foals” (7), en cambio, les costó arrancar bastante, hasta que empezaron a mostrar músculo con “My number”, “Spanish Sahara” ; y ya armaron rampas y despegue con “Inhaler”, “What went down” y “Two steps, twice”. Por estas cosas es por las que se les considera cabezas de cartel, aunque para un servidor, habría invertido actuación por la de Tame Impala.

 

La recta final del festival se la cargaron a las espaldas los hermanos Dewaele, primero con un irregular concierto como Soulwax (6), con tres baterías pero sin la incisividad que les caracteriza, y luego en la carpa como 2 many dj’s (7), donde la gente solo buscaba una cosa: hedonismo (el set empezó a las 5:15h del último día del festival). Cayó Daft Punk, Chimo Bayo, Vitalic o The Beatles en una misma mezcla y, claro, uno solo puede cerrar los ojos, aplaudir con la cabeza mirando al suelo y dar las gracias por esta gran edición del BBK Live. Nos vemos el año que viene.

 

Beto Vidal

Desde que tuvo de bien pequeño en sus manos el doble compacto azul de los Beatles (1967-70) hasta que pudo colaborar en la mejor cabecera española de música independiente, Beto Vidal no cesó en su empeño por descubrir, adorar y recomendar música “rara” y “oscura” (palabras textuales de sus progenitores). A partir de esos primeros ramalazos psicodélicos, Beto ha intentado dar forma a una cultura musical que pasa por la electrónica, el rock independiente más atrevido o el pop más cósmico. Go Mag ha sido su casa desde 2009, lugar donde tuvo el eterno placer de entrevistar a Daft Punk, Plastikman, Carl Craig, Apparat, Ellen Allien o Agoria, así como por otros valores del underground español (Wooky, Monki Valley…) e internacional (Rone, Sinkane, Echospace, Peaking Lights, etc.).

 

beto@blisstopic.com