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Sunn O))) Primavera Sound 2015 Rosario Lopez

Primavera Sound 2015 Jueves

28/05/2014, Fórum, Barcelona

 

Textos Javier Burgueño, Albert Fernández, Manu GonzálezHalf Nelson, Xavi Granda y Lidia Noguerol

Fotos Rosario López

 

CINERAMA

 

No por anunciado deja de ser sorprendente el retorno de David Gedge como Cinerama. Después de más de diez años el proyecto orquestal del líder de The Wedding Present vuelve con algo de truco: el nuevo disco de Cinerama no contiene canciones originales, sino versiones de ¡¡The Wedding Present!!. “Valentina” (Scopitones, 2015) retoma el último disco de los Weddoes (Scopitones, 2012) con los brillantes arreglos orquestales de Pedro Vigil (Penelope Trip, Vigil) quien también le acompañó en un directo donde, sin embargo, sonaron más canciones de los tres anteriores LPs de Cinerama: “Kerry, Kerry”, “146 Degrees”, la bailable “Dance Girl Dance” –presentada como “una canción disco” por el camaleónico Gedge: elegante con traje, pero algo incómodo sin una guitarra en las manos–, “Quick, Before it Melts”, la hermosa “Honey Rider” o el gran final con “Wow” que nos hacen recordar que los discos de Cinerama están llenos de melodías que brillan cuando la canción se aleja de la languidez y que, en el fondo, no están tan lejos de las de los propios Wedding (“Careless” sin orquesta, fue la prueba). HN

8,1

 

ORCHESTRAL MANOEUVRES IN THE DARK

 

Lo dejó muy claro Andy McCluskey a los pocos minutos: “esto es un festival, así que nada de arte, nada de cultura”. Tras un concierto de OMD, sobre todo con esas declaraciones, es fácil dejarse llevar por las coreografías desbocadas del siempre demasiado efusivo McCluskey y recurrir a los tópicos de bailoteo y fiesta generalizada de clásicos indiscutibles como “Enola Gay” y “Electricity” (principio y final del concierto) que nos recordaron que fueron contemporáneos (y rivales) de los New Order más certeros (bajista hiperactivo incluido: el propio McCluskey). Sin embargo, canción a canción, pudo intuirse también su romanticismo melódico extremo (“Souvenir” y “Joan of Arch”, por supuesto), sus siempre confesadas querencias kraftwerkianas y, en definitiva, su buena mano para el synthpop más canónico (“History of Modern Part 1”). HN

7,9

 

BAXTER DURY

 

Tras los primeros temas uno de mis compañeros de redacción comentaba que Baxter Dury había sido muy inteligente, tocando varios de sus hits a la primera de cambio, algo con lo que estoy totalmente de acuerdo, pero es que incluso así estaba reservando temas como "Leak at the disco", "Pleasure" o "Cocaine man" para los momentos finales. Quizás en el fondo se trate de que Dury hijo tiene una considerable colección de grandes temas y también, sin duda, se trata de actitud, la actitud de la banda, enormes, y la de Dury, entretenido y entertainer, por momentos (siendo exagerados) un émulo de John Clease en el gag de Monty Phyton "Ovejas voladoras" a la hora de afrontar sus intentos de comunicación en castellano. Todo un placer. JB

8.7

 

HANS-JOACHIM ROEDELIUS

 

La visita del abuelo Roedelius nos trajo una de cal y otra de arena. Por una parte, tener a un pedazo de historia viva del rock experimental alemán siempre es agradecido pero, por otro lado, es cierto que el disco que presentaba a medias con Christopher Chaplin, “King of hearts” (Sub Rosa, 2014), no es la mejor carta de presentación de toda la extensa historia del fundador de Cluster y Harmonia. Y un festival como el Primavera no ayuda a apreciar un concierto como este, aunque sea en el Auditori. El cambio drástico del ruido del Fòrum a la tranquilidad del auditorio invitaba al sesteo mientras Roedelius acariciaba el piano y Chaplin lanzaba drones muy Vangelis, todo sea dicho. Un Roedelius rescatando temas de Harmonia o Cluster hubiera sido tan grande. MG

7

 

GIANT SAND

 

Celebración, esa es la palabra. La de Howe Gelb al frente de Giant Sand, treinta años hacen ya que comenzó el proyecto, y la de su música en su vertiente más country y rockera, desde su último disco, "Heartbreak pass", con "Transponder", hasta llegar a sus inicios con la despedida con "Tumble And Tear". Haciendo como siempre lo que le viene en gana, para la ocasión la formación constaba de siete componentes más, algunos de menor edad que la misma banda tal y como él comentó: tres guitarras (Fernando Vacas entre ellos), steel guitar, bajo, batería, y voz femenina que hacía de contrapeso a la de Gelb, para hacer a Giant Sand más grandes que nunca, Giant3 Sand. JB

8

 

VIET CONG 

 

Esa hora en la que el sol cae sobre las cabezas y el cemento para hacerlo todo más épico, interyacente y extrañado parecía ideal para que las hebras de distorsión de Viet Cong cubrieran el horizonte con áspera gracia. Las guitarra granulosas de los canadienses crecían sobre sus bases rítmicas, ahora blandas, ahora duras, pero el sonido no rugía acorde a la intención, o simplemente faltaron las fuerzas. La voz de Matt Flegel sobrevivía en los versos sencillos, pero quedaba en evidencia cuando se alcanzaban tramos más agudos, como el giro a mitad de canción de su gran himno hasta la fecha, un "Continental shelf" que, pese a sus poderosos acordes, sonó deslucido en las distancias del Escenario Pitchfork. Pensábamos que sería un concierto de ciencia-ficción, pero lo más asombroso que vimos fue el crepúsculo haciéndose con esa cúpula con aspecto de nave espacial de cemento que cubre las gigantescas escaleras al escenario. AF

6

 

THE THURSTON MOORE BAND

 

Decía mi amigo mientras Mr. Moore se apostaba sobre el escenario con sus pantalones rojos y su mástil agarrado con esa firmeza desgarbada suya: "yo siempre necesito un concierto de estos de noise yanqui para entrar en el mood del festival, y de aquí pa'lante". Y cuando el que te sirve los rasgueos ingrávidos es el puto jefe de la manada, el máximo gurú del sonido rock alternativo de las últimas décadas, la cosa no puede tender a otra cosa que a la perfección. Porque el ex de Kim Gordon no deja que nada tropiece o se salga del guión, y sigue resolviendo todos sus conciertos con una aureola de infalibilidad impresionante. Y todo con un gesto de relax de alucine, una suerte de tensada destensión mientras respira esa brisa marina apestada de olores industriales del Fòrum. "Es muy listo, este tío", comentaba mi amigo mientras caían espirales de rasgueos interminables, crecidas y paradas, punteos a modo de interludio y regresos a la melodía original. Muy listo, sí, porque Moore se ha quedado con el super-batería de su ex-banda –¿tengo que mencionarla?–, aunque diría que Lee Ranaldo también se lo agencia para sus bolos, pero también ha fichado a un segundo guitarra de lo más competente y, para colmo, tiene al bajo a Debbie Googe de My Bloody Valentine que, dice mi colega, totalmente admirado, "toca mejor que la Gordon". Y venga y dale con "Speak to the wild", y Moore recita 'The king has come to join the band' y sus músicos se pliegan sobre sus instrumentos en reverencia, y las cabezas se sacuden con una ligereza atemporal, y yo pienso en cómo molan los amigos que te traen el bocata y encima te hacen la crónica, y en que por mí se podría acabar todo en ese final de tarde, con ese gesto compleciente en la cara de todo el mundo, Moore rasca que te rasca, y canciones como "Forevermore" sonando siempre a la hora en que el día se sacude el sol. AF

9

 

BATTLES

 

Los embajadores del rock matemático Battles dejaron clara su propuesta desde el principio. Loops experimentales en un escenario vacío al que se fueron incorporando primero al bajo y luego a guitarra y teclados Ian Williams y Dave Konopka, con el tremendo John Stanier (ex Helmet) a la batería. Sonidos fríos, industriales, impersonales, en una puesta en escena sombría, ideal para acoger las experimentaciones sonoras de los neoyorquinos. El público estuvo muy receptivo desde el principio y aceptó la propuesta con un calor que contrastaba con la gelidez de los intérpretes. XV

7

 

THE REPLACEMENTS

 

28 años. Se dice pronto: casi tres décadas han tardado unos reformados The Replacements a volver a tocar por estos pagos. Paul Westerberg, junto a su inseparable bajista Tommy Stinson, ha completado el cuarteto con Dave Minehan (The Neighborhoods) y con el legendario batería Josh Freese (NIN, Devo, Vandals, Guns and Roses, entre otros) en un apabullante espectáculo de poco más de una hora, en el que se ha repasado el ABC del punk, el rock melódico, el blues y el rockabilly.

 

Con un sonido brillante y compacto, los de Minneapolis han dejado encima del escenario algunos de sus temas legendarios: “I will dare”, “Achin’ to be”, su brillante homenaje epónimo al gran “Alex Chilton”, “Kiss me on the bus”, “Waitress in the sky”, “Bastards of Young” o “Never Mind”, intercalados con clásicos como un “Maybellene” -pasando a Chuck Berry por la batidora punk- y una inesperada revisión del “One more chance” de Jackson 5. El remate con un impresionante “I.O.U” dejó con ganas de más. Vuelvan pronto, por favor. XG

9

 

MINERAL

 

Durante unos diez segundos, mientras sonaba “Slower” a mitad del set de los tejanos en el escenario Pitchfork, se produjo un momento de violenta calma en el que todo parecía encajar: fue como si el concierto de Slint de la pasada edición hubiera quedado suspendido en el éter y se hubiera materializado de nuevo en el mismo espacio, en un tiempo diferente. No había ni un grado de separación entre los gritos de desesperación de Brian McMahan (Slint) y las encendidas plegarias de Chris Simpson, el mundo se detuvo y todos pudimos ver como el post-hardcore se convertía en emo y todo cobraba sentido. El público también pareció entenderlo y se mantuvo expectante y concentrado durante esos montañas rusas de emoción que son las canciones de Mineral y, aunque me sobró un poco el deje a Eddie Vedder (Pearl Jam) en la voz de Simpson y un tercio intermedio demasiado remansado (por esa fea costumbre de los grupos en los festivales: empezar fuerte y acabar fuerte), el intensísimo final con “&Serenading” y “Parking Lot” nos confirmó que el retorno de Mineral sí que ha valido la pena. HN

7,9

 

TYLER, THE CREATOR

 

En su anterior visita al escenario Pitchfork del Primavera Sound 2011, Tyler, The Creator y el resto de miembros del colectivo Odd Future, en uno de los momentos más punkies del festival se acabaron cagando en la susodicha revista, en sus madres y en todos sus antecesores hasta el Mayflower (por lo menos). Ahora con las aguas de Odd Future bastante estancadas y un último disco, “Cherry Bomb” (Odd Future, 2015) realmente flojo, Tyler se muestra bastante más respetuoso en general y comedido en particular. Imparable en el freestyling y tan payasete como siempre, el de Los Angeles supo arengar al personal, combinar hábilmente temas nuevos y antiguos –no hay quien le tosa cuando se pone duro como en “Yonkers” y “48”–para refrendar en directo que aún tenemos Tyler para rato. HN

7,5

 

CHET FAKER 

 

La apuesta de Chet Faker es atrevida y entretenida, juega a ser la versión gamberra y divertida de aquello que podríamos llamar nuevo soul minimal, como una versión más acelerada y funky de James Blake (más cercano a él conforme más solo está sobre el escenario). Quizás algunos de los adjetivos que le han ido colgando le sobran, los componentes de r&b y soul que adornan su música son llamativos, pero lo que prima es la electrónica y le queda algo lejos lo de ser el futuro del soul. Visto desde esta perspectiva Nick Murphy (el hombre tras el proyecto) cumple con creces, entreteniendo y haciendo bailar al público, no se le puede pedir más en un festival. JB

6.9

 

SUNN O)))

 

Lo de la banda de Seattle no tiene nombre. O sí: El concierto más ruidoso de toda la historia del Primavera Sound. Para compararlo con otro concierto histórico del festival: My Bloody Valentine parecían Belle And Sebastian a su lado. Los drones llegaban hasta la zona de los juncos del antiguo escenario ATP (no es broma, lo comprobé cuando iba a James Blake). Mientras compraba unas patatas fritas en la zona de comida comenzó a sonar una sola nota enorme, oscura, gigante, que se metía en los pulmones y no te soltaba. No iba verlos, pero fui al trote hasta el Escenario ATP para sentir en mis propias carnes el sonido de Sunn O))). Un ruido que no se escucha, se sufre, en un silencio sepulcral del poco público que pudo aguantar el huracán de notas malrolleras. No han publicado un disco nuevo desde "Monolith & Dimensions" (2009) –sin contar el "Soused" a medias con Scott Walker de 2014– y se les tiene muchas ganas en formato largo, pero el reino de Stephen O'Malley y Greg Anderson no es de este mundo de surcos y música digital. Lo suyo es el directo y esas misas paganas del ruido que celebran cada pocos días. Enorme, en serio. MG

9,5

 

 

JAMES BLAKE

 

La buena noticia del concierto de James Blake en el gigantesco escenario de Heineken (que pequeños se veían los tres miembros de su banda en esa monstruosa construcción de hierro, tela y luces) fue que tocó dos temas que no estaban en su repertorio ("Building it still" y una versión de "A case of you" de Joni Mitchell que estaba en la reedición con extras de su primer trabajo), y sonaron muy bien, muy parecidas a las que pudimos escuchar en su ya eterno primer disco "James Blake" (2011). La mala noticia es que para los fans de Blake, asistimos a una nueva repetición de un set y un concierto que lleva celebrando desde 2013 (y que ya ha visitado Barcelona en dos ocasiones, una en el propio PS y otra en Razzmatazz). Nada nuevo bajo el Sol (o la Luna, en este caso). Empezar con la virginal "CMYK" y convertirla en batucada (ahora ese momento es más ridículo que la primera vez que lo vi) o los bajos reventando corazones en "I never learnt to share", "Limit to your love" (la más aplaudida de la noche, lastima que no sea suya) o "Retrograde". Igualmente, ese escenario y esa hora se le hizo un poco grande al intimismo de la propuesta de James Blake. MG

7

 

ELECTRIC WIZARD

 

Sunn O))) acababan de convertir el fórum en “Las tumbas de Atuan” que el mago de Terramar visita en el segundo volumen de la saga de Ursula K. Le Guin. Se podía sentir en el aire la presencia de oscuras y arcaicas fuerzas telúricas, cuando unos riffs pesados como las puertas del infierno  y unos graves aplastantes que desafiaban cualquier condena eterna anunciaron la aparición del histórico cuarteto de doom metal Electric Wizard. Con nuevo álbum bajo el brazo, “Time to die”, los de Dorset demostraron que aunque su música sea de ultratumba, están muy vivos. Sus melodías misteriosas, las voces masculladas, los quejidos y lamentos, las cabalgadas enérgicas y cósmicas, la distorsión y las proyecciones de pelis de serie B, parecían capaces de añadir metal al mar, de darle más densidad y de convertir el agua en lava. LN

8

 

 

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