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Diez de diciembre

George Saunders

Alfabia

8,8

274 págs.

19,50 €.

Milo J Krmpotic’

 

Aunque han transcurrido ocho años desde su anterior obra publicada en España (en el ínterin hemos extraviado una colección de relatos, una nouvelle y un libro infantil), quienes se enamoraran de George Saunders con “Pastoralia” o “Guerracivilandia en ruinas” experimentarán una sensación, al asomarse a este “Diez de diciembre”, de tiempo detenido. Y lo harán porque algunas de sus historias aparecieron originalmente en revistas norteamericanas de 1995 y 2000 y 2007, pero sobre todo porque el universo creativo del texano (de nacimiento, neoyorquino de adopción) se asienta sobre unos parámetros temáticos y estilísticos muy concretos, ejes de los que extrae petróleo una y otra vez sin importar que unas piezas puedan parecer variaciones (o respuestas, en su diálogo creativo) de otras. Y estas son las que componen su último volumen, con el se ha convertido en uno de los cinco finalistas del National Book Award de narrativa 2013:

 

“Vuelta de Honor” (2009) – El triple monólogo interno (de una adolescente pizpireta, su secuestrador y el vecino que testimonia el incidente y no se decide a intervenir), sobre todo la brusquedad con que Saunders pasa del uno a otro, hacen que este primer relato obligue al lector a realizar un pequeño esfuerzo extra, pero ese peaje le servirá a la postre para la totalidad del trayecto. Cada personaje brilla en su respectiva idiosincrasia y la tensión de la duda moral marca de la casa aboca a un final emotivo, de épica sabiamente reducida por el trasfondo caricaturesco en el retrato de una y otros.       

 

“Palos” (1995) – La pieza más corta del volumen (también la más antigua) narra el paso del tiempo (y el abismo entre las actitudes de los padres y las reacciones de los hijos) a través de un poste clavado en un jardín y los diversos usos que se le pueden prestar. Breve, contundente y extrañamente lírica en el carácter externo de su mirada.

 

“Cachorro” (2007) – Dos mujeres y, de nuevo, dos monólogos internos que se entrecruzan: la una quiere comprar un perrito para sus hijos, la otra quiere venderlo para que su marido no se vea obligado a acabar con él. Y, entre ambas, un chico retrasado y atado a un árbol, con el que Saunders nos dará una estocada tremendamente dolorosa. Como solía pasar en “The Wire”, ninguna buena acción (o voluntad) queda aquí sin castigo.

 

“Escapar de la cabeza de Araña” (2010) – Una de futuros imperfectos (escenario tan habitual en el escritor como los parques temáticos): el estudio de una droga para enamorarse sobre una serie de reclusos conlleva resultados trágicos para estos. Si bien funciona en su crítica a la inhumanidad de ciertas prácticas corporativas, aquí la actitud del personaje principal resulta tan previsible como inútil, en cuanto sólo le exime de obrar el mal pero no evitará su posterior realización. Hubiera hecho falta, quizá, una conclusión (aún) más pirotécnica.  

 

“Exhortación” (2000) – Cual cara B del relato precedente, el comunicado interno que Todd dirige a los empleados a su cargo se nutre tanto de las posibilidades cómicas de ese tipo de textos como del carácter aparentemente brutal (aunque jamás especificado) de la actividad comercial a la que se dedican. Es la segunda vez que el autor integra en un volumen uno de los “Four Institutional Monologues” que publicó en el número 4 de la revista McSweeney’s.   

 

“Al Roosten” (2009) – Los personajes de Saunders, una vez más, suelen verse empapados por aquellas decisiones a vida o muerte que de repente les llueven del cielo. No es el caso del tipo que presta nombre a este cuento, cuya duda obedece a sus propias (malas) acciones y se ve amplificada por su carácter neurótico. Melancólicamente cómico antes que trágico, Al Roosten luce una humanidad muy cercana al mundo de “Los Simpson”.   

 

“Los diarios de las Chicas Sémplica” (2012) – En su recta final, el volumen sube aún una marcha, ya que las cuatro piezas que restan incluyen tres de sus mejores relatos. Este trata los desvelos de un padre de familia, segunda generación de inmigrantes, por satisfacer la necesidad de estatus de su hija adolescente, cosa que logrará cuando un billete de lotería premiado le permita colgar a varios inmigrantes de primera generación sobre el jardín de su casa. No creo que haga falta especificar por dónde van los tiros críticos del asunto, pero sí añadiremos que el dudoso inglés del personaje, lo mismo que su ingenuidad, diluyen la brutalidad del efecto primero pero amparan notables réplicas irónicas.

 

“A Casa” (2011) – Una nueva premisa tirando a evidente pero fenomenalmente desarrollada camino de un clímax potencialmente explosivo: un veterano de las guerras norteamericanas en Oriente Medio regresa a Estados Unidos para descubrir a su madre siendo desahuciada, a su mujer con otro hombre y a su hermana casada con un tipo de clase más alta que desprecia a su familia política. Eso sí, allí donde va todo el mundo le agradece sus servicios al país.

 

“Mi debacle como hidalgo” (2011) – Nos estaba faltando el parque temático, en efecto. Este, dedicado al Medioevo. Y con un jefe que, en criminal adecuación entre fondo y forma, dispone a su gusto de la honra de sus empleadas. Ted ha sido testigo del ataque sobre Martha, pero lo mejor para ambos será que mantenga la boca cerrada. Claro que… ¿acaso no eran aquellos tiempos fecundos también en expresiones del espíritu caballeresco? Como en el caso de Kurt Vonnegut, nunca queremos más a los héroes de Saunders que cuando fracasan estrepitosamente.

 

“Diez de diciembre” (2011) – El relato que presta título a la colección sirve también, cual lacito amargo, para cerrarla. Un adolescente fantasioso y solitario, y un enfermo terminal que ha huido de casa para acabar con su agonía, emprenden un absurdo baile de los patos en torno a un lago helado. El paralelismo con “La cascada”, la memorable pieza final de “Pastoralia”, es evidente. Pero cuán diversas se nos antojan, a la vez, sus implicaciones. Una vez más, Saunders nos engaña con su simplicidad para dejarnos pensando como si sintiéramos. O sintiendo como si pensáramos. O ambas cosas a la vez. Un maestro, el amigo.

 

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Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com

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