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Butcher's Crossing

John Williams

Lumen

7,2

357 págs.

18,90 €.

Albert Fernández

 

Al inicio de “Stoner”, la más popular de las tres novelas de John Williams, su protagonista, a priori destinado a trabajar en la granja heredada de sus padres, afronta una encrucijada vital y decide responder a su vocación de profesor, viajando a la Universidad de Missouri para vivir sus días entre aulas, libros y despachos. “Butcher’s Crossing”, escrita cinco años antes por Williams, relata el camino inverso: Will Andrews es un joven recién graduado en la Universidad de Harvard que, en los años sesenta del siglo XIX, decide abandonar la gran ciudad para recalar en una aldea de Kansas llamada Butcher’s Crossing, donde, más allá del alcohol y las putas, lo único que podría hacerle aprender algo, o acaso sentirse vivo, es participar en una partida de caza de bisontes.

 

Los lazos que unen a las dos obras son a menudo evidentes y fuertes: si “Stoner” no era una novela de campus al uso, “Butcher’s Crossing trasciende el western como género, de manera que ambos libros comparten una pátina psicológica destilada gracias a una prosa bella y atenta en cada línea, que nos susurra todo pasaje de la narración cuidadosamente, confiriendo importancia a cualquier palabra. Paradójicamente, Williams consigue abrir surcos por donde entrever qué habita en aquello que cuenta a base de sumar palabras, paladas de palabras, que se posan una sobre otras, hasta levantar un montón de párrafos con significación. La ordenación de su prosa no necesita de alardes, sacudidas o hipérboles, sino de una sencilla adición de ideas a significados, que se amontonan renglón a renglón, hasta que el conjunto adquiere el peso justo que significa al texto.

 

En todo caso, las diferencias entre ambas novelas son también anchas como un barranco de Colorado. Si “Stoner” dedica varios de sus esfuerzos en componer un personaje insulso y desafectado, condenado a la desgracia y, de alguna manera, difícil de comprender, en “Butcher’s crossing” damos con otro lado de la condición humana. El joven Andrews viaja hasta Kansas en busca de algo sublime, con la idea de conocer bien la región, y vivir un vínculo con la naturaleza. La historia que le cuenta el frío y corpulento Miller, un experimentado cazador del pueblo, no hace otra cosa que ensalzar su imaginario de leyenda: el valle perdido del paso del hombre que, años atrás, encontró Miller, un lugar llano entre montañas, habitado por manadas y manadas de bisontes, en seguida adquiere una dimensión mística para Andrews.

 

El contraste de esas aspiraciones y la primera exaltación de Andrews, con los resultados de su exposición a la naturaleza, una vez se pone en marcha la expedición junto al inescrutable Miller, su compañero Charley Hoge y el desollador Schneider, marcan los derroteros de una novela donde el autor nos hace posar la mirada en varios charcos de luz, mientras las sombras que rodean cada pasaje del relato se vuelven cada vez más densas y oscuras. El aislamiento, la fragilidad humana, el horror de la caza y el condicionamiento social afectan a los protagonistas tanto como el temporal en las montañas y los rigores del clima; poco a poco, el montón de palabras de Williams consigue levantar suficiente polvo como para que su relato se vuelva difuso y alucinógeno, al tiempo que, episodio tras episodio, se forma una masa sólida que se va hundiendo en el estómago.

 

En las tinieblas de esta aventura quebrada, se adivina la mentira del Oeste, que se delata como poco más que un sueño febril venido del este; un viejo y pesado estribillo cuyo eco sordo resuena bajo los pasos vencidos de hombres que se mueven en un mundo que no es lo que ellos esperaban que fuera. 

 

Comentarios
Albert Fernández

En el desorden de los años, Albert Fernández ha escrito renglones torcidos en publicaciones como Mondo Sonoro, Guía del Ocio o Go Mag, tiempo en el que ha tenido oportunidad de ir de tapas con Frank Black o escuchar a Patrick Wolf bostezar por teléfono. Además, ha sido jefe de redacción de las secciones culturales de H Magazine, y ha aportado imaginación tras los micrófonos de Onda Cero, Cadena Ser y Scanner FM, donde facturó la sitcom musical de creación propia “2 Rooms”. Aunque sabe que no hay lugar mejor que aquel de donde viene, a Albert no le hubiera importado nacer en Gotham City o en el planeta Dagobah. Con tendencia a la hipérbole y a la imaginación desatada, Albert sigue buscando el acorde que dé la vuelta a sus días.

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albert@blisstopic.com