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Teresa Driscoll

Peligros de viajar a Londres

 

Texto Santiago García Tirado

Al thriller un verano le sienta tan bien. Y a los del cine y las series conviene recordarles que pocos dan la talla como un buen thriller en papel, y aquí una buena muestra: “Te veo” (Principal de los Libros, 2019), la novela con la que la periodista de la BBC, Teresa Driscoll acaba de llegar a las librerías españolas. Incluye en cantidades generosas todo lo que se espera de una novela que tiene como misión la sacudida emocional: desapariciones, sacudidas psicológicas, enigmas y un elenco de personajes variados y espantosamente familiares.

 

Todo comienza con la desaparición de una chica, Anna, en un viaje de diversión a Londres; a partir de ahí se genera una cadena de conflictos en creciente expansión y cuyo final no hay forma de prever. El dolor y la angustia de la familia, pero también de la amiga que la acompañaba, serán solo el arranque de un itinerario emocional donde no tardarán en aflorar el sentimiento de culpa, el espanto, las sospechas –erróneas o fundadas­– al tiempo que se desvelan aspectos inopinados en ese muestrario de vidas respetables.

 

Es Barcelona, y son las cinco de la tarde, y hay ruido y no hay forma de conjurarlo. Incluso en el el hotel el acoso es amplio, y no encontramos una esquina a salvo del ruido donde poder charlar. Sí, parece que hay una especie de logia en el bar y las señoras de la mesa vecina envejecen bien rezando sobre su móvil. En las idas y venidas por el hall he tenido tiempo de saludar a Teresa Driscoll y comprobar que, como buena periodista, tiene el ojo rápido y parece no dejar caer ni un solo detalle. Lo de que es periodista lo repite casi en cada pregunta, o sea, que ahí tenemos un detalle clarificador. Su literatura se asienta sobre una experiencia real, y parafraseando a William Blake, eso echa fuera toda posibilidad de inocencia. Pero hablemos de crimen. ¿Un café? El ruido no mengua.

 

Parece que la creatividad humana no tiene límite cuando se habla de crimen. Y supongo que, al menos en la novela, eso es buena noticia.

Para mí lo importante no es solo el crimen, el enigma, sino todos los detalles de las personas que se ven involucradas en estas historias: cómo les afecta lo que ocurre, cómo van evolucionando en el desarrollo de la novela, y cuáles son las implicaciones de ese crimen para todos los personajes.

 

 

Me parece revelador que, en el mapa emocional que traza la novela la región perversa siempre está dominada por el hombre.

En las novelas que escribo lo importante para mí es recoger todos los pensamientos, todos los sentimientos de los personajes, como he dicho antes, eso me importa mucho más que pasar directamente al crimen, o intentar descubrir quién ha sido la persona que ha acabado con otro personaje.

 

Sí, pero insisto, siempre son hombres los que están en el lado torvo: ¿es una radiografía de lo que ves en el mundo?
En los años que trabajé como periodista, vi que las amenazas no estaban tan relacionadas con el hecho de que las cometiesen hombres, sino que lo estaban con un factor de sorpresa. En esta novela hay un hombre que es clave para la historia, pero en mi segunda novela, “La amiga” –acaba de salir, también en Principal–, es una mujer la persona con la que hay que tener mucho cuidado, con lo cual no me centro en cuestiones de género, no intento representar esa amenaza del hombre que otras veces encontramos en novelas, incluso en la realidad. Para mí en esta novela lo importante era ofrecer un retrato fiel de lo que pasa un padre, reflejar el miedo que siente un padre cuando a su hija le ocurre algo. Eso estaba por delante de lo que era simplemente resolver el crimen, la desaparición de Anna.   

 

Afloran temas de actualidad, como el abuso de menores.
Es cierto que algunos temas de actualidad, como ahora mismo el abuso de menores, es importante incluirlos tratando el tema con delicadeza, para que la gente sea consciente de que esos temas ocurren, para que estén informados de lo que ocurre, pero para mí es importante hacerlo desde la ficción, que permite delicadeza en el trato de sentimientos.

 

Encuentro cierto conservadurismo en la forma en que los protagonistas valoran que la chica desaparecida hubiera tenido sexo con un desconocido. ¿Se trata de una lectura generacional?
No era mi intención ofrecer un juicio, una opinión, sobre ese tema. Ya es difícil para cualquier persona saber cuándo estamos seguros y cuándo no. Y no es cuestión generacional, es un hecho: cualquiera puede cometer un error con consecuencias catastróficas, y muy diferentes según el escenario en el que se desarrolla.

 

El único personaje que habla en primera persona es Ella, que simplemente fue testigo de los flirteos de la chica mientras viajaba en el tren. ¿Por qué Ella, y no alguien más cercano a la víctima?
Yo quería centrarme en el sentimiento de culpa que puede sentir una persona, y el personaje de Ella me parecía óptimo porque era una voz que me hablaba muy fuerte. Ella es una persona con muchos prejuicios, que duda  mucho de sí misma.

 

 

Y muy conservadora.

Sí, y siempre tiene muchas dudas sobre sí misma, sobre si debía haber hecho una cosa o la otra, y quería que el lector la oyese en primera persona, que él mismo elaborase una opinión en torno a ese personaje, que él decida si Ella debía sentirse o no culpable por lo que ocurrió. Mi intención con el libro era hacer preguntas, no solo proponer respuestas.

 

El tema de la culpa o el sentimiento de culpa vuelve una y otra vez, varios personajes se debaten en ese sentimiento, que parece avieso, y mal consejero.

Es cierto, he visto en mi trayectoria como periodista cómo una persona vive un sentimiento de culpa que no tendría que haber sentido. He visto en tribunales testigos que se sienten culpables por haber discutido con personas que posteriormente han fallecido. Forma parte de nuestra naturaleza culparnos con el fin de protegernos cuando estamos heridos por la pérdida de una persona. Quiero mostrar a mis lectores que vivimos la vida subjetivamente, que las decisiones que tomamos en una situación determinada dependen de cada persona, y a veces el sentimiento de culpa es una expresión de amor. En mi libro ese sentimiento demuestra que algunas personas habían querido a la persona desaparecida.

 

Y resulta que la narradora principal trabaja como florista: ¿querías que fuese un detalle que invitara al optimismo?
Esa elección me permitía que Ella fuese una persona aislada, que pasaba sola mucho tiempo, que se levantase muy pronto por las mañanas. Me encantan las flores, pero no sé mucho sobre ellas, así que me documenté viendo vídeos de Youtube para ofrecer una imagen fidedigna de lo que es el día a día de una florista. Creo que lo hice bien, porque he recibido muchos comentarios de floristas y lectores que me preguntaban si yo había trabajado antes como florista. Otra justificación de este hecho es que, antes de escribir el libro, ya había concebido cuál iba a ser el final, y me había imaginado esa escena –no voy a hacer espoilers–, o sea que Ella tenía que ser florista, sí o sí. Otra cosa que me gustaría añadir es que antes de empezar a escribir el libro, le dije a mi marido que si el libro no funcionaba siempre podría dedicarme a preparar adornos florales en bodas.

 

Eliges el campo, ¿por qué? ¿Una alerta de que hemos mal olvidando el medio rural?
He vivido en Londres, ahora vivo en el campo, así que me basé en mi experiencia personal para escribir la novela. Para mí es interesante que creamos que la ciudad es un ambiente más peligroso que el mundo rural, mientras que como periodista aprendí que el hecho de que una persona tenga un aspecto determinado no es indicador de que haya cometido un acto horrible o no. En algunas ocasiones los criminales tenían un aspecto estupendo y llamaban al engaño. Me gusta combinar diferentes escenarios para mostrar la similitud que existe entre el campo y la ciudad, y que al final la cuestión no es el escenario, sino las personas, que son las que cometen los actos.


Un juicio: la obra está muy bien escrita: narración, diálogos, la forma en que avanza la trama, seguro que tienes buenos referentes.
Leo diferentes géneros, no solo novela de crimen y misterio. Me encantan Kate Atkinson, y también Ian MacEwan, que es uno de mis autores favoritos. Creo que los únicos límites que debería ponerse un escritor son los que se impone a sí mismo. No deben sentirse limitados a un género, deben escribir lo mejor que puedan, y yo como autora intento leer novelas más literarias a la vez que otras más comerciales. Cuando me pongo delante de un ordenador a escribir trato de hacerlo siempre de la mejor manera posible.

 

En tu nueva novela, La amiga”, vuelves a los crímenes.  
Sí. Hasta ahora he escrito tres thrillers psicológicos –el último es “The promise”–, y hay un cuarto que terminaré para octubre. Todos tienen mucho suspense, son muy psicológicos.

 

¿Por qué escribir sobre crímenes?
Tanto en las novelas, como en mi experiencia como periodista, he visto la resistencia y el coraje de las personas que ha sufrido una desgracias, y para mí era importante reflejar esas historias, centrarme en el coraje y el valor de la naturaleza humana. El otro tema que trato en mis novelas es el de la pérdida, junto con el amor. Ya he dicho antes que la culpa frente a la pérdida es la expresión de un amor que no tiene adonde ir. 

 

¿Vas a seguir en esa temática?
Never say never. Escribo las historias que quiero escribir, los temas que me importan en un determinado momento de mi vida. Pero cada libro es una nueva historia que quiero transmitir, así que nunca me atrevería a decir que no voy a escribir en otros géneros, porque puede llegar el momento en que lo haga.

 

Santiago García Tirado

Soñó con llevar subliminalmente en su DNI una cifra capaz de avivar el deseo, pero llegó al mundo en 1967, con dos años de antelación para la fecha correcta; desde entonces no ha hecho más que constatar que siempre estuvo (contra su voluntad) en el tiempo equivocado para ser cool. Con empeño, y en contra de la opinión de las hordas hipsters internacionales, ha llegado sin embargo a crear la web PeriodicoIrreverentes.org, y colaborar en Micro-Revista, Sigueleyendo, Quimera y Todos somos sospechosos, de Radio 3. Sus últimas obras de ficción son Todas las tardes café” (2009, relatos) y La balada de Eleanora Aguirre” (2012, novela). En 2014 verá la luz su novela “Constantes Cósmicas del Caos”, con la que espera coronar su abnegada labor en beneficio de la entropía universal.

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