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Yo soy aquel...
10 seudónimos literarios (más o menos) en activo

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Mark Twain se llamaba en realidad Samuel Clemens y Lewis Carroll respondía en la intimidad al cacofónico nombre de Charles Lutwidge Dodgson, hasta ahí todos más o menos llegamos. Pero, bien entrado el siglo XXI, en plena era de la información, J.K. Rowling se las arregló para pasar desapercibida durante varios meses bajo el seudónimo de Robert Galbraith, con el que firmó la novela de detectives “El canto del cuco” (Espasa). A su vera, recuperamos otros nueve nombres de guerra de la literatura contemporánea y los presentamos por orden de dificultad. Por Milo J. Krmpotic'

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10 John le Carré

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Tiene narices que el primero en caer sea un exespía, pero es precisamente su larga y respetada trayectoria lo que delata a David John Moore Cornwell, antaño miembro del MI5 y el MI6 que alternó su labor en el servicio secreto con clásicos como “Llamada para el muerto” o “El topo”, y que este 2013 se ha mantenido al pie del cañón con “Una verdad delicada”. Habida cuenta su empleo, el uso de un seudónimo resultaba obligatorio y la elección del mismo se debió a su connotación “extranjera y misteriosa”.

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09 Barbara Vine

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Catorce de su cincuentena larga de novelas ha publicado Ruth Rendell a través de este álter ego, creado en 1986. ¿Los motivos? Una clara decisión creativa: la baronesa de Babergh firma con su verdadero nombre aquellos títulos marca de la casa (es decir, protagonizados por el misterio y las “revelaciones sensacionales”), mientras que Vine se reserva para obras donde la psicología de los personajes prima sobre los giros de la trama (léase, por ejemplo, “El minotauro”).

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08 Benjamin Black

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Hablando de escisiones genéricas, John Banville es, de día, un respetado escritor británico, premio Man Booker de 2006 por “El mar”, dicen que posible Nobel algún año de estos; pero, de noche, se transforma en Black, con quien viene presentando las novelas (en efecto) negras que protagoniza el doctor Quirke. Pero mucho ojo, porque Black, o Banville, o quizá los dos, han sido escogidos para devolver a la vida al detective Philip Marlowe en la inminente “The Black-Eyed Blonde”.

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07 Boris Akunin

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Cuando uno se enfrenta a Vladímir Putin, necesita bastante más que un seudónimo que lo proteja. El ruso de origen georgiano Grigóri Shálvovich Chjartishvíli tiene, concretamente, varios: Anatoly Brusnikin, Anna Borisova y, sobre todo, el que nos ocupa, unión de un nombre típico allá por las estepas y de un término japonés que significa “villano”, pero que él mismo traduce como “el que dicta sus propias reglas”. Arrestos, compromiso y obra literaria no le faltan, en todo caso, al padre del detective decimonónico Erast Fandorin.

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06 Dean Koontz

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No, no se trata de un seudónimo. Pero el autor de “Escalofríos” se sirvió de tantos al principio de su carrera que no nos ha quedado más remedio que invertir los términos. Así las cosas, hagan como que el encabezado de esta pieza reza (por orden alfabético): David Axton, Brian Coffey, Deanna Dwyer, K. R. Dwyer, John Hill, Leigh Nichols, Anthony North, Richard Paige, Owen West y Aaron Wolfe. Y, constatando que el tipo escribía ocho libros al año, dejen de preguntarse por qué sus argumentos se repetían más que el ajo.

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05 Richard Bachman

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Otro que no podía soltar la pluma en sus inicios fue Stephen King, pero el uso de este seudónimo (nombre de pila por Richard Stark, apellido por la banda Bachman-Turner Overdrive) le sirvió también para contrastar la aceptación de las obras que publicaba de un modo y otro. Descubierto en 1986 por un perspicaz librero de Washington, Bachman no llegó a firmar “Misery”, como estaba previsto (“ha muerto de cáncer de seudónimo”, dijo el Rey), pero sí nos legó obras “menores” tan atractivas como “La larga marcha” o “Maleficio”.

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04 Toni Morrison

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En efecto, uno no puede ya fiarse ni de una premio Nobel. La Toni Morrison de toda la vida no lo es tanto, pues lo cierto es que vino al mundo como Chloe Ardelia Wofford. ¿Qué sucedió entre ese 18 de febrero de 1931 y su primera novela, casi cuatro décadas más tarde? Pues una conversión al catolicismo (con la elección de Anthony como nombre de bautizo) y un matrimonio de seis años con el arquitecto jamaicano Harold Morrison. El resto, como suele decirse, es historia.

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03 Anne Perry

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Hay nombres que quedan marcados y tal fue el caso del de Juliet Marion Hulme cuando, a los 15 años, unió fuerzas con su amiga Pauline Parker para matar a la madre de la segunda (¿recuerdan “Criaturas celestiales”? Pues eso). Tras pasar un lustro de reclusión, Juliet se hizo azafata de vuelos, descubrió la religión, tomó el apellido de su padrastro y, en 1979, emprendió una prolífica carrera en el género negro (claro), al que ha regalado los personajes de los inspectores Thomas Pitt y William Monk.

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02 Robert Galbraith

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Apenas siete meses transcurrieron entre la primera y la segunda novela adulta de J.K. Rowling. Pero eso lo sabemos ahora, ya que, entre abril y julio de 2013, “El canto del cuco” fue la ópera prima de un exmilitar que no mostraba su rostro por ocupar un cargo en la seguridad nacional inglesa. Quizá nunca lleguemos a saber si el desenmascaramiento formó parte de una maniobra publicitaria o de veras pilló por sorpresa a la madre de Harry Potter, pero sí podemos asegurar que Robert Kennedy es uno de sus ídolos y que de pequeña aspiraba a llamarse Ella Galbraith.

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01 Cleo Birdwell

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La primera mujer que jugó en la National Hockey League (como miembro de los New York Rangers) relató sus asombrosas experiencias deportivas y eróticas en la autobiografía “Amazons”… que, en realidad, como más o menos les habrá indicado la fotografía que preside estas líneas, no deja de ser una novela de Don DeLillo, redactada junto a Sue Buck, aparecida en 1980, pronto descatalogada y sobre la que el autor de “Ruido de fondo” ha intentado echar tierra desde entonces.

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com