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Sandman

País de sueños

 

Albert Fernández

 

Donde la más joven de las nueve musas es encerrada en la habitación más alta de la casa de un escritor mentiroso. Donde gatos por aquí, gatos por allá, cientos de gatos, miles de gatos sueñan con cambiar el mundo. Donde las colinas de Sussex y unos invitados de excepción asisten a una representación que va más allá de las visiones, la fantasía y el sueño. Donde las máscaras se endurecen caen sobre espaguetis a la boloñesa, lo mismo que las almas frágiles se derrumban con una simple mirada directa al sol.

   

El arte de “Sandman” es un remolino inconstante, un territorio en tránsito perpetuo de lápices y pinceles, que madura con las estaciones, avanzando a sobresaltos, como alguien que se sacude en sus sueños.

 

El diseño del personaje fue una primera aventura que se trazó entre los garabatos y descripciones de Neil Gaiman, los primeros bocetos de Dave McKean y unas casi olvidadas pero valiosísimas láminas a cargo de Leigh Baulch, que concedía a Morfeo un atractivo aspecto de Bowie de la época “Aladdin Sane”, aunque con capa y cabello negro.

 

Se suele hablar de Sam Kieth como co-creador del personaje, pero más allá de dar el último empujón de pelo alborotado al aspecto de Sandman, y de la adecuada atmósfera de ocultismo victoriano de sus primeros episodios, podríamos decir que Kieth hizo más daño que bien a la saga de Morfeo. Su conexión errática con Gaiman provocó un pronto abandono de la serie, justo cuando ésta empezaba a arrancar .

 

Con la temprana disidencia de Kieth, y el baile de dibujantes que más tarde caracterizaría a la serie, hacía falta alguien que diera una línea a la imaginería de los Eternos. En ese sentido, Mike Dringenberg fue sin duda el hombre fuerte en los albores del título. Siempre acompañado del desaparecido Malcolm Jones III, Dringenberg, logró, con sus irregularidades, edificar un contenido visual consistente, de líneas acordes al tono desvaído y mágico de los relatos de su británico compañero. Además, el ilustrador alemán-norteamericano fue el meritorio co-creador de la carismática Muerte, el único de los personajes de la saga que no está basado en una descripción original de Gaiman.

 

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“País de sueños”  evidencia esa tendencia a disparidad gráfica que la serie apuntaba con contención al principio, y a la que se entrega definitivamente en estos episodios de historias autoconclusivas. Dringenberg regresaría en el siguiente acto de la serie, pero el concurso de los artistas invitados enriquecen sobremanera el peso de cada historia en estas páginas. La tendencia a la línea lúgubre del excepcional Kelley Jones sobrecoge en los claroscuros del relato de “Calíope”, y convierte la mirada de un felino en algo sobrenatural en “El sueño de un millar de gatos”; Colleen Doran aporta el grado de decadencia y desesperación que requiere “Fachada”, y Charles Vess… Bueno, Vess simplemente nos hace alcanzar el cielo de la fantasía con la belleza de su trazo, los planos y composiciones de página de uno de los mejores capítulos de “Sandman”, “El sueño de una noche de verano”, cuyo título no en vano coincide con el de la popular comedia de Shakespeare.

 

Por eso se vuelve especialmente relevante que este volumen de ECC Ediciones incluya una visión excepcional del episodio “El sueño de una noche de verano”, donde podemos seguir las pautas de guión, descripciones, anotaciones confusas y bromas perspicaces de Gaiman, en su intercambio con Vess, y el resultado al que derivan los formidables lápices del dibujante, a menudo con sustanciales mejoras respecto a los apuntes iniciales del escritor. 

 

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En ese despliegue de maravilla, las perturbadoras portadas de Dave McKean para “Sandman” merecen un mundo aparte. Las cubiertas del británico son una verdadera puerta de entrada al mundo irreal y melancólico que se encuentra en el interior de cada relato del sueño. Sus composiciones son collages  capturados en fotografías en alta resolución (en un mundo prácticamente pre-ordenadores), que hacen que el lector conecte con lo místico antes siquiera de abrir el álbum.

Cuenta el propio McKean que en aquellos tiempos solía pasar tardes paseando por las calles de Londres junto a Gaiman, buscando cosas interesantes en tiendas de antigüedades, mercadillos, callejones. Todo lo que veían interesante y estéticamente atractivo, lo recogían de donde fuera para hacerlo entrar en el torbellino estético de las cubiertas de “Sandman”. Llegado el momento, incluso aparecieron donaciones: se llegaron a enviar corazones de animal conservados en resina a la dirección del virtuoso ilustrador.

  

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En cuanto a las historias, “País de sueños “ confirma lo que la serie ya venía apuntando en arcos anteriores. El universo de Morfeo permite a Gaiman diseminar la fantasía hasta todos los rincones del tiempo, abarcando historias individuales que se insieren magistralmente en el continuo del dios del sueño.

 

La historia de esa musa que acaba por volcar la inspiración de un escritor sobre un sangrante muro en “Calíope” sobrecoge lo mismo que asombra el sombrío homenaje a Wanda Gág en “El sueño de un millar de gatos”, y el giro decadente, íntimo y destructor que Gaiman obra en “Fachada” sobre la figura de Urania Blackwell, supuesta heroína-Metamorfo sonriente, es simplemente desolador. El encuentro de Morfeo con ‘Will Shekespear’ en el siglo XVI sobre las colinas de Sussex, y la representación de “El sueño de una noche de verano” que relata este episodio simplemente es historia de la literatura. Sin ir más lejos, ganó el premio World Fantasy Award a la mejor historia corta de ficción. Fue el primer cómic en ganar el premio. Poco después, se aseguraron de que fuera el último en recibirlo, cambio de normas mediante.

 

Así pues, despedimos aquí este trabajo vano y pequeño, que tal vez os parecerá poco más de un sueño. Como recitaría el buen Puck Robin Goodfellow, a medida que se desvanece entre la oscuridad más absoluta…

 

..Si las sombras os hemos ofendido, pensad que estabais durmiendo mientras estas visiones han ido apareciendo…

 

 

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Albert Fernández

En el desorden de los años, Albert Fernández ha escrito renglones torcidos en publicaciones como Mondo Sonoro, Guía del Ocio o Go Mag, tiempo en el que ha tenido oportunidad de ir de tapas con Frank Black o escuchar a Patrick Wolf bostezar por teléfono. Además, ha sido jefe de redacción de las secciones culturales de H Magazine, y ha aportado imaginación tras los micrófonos de Onda Cero, Cadena Ser y Scanner FM, donde facturó la sitcom musical de creación propia “2 Rooms”. Aunque sabe que no hay lugar mejor que aquel de donde viene, a Albert no le hubiera importado nacer en Gotham City o en el planeta Dagobah. Con tendencia a la hipérbole y a la imaginación desatada, Albert sigue buscando el acorde que dé la vuelta a sus días.

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albert@blisstopic.com