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Montgomery

Bailar y sudar

 

Vidal Romero

 

Comenzó su carrera tocando la batería en bandas tan señeras como Sr. Chinarro o Piano Magic, pero a principios de la década pasada el sevillano Miguel Marín decidió que estaba cansado de compartir furgoneta con otras personas; que prefería lanzarse al ruedo en solitario. Fue entonces cuando montó Arbol, un proyecto de electrónica abstracta y delicada, con el que ha grabado cinco discos y ha puesto banda sonora a un buen puñado de espectáculos de danza y teatro. Antecedentes que le han servido para dar forma a Montgomery, una nueva banda con vocación teatral y un único objetivo: hacer bailar y sudar a su público.

 

Sentado en un café junto a Miriam Blanch, la bajista de esa nueva banda, Miguel Marín me cuenta que Montgomery es el resultado de algunas casualidades y de varios cambios vitales. “Decidí regresar a Sevilla, después de llevar casi veinte años fuera, en parte porque echaba de menos la ciudad y en parte porque necesitaba la cercanía de la familia”, explica. “Ahora tengo una hija y me hace falta sentirme arropado, que me echen una mano. Sigo teniendo que viajar mucho y mi mujer tiene también sus ocupaciones. Intentamos vivir en Menorca durante un año y no llegó a funcionar, y no quería volver a Barcelona, que es una ciudad que me encanta pero no para vivir”. En la maleta de vuelta, Marín se trajo un nuevo proyecto, una idea de banda que había surgido durante el montaje de un espectáculo de Teresa Navarrete. “Se nos ocurrió mientras cenábamos y hablábamos de la obra, en la que yo interpreto a un personaje que se llama Montgomery”, prosigue. Nos apetecía que en la obra hubiera una banda, montar una banda con esa excusa, y buscando un nombre Teresa decidió que sólo podía llamarse así, ‘le pega llamarse Montgomery’”.

 

O sea, que Montgomery es un personaje de ficción que ha terminado por adquirir vida propia.

(Miguel Marín) Montar una banda era una excusa para poder delegar, porque en Arbol todas las decisiones las tengo que tomar yo, tengo que encargarme de todo el trabajo y de todas las gestiones, y me apetecía liberarme de algunas responsabilidades. También quería tocar música de baile con instrumentos reales y bases electrónicas, con una batería de verdad y varias voces haciendo armonías. Y quería que la banda formara parte de ese proceso, llegar al local de ensayo con algunas ideas básicas y que luego elaboráramos allí las canciones. Todo esto mezclado con una idea de banda muy visual, algo con una imagen muy funk, con muchos instrumentos encima del escenario; incluso vientos, que es algo que ya llegará. O a lo mejor no: yo quería dedicarme sólo a cantar y al final estoy tocando casi todo el tiempo los teclados o la percusión.

 

Es en cierto modo una vuelta atrás, ¿no? Recuerdo que en otra entrevista, hace ya muchos años, me comentabas que comenzaste a trabajar con Árbol precisamente porque estabas harto de lidiar con bandas.

(Miguel Marín) Es cierto, pero creo que ahora atravieso un momento de mayor madurez, en el que me apetece sentirme arropado. De todos modos, en Arbol también me gustaba funcionar de una manera parecida. Le daba unas guías a los músicos que grababan conmigo, pero siempre buscando la colaboración y el aporte de ideas.

 

O sea, que eras algo así como un dictador amable.

(Miguel Marín) Más bien un dictador educado.

 

¿Cuándo empiezas a plantear el proyecto en serio?

(Miguel Marín) En realidad, llevaba ya algún tiempo dado vueltas a la idea de montar una banda. Incluso existió un primer intento en Barcelona, con dos músicos de allí, pero nos mudamos a Menorca y todo se quedó en suspenso. Cuando mi chica y yo decidimos venirnos a Sevilla volví a ponerme en marcha y comencé a contactar a gente por correo electrónico. Mi idea era buscar chicas para tocar, por una cuestión puramente visual, pero también porque me siento más cómodo con ellas a la hora de tocar, me cuesta menos trabajo abrirme. El primer fichaje fue Amanda Palma, la batería. Ni siquiera la conocía antes de llegar a Sevilla, pero bastaron un par de ensayos para descubrir que allí había química.

 

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Los otros dos músicos de Montgomery, Miriam Blanch y Jesús Bascón, vienen del mundo de la música electrónica y experimental. ¿La cabra tira al monte?

(Miguel Marín) La verdad es que le pregunté a Miriam si conocía alguna bajista, pensando que no estaría interesada, y fue ella la que se ofreció. En cuanto a Jesús, lo llamamos para que nos ayudara en un par de conciertos y conectamos tan bien que al final se quedó con nosotros de manera permanente. Pero sí se nota que provienen de ahí, sobre todo por la manera en la que tocan sus instrumentos.

(Miriam Blanch) En otro proyecto igual no hubiera funcionado, pero en Montgomery me siento arropada, porque en el fondo hay electrónica por todas partes. Las bases de Miguel tienen un cierto aire a techno con el que me resulta muy sencillo conectar.

(Miguel Marín) Además, en los ensayos siempre es un punto de referencia. Suelo preguntarle acerca de ciertos sonidos que utilizamos o de qué le parecen los bombos, porque tiene muy buen oído para esas cosas.

 

Desde luego, el ritmo es el absoluto protagonista de vuestro primer disco, “It’s happening” (Meridiana, 14).

(Miguel Marín) Es algo premeditado y que fomentamos aún más cuando tocamos en directo. Siempre me ha gustado entender la música desde la perspectiva de la percusión, quizás porque comencé siendo un batería. Y si te paras a pensarlo, en Arbol ya había ocasiones en las que ciertos instrumentos melódicos, como el piano, tenían un papel más bien rítmico: notas sueltas en el aire que se iban repitiendo y marcando un tiempo, o acordes aporreados como si se tratara de un tambor. En Montgomery la intención primera es hacer a la gente bailar, así que esa idea se lleva mucho más lejos. La mayoría de las canciones tienen multitud de elementos que se repiten: loops, samples, los ritmos que tocamos Amanda y yo, las propias voces, que van entrando y saliendo, un montón de capas que consiguen que todo vibre. Incluso en los casos en los que utilizamos melodías están pensadas para que funcionen como mantras.

 

Quizás por eso, y también por los instrumentos escogidos (batería, percusión, teclados y bajo), el disco tiene un cierto aire a new wave o post punk.

(Miguel Marín) Creo que se trata de algo casual, que como tú dices tiene más que ver con los instrumentos que con la intención. Pero también es verdad que escuchando el disco, o escuchando esas referencias que de repente te sugiere la gente, descubres conexiones que nunca hubieras imaginado. Por ejemplo, a mí hay un par de canciones que me suenan un poco a new age, que es un género que nunca me ha interesado, y también hay alguna que me recuerda a Talking Heads, una banda que conozco muy poco.

 

Comenzasteis a tocar juntos en noviembre de 2013, y en menos de un año habéis grabado un disco y tocado un buen número de conciertos. Trabajáis muy rápido.

(Miguel Marín) Algunas de las canciones ya aparecían en el espectáculo de Teresa, así que existía un trabajo previo. Y también hay cosas antiguas que he ido recuperando. Por ejemplo, “She didn’t come” y “She needs to get what she wants” tienen unas bases que grabé en Londres en 2002 o 2003, con una Groovebox 303 y un MPC. Son loops que hemos transformado en canciones, y que de hecho nos ocasionan algún problema a la hora de tocar en directo, precisamente por ese origen artesanal, de antes de que utilizara ordenadores.

 

 

¿Y cómo funcionan las cosas en el local de ensayo?

(Miguel Marín) Siempre comenzamos alrededor de alguna idea que traigo yo de casa, y vamos dándole vueltas hasta que llegamos a algo que nos gusta. Luego seguimos trabajando esas ideas, dándoles forma y escuchando mucho lo que hacemos.

(Miriam Blanch) Miguel nos da algunas directrices, pero también nos deja ir a nuestro aire; nos da mucha libertad para manejar nuestros instrumentos.

(Miguel Marín) Luego, en algunas ocasiones, sí que corrijo cosas, en especial cuando veo que los arreglos se están volviendo demasiado barrocos. Después de todo, soy yo el que tiene esa idea primera en la cabeza.

 

Decías antes que el aspecto estético te interesa mucho, y desde luego se nota en la puesta en escena que tiene la banda. ¿Pero no os gustaría llevarlo más lejos, tal vez con proyecciones de algún tipo?

(Miguel Marín) Por supuesto, hemos pensado en llevar proyecciones, y estamos dándole vueltas, a ver qué podría encajar con nuestra propuesta. Pero en realidad siempre estoy maquinando cosas para mejorar el aspecto visual en los conciertos. Me gusta contar con gente como Benito Jiménez, que trabaja muy bien con las luces y añade atmósferas a las canciones. O tomar decisiones que son muy teatrales, como el gesto de colocar a la batería en primer plano, para que se vea bien a Amanda.

 

Es cierto que todo resulta muy teatral. Incluso las canciones, que tienen un punto cinemático, como de banda sonora.

(Miguel Marín) La propia idea de Montgomery surge a partir de un espectáculo teatral, así que tiene sentido potenciar esos aspectos. Y aparte, hay canciones que ya habían aparecido en algunos espectáculos; por ejemplo “Forever Young”, que está escrita para una obra que hice cuando todavía estaba en Londres. Luego le hemos añadido bases, arreglos y voces, pero el aire a banda sonora permanece de algún modo.

 

Ya probasteis a hacer un espectáculo hace un par de meses, una especie de híbrido entre concierto y espectáculo de danza.

(Miguel Marín) Es una idea que le propuse a la directora del Festival de Danza de Sevilla. Nos acompañaban varios bailarines durante el concierto, todos disfrazados y con coreografías realizadas por Teresa Navarrete y María Cabeza de Vaca. Lo hicimos en el Teatro Alameda, en Sevilla, que ofrece la posibilidad de retirar todas las sillas y dejar una pista delante del escenario, y al segundo día el público se lanzó a bailar, se convirtió en parte del espectáculo. Ahora estamos trabajando en una obra nueva, más elaborada. La estrenaremos a finales de año en el Teatro Central de Sevilla y estoy en contacto con otros teatros para montar una gira después.

 

En relación a esto, me pareció muy interesante que después del concierto del otro día continuarais con la fiesta, con Miriam pinchando y con vosotros subiendo en algún momento para tocar sobre la música que sonaba.

(Miguel Marín) Es algo que nos interesa mucho, trabajar la parte posterior al concierto para que el espectáculo continúe. Puede ser tan sencillo como que Miriam se quede pinchando cuando haya terminado la actuación, o bien dividir el concierto en dos partes, una con todos los instrumentos y otra más puramente electrónica, sólo con platos y sintetizadores.

(Miriam Blanch) La idea es que Montgomery es una excusa para bailar y para sudar, y esa es una manera más de conseguir el objetivo.

(Miguel Marín) Además, para cosas más abstractas o tranquilas ya tengo a Arbol. En Montgomery me apetece meterme en la piel del personaje que he inventado; eso me permite enfrentarme sin miedo a cosas que antes no hacía, como cantar o escribir letras en inglés.

 

Por cierto, ¿en qué punto está Arbol? ¿Lo estás dejando hibernar?

(Miguel Marín) No, de hecho sigue muy activo. Estoy preparando un disco nuevo, en el que cantará y tocará el chelo una vieja colaboradora, Björt Rúnarsdóttir. La idea es publicarlo a finales de año, siempre que el trabajo me lo permita: tengo varios espectáculos en marcha con los que habrá que ir a tocar, algunos encargos que tengo que terminar y, por supuesto, todo lo que pueda llegar con Montgomery.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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