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Monkey Week 2014

El mono toma las calles

 

Vidal Romero

 

De todos los festivales que en España son, ninguno tiene la personalidad que se gasta el Monkey Week; una cita a medio camino entre el festival tradicional, la feria discográfica y la escuela de negocios musicales, y que es capaz de transformar El Puerto de Santa María en una ciudad absorbida por la música durante tres días. Su sexta edición, que se celebrará entre los días 10 y 12 de octubre, es la más grande y más completa de todas: más escenarios, más conciertos, más sellos y más profesionales que nunca, reunidos en una cita no aconsejable para pusilánimes y gente falta de espíritu. Monkey Week se celebra en varios escenarios de El Puerto de Santa María el 10-11-12 de Octubre.

 

Como toda historia de orígenes superheróicos, el Monkey Week tiene mucho de casualidad”. Desde la oficina del festival en El Puerto de Santa María, Tali Carreto recuerda cómo echo a andar el festival que codirige con los hermanos César y Jesús Guisado. “En aquellos años daba sus primeros pasos nuestro FREEk FEST, que con los años se ha convertido en un evento mucho más pequeño y mucho menos ambicioso de lo que hubiéramos querido, pero que nos inoculó el veneno de la música en directo”, prosigue. “Al mismo tiempo, amigos y vecinos de la ciudad, como el ubicuo Paco Loco y Enrique Bunbury, nos animaban a montar un festival en El Puerto de Santa María; algo pensado a lo grande, que siguiera un poco la estela de citas como el SXSW. Y como en nuestra ciudad se venía realizando una Muestra de Teatro impulsada por la Junta de Andalucía, hablamos con nuestro amigo Manuel Ferrand para crear algo similar en la ciudad pero con la música y no el teatro como leit motiv. Agitamos las tres ideas en la misma chistera y nos salió un mono en lugar de un conejo”.

 

Después de varios años ya habréis descubierto las ventajas y desventajas que acarrean esa descentralización (geográfica, de fechas, de modelo) que propone el Monkey Week.

Teníamos experiencia previa: cuando nos dio por montar una revista cultural, de contenido tan marcadamente pop como es FREEk!, en las antípodas gaditanas, ya nos tildaron de zumbaos. Pero los años nos dieron la razón y sólo la crisis llegó a zarandear nuestro empeño. No es fácil, desde luego, pero tampoco imposible. Y además, es un defecto con contrapartidas: ahí están el encanto natural del Sur (y sus habitantes) o los precios de los que uno puede disfrutar durante su estancia en el festival; dos alicientes que difícilmente encontraríamos en otras latitudes.

 

El SXSW era el modelo al principio, ¿pero cuáles son las particularidades que ha ido desarrollando el Monkey Week en todo este tiempo?

Básicamente nos basamos, valga la redundancia, en dos conceptos. Por un lado, la idea de “la Ciudad de la Música”: es decir, conseguir que durante tres jornadas la localidad respire música; una apuesta clara por celebrar un festival en un entorno urbano y no en un recinto aislado, como suele ser lo habitual. Y por otro lado, ese tagline tan nuestro que invita a “descubrir hoy las bandas de mañana”, y que se ha convertido en uno de nuestros objetivos primordiales. Es cierto que el SXSW fue –y siempre será, salvando las distancias- un modelo inspirador, pero creo que el Monkey Week ya tiene su propio carácter.

 

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Al hilo de lo que cuentas, el Monkey Week dio un salto de calidad y (sobre todo) de público cuando decidisteis abandonar el modelo de feria por el día y festival al uso por la noche, para ceder casi todo el protagonismo a los showcases. ¿Os sorprendió que sucediera esto?

En cierta manera sí, porque era una apuesta de riesgo. Y vino dada por una serie de factores, algunos por voluntad propia y otros debidos a imperativos externos, como el no poder contar más con un recinto como el Monasterio de la Victoria, todo un reclamo los primeros años del festival. Pero como dices, curiosamente el público –tanto el profesional como el aficionado- empezó a pillarle el gusto a descubrir nuevas bandas, a dejarse llevar por el Manual de Supervivencia que es nuestro programa de mano, a sorprenderse con propuestas no habituales en otras citas musicales… Quizás coincidió también con un momento en que cualquier soplo de aire fresco era bienvenido, pero la apuesta por los valores emergentes ha calado y ahora es uno de los principales atractivos de Monkey Week.

 

A pesar de eso, seguís manteniendo una programación de festival. Más reducida, con nombres menos conocidos, pero siempre con una calidad contrastada. ¿Es una cuestión de prestigio, de gancho comercial, es sólo un gustazo que os dais a vosotros mismos?

Tiene más que ver con la tercera de esas opciones (risas). Y si he de serte sincero, mis gustos personales suelen ser menos rarunos que los de mis dos compañeros, Jesús y César. De todos modos, creemos que aunque el Monkey Week, por su propia naturaleza y también por su presupuesto, no puede competir con otros festivales en nombres potentísimos, sí que puede ofrecer una alternativa a lo habitual. De ahí quizás nuestra afición al riesgo… vamos, que también nos va la marcha (risas).

 

Las jornadas profesionales han pasado de tener muy poco público a llenarse. ¿Comienzan por fin los músicos a concienciarse de que no basta con escribir canciones, que hay que saber de más cosas?

Por un lado, creo que cada vez afinamos más en los temas y contenidos, dando prioridad a las herramientas prácticas sobre los debates y diálogos, que quedan muy bien sobre el papel pero a la hora de la verdad ofrecen pocas soluciones a los problemas de la industria actual. Por otro lado, cada año intentamos implicar más a los propios músicos; que se hagan a la idea de que al Monkey Week no vienen solo a mostrarse como artistas, sino también a crecer y aprender. Y en ese sentido, cada vez estrechamos más y más lazos con otros agentes del sector, tanto nacionales como internacionales. Nunca nos cansaremos de decir que el Monkey Week es una unión de voluntades, y esas voluntades se palpan en el Monkey Brain.

 

La gran pregunta: ¿se cierran negocios en el Monkey Week?

Sí, y cada vez más, que es algo que a veces también nos sorprende. Hay bandas que han dado el salto, alguno incluso más allá de nuestras fronteras (el año pasado hubo varias que tocaron en Rusia, Inglaterra, Colombia o Portugal, sin ir más lejos) y la primera conexión se produjo en el Monkey Week. También desde el año pasado ha comenzado a darse el camino inverso: bandas extranjeras que actuaron en el Monkey Week y eso les sirvió para conseguir una contratación en algún otro festival o evento nacional. Y no es el único tipo de negocios que se cierran; también se establecen acuerdos, alianzas y colaboraciones. Imagino que ese ambiente que se crea durante unos días, distendido pero laboral, ayuda mucho a todo esto.

 

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Un ambiente en el que tiene mucho que ver el propio Puerto de Santa María, que tiene un papel protagonista dentro del Monkey Week. Se dice que hubo un momento en el que el Ayuntamiento no tenía clara la continuidad del festival, y los hosteleros presionaron para evitar la cancelación. ¿Es esto una prueba de que otro turismo (cultural, diferente al de sol y playa) es posible?

Bueno, en realidad no sabemos si ese momento ha pasado o lo estamos viviendo (risas). Desde luego, el Monkey Week ha servido para demostrar que la cultura genera riqueza, y más en una zona tan castigada como la provincia de Cádiz. Y que en un momento de (la tan cacareada) crisis ha supuesto una alternativa para incentivar el turismo, reactivar el consumo y generar un nuevo interés por la ciudad, la hostelería y demás recursos y ofertas. A nosotros, desde luego, nos gustaría seguir celebrar este evento en nuestra ciudad, pero no es fácil. Nos ha costado y nos cuesta un esfuerzo mucho mayor del que tendríamos que dedicar en otros lugares. Y aunque pensamos que los ciudadanos sí se han dado cuenta y muchos aprecian ya el festival como algo suyo, no estaría de más un compromiso mayor por parte de otros sectores.

 

Una de las cosas que convierte en único al Monkey Week es precisamente la situación de muchos escenarios en lugares atípicos, como tascas, bodegas, peñas o terrazas. ¿Cómo se hace la selección de estos sitios?

Hay espacios que resultaban obvios: El Puerto es una ciudad repleta de bares y salas, hasta el punto de que muchos de los que visitan el festival alucinan con que haya tal cantidad. Por eso siempre tuvimos claro que el Monkey Week funcionaría bien si cambiáramos los grandes escenarios por bares; esa cercanía con el público es uno de sus mayores aciertos. Dentro de esa selección hay espacios que llaman poderosamente la atención, como la terraza del Bar Santa María, a la que hay que acceder por una escalera de caracol minúscula, y que se ha convertido en un destino clásico del festival. O la Bodega de Osborne, otro recinto increíble por su solera y su belleza… o el off-festival que cada año organiza Joan Vich, su ya famosa berza en una peña flamenca. Este año estrenamos el Muelle del Vapor como un nuevo espacio nada tradicional, y también un escenario sorpresa, cortesía de Son Estrella Galicia, en otra de las bodegas míticas de la ciudad: la Bodega Grant.

 

¿Y el sitio más raro que os han propuesto?

No sabría decirte, pero hemos llegado a valorar hacer algún concierto en las atracciones infantiles que hay en el Parque Calderón, o en dar una vuelta con concierto a los profesionales en el Vaporcito antes de que se hundiera. Tiempo al tiempo.

 

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Siguiendo con el tema, este año el número de escenarios para showcases ha vuelto a crecer, acercándose a las dos decenas. ¿No es una locura a nivel de producción?

En cada nueva edición intentamos ponerle freno al asunto, créeme, pero se nos acaba yendo de  las manos. Este año volvemos a superar nuestro propio record con más de 180 actuaciones, lo que significa que en algunos momentos tendremos 14 escenarios funcionando a la vez, de todos los tamaños y colores. Claro que es una locura, pero toda locura tiene su encanto, ¿no?

 

También el espectro de música que se puede escuchar en los showcases de Monkey Week ha ido creciendo. Sin embargo, el sector de la música electrónica, que goza de bastante buena salud en nuestro país, tanto a nivel de artistas como de sellos, parece que todavía no termina de verlo claro.

Desde luego, tiene mucho que ver el hecho de que nuestra relación con la música electrónica no es tan fuerte ni viene de tan atrás como la que tenemos con el pop o el rock, por citar solo otras dos escenas. Pero cada año es más frecuente encontrar propuestas electrónicas en el Monkey Week: en esta edición, por ejemplo, hay actuaciones de los austriacos A.G.Trio, el británico Forest Swords o los españoles Music Komite. Y también este año hemos empezado a contactar con otros eventos de marcado carácter electrónico y con profesionales nacionales e internacionales de la escena; nuestra intención es empezar a trabajar en ese sentido de cara a próximas ediciones.

 

Otro “sector” que de momento se ha acercado poco al Monkey Week es el de la música más abiertamente comercial. ¿Creéis que sería una relación contra natura, o sería posible buscar puntos de contacto?

Hubo un año que estuvo tocando Amaral, que no es precisamente una banda desconocida, pero es cierto que han sido momentos o acciones puntuales. Nosotros no nos cerramos a nada; todo cruce de caminos, toda interacción, puede producir algún efecto positivo. No veo a David Bisbal cantando en la Plaza del Castillo, la verdad, pero se pueden buscar otras conexiones, como colaboraciones que a priori puedan parecer imposibles entre artistas de distintos ámbitos, o la participación de un artista mainstream en las Jornadas Profesionales, si consideramos que puede resultar de utilidad para los asistentes.

 

También es este el año que más presencia internacional hay en el Monkey Week. ¿Os tienen más respeto fuera de España que en nuestro país? ¿No se echa de menos un poco más de apoyo institucional?

Hay instituciones que nos apoyan, y de hecho mucha de esa presencia internacional viene gracias a la ayuda de organismos como Extenda (la Agencia Andaluza de Promoción Exterior) o PICE (Acción Cultural España). Y otras instituciones, como el el Instituto Andaluz de la Juventud, han estado siempre participando y ofreciendo su ayuda. Por supuesto que echamos de menos más apoyo de instituciones, sobre todo de las que debieran cuidar la cultura con más interés. Entendemos que no vivimos los momentos más apropiados, pero es que hay muchas ocasiones en las que ni siquiera se paran a escucharnos.

 

Y ya, para terminar, recomiéndanos tres bandas nuevas a las que merezca la pena acercarse a ver este año.

Vaya dilema. Espero que no me maten las ciento y pico restantes, porque voy a soltar cuatro nombres (¡uno de regalo!) por pura devoción personal: la elegancia de Suomo, el cafrerío de Killimanjaro, el hipnotismo de Royal Mail y la frescura de Deers.  

 

 

Comentarios
Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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