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Goat  

Goat

Commune

Rocket

7,5

Psicodelia

Vidal Romero

 

El debut de Goat, “World music” (12), fue uno de esos discos que van creciendo poco a poco, al calor del rumor y del boca a boca. Se publicó en verano de 2012 y al principio pasó desapercibido, una gota dentro del océano de psicodelia que se había desbordado en esa temporada; pocas publicaciones hablaron de él y muchas menos lo incluyeron en sus particulares listas del año. Y sin embargo, el nombre de la banda se escuchaba cada vez con más frecuencia, los conciertos aislados se iban convirtiendo en giras de varias semanas y las sucesivas tiradas de “World music” se agotaban cada vez con más facilidad, hasta el punto de que a finales de 2013 ya habían superado las 20.000 copias, sólo en vinilo –una cifra más que interesante: piensen que el disco más vendido en ese formato en los últimos veinte años es “Lazaretto” (14), de Jack White, con 60.000 copias-.

 

Semejante revuelo resulta aún más sorprendente debido a que Goat no es una banda que rompa ningún tipo de moldes. Lo suyo es un rock psicodélico que mezcla ritmos tribales, guitarras cargadas de fuzz, pianos psicóticos, cantos chamánicos y órganos de aire medieval; una paleta de sonidos reducida y contundente, en la que no resulta difícil reconocer sus influencias originales: de Can a Funkadelic, pasando por Fela Kuti, Black Sabbath, Spacemen 3 o The Cramps. Así que las claves del éxito de “World music” hay que buscarlas en otro lado: por supuesto en las canciones que contiene, que degluten y asimilan las influencias citadas más arriba y las devuelven convertidas en himnos crudos y rasposos, que se pegan a la oreja con pasmosa facilidad. Y también en el misterioso imaginario que rodea a la banda, que se presenta como un culto de vudú, una comuna aislada en algún bosque del norte de Suecia, aficionada a las danzas rituales, la magia negra y los cultos paganos. Añadan a todo esto una (merecida) fama sobre el escenario –como atestigua “Live ballroom ritual” (13), una grabación en directo publicada a finales de 2013-, y terminarán de encajar todas las piezas del puzle.

 

Con todo lo anterior, ya se pueden imaginar que “Commune” es uno de los discos más esperados de la temporada, al menos dentro del campo de la psicodelia. Un disco difícil sobre el papel, porque sus autores sólo lo podían enfrentar de dos maneras: o bien manteniendo intactos sus rasgos estéticas, a riesgo de repetirse y de quemar una fórmula a la que tampoco se le intuye mucho recorrido, o bien incorporando nuevas influencias a la mezcla, con el peligro de desbaratar su extraño equilibrio. Tipos listos, han tirado por el camino del medio, lo que quiere decir que la mayoría de las canciones que se incluyen aquí podrían haber cabido también en “World music”, pero al mismo tiempo hay arreglos, detalles y timbres novedosos. Ahí tienen, por ejemplo, las campanas de aire eclesiástico que resuenan en “Talk to god”, las voces masculinas en “Goatchild” o las percusiones tropicales que puntean “Goatslave”; adornos que aportan una frescura suficiente como para apartar la sensación de déjà vu.

 

También se nota un salto adelante en el capítulo de la producción. Si en “World music” las voces y los instrumentos parecían grabados en el interior de un barreño de lata, con micrófonos comprados en una tienda de chinos y dejando entrar todo el ruido de fondo, “Commune” brilla con una extraña limpieza; los instrumentos llegan bañados en reverb y las voces suenan tan claras que es posible distinguir la mayoría de las letras –letras que, no podía ser de otra manera, hablan de conversaciones con los dioses, de viajes hacia dimensiones desconocidas y de tribus olvidadas por el tiempo-. Una decisión que reduce esa sensación de apisonadora sónica que constituía una de las señas de identidad del colectivo, pero que al mismo tiempo le permitirá ampliar su público de manera notable. Algo que parece inevitable, ahora que Sub Pop se ocupa de la distribución del disco fuera de Europa, y en lo que seguro ayudará el puñado de canciones que se pueden pinchar y bailar: “Words”, “The light within”, “Gathering of ancient tribes”. Una suma de circunstancias que convierten a “Commune” en un disco con menos mordiente que su predecesor, pero igual de disfrutable; un paso firme dentro de la carrera de una banda, Goat, que se merece todo lo mejor.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com