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Depeche Mode

Supervivientes

 

Half Nelson

 

¿Son Depeche Mode el único dinosaurio que podemos soportar? Muy posiblemente sí. ¿Por qué? Porque por muchos años y discos anodinos que pasen siempre nos queda la potencia de su directo y su propia fidelidad a su enorme legado. Nunca fueron unos pioneros, pero sí los que mejor masticaron las influencias electrónicas y las convirtieron, sí, en música para las masas. Su triunfo les pasó factura y hace mucho que no son lo que eran, pero les seguimos queriendo porque siempre serán una de las grandes bandas pop de la Historia. Depeche Mode estarán tocando en España los próximos 15 (Palau Sant Jordi, Barcelona), 17 y 18 de enero (Palacio de Deportes, Madrid). Puedes comprar entradas aquí.

 

Por eso, porque los queremos, este artículo no va a ser un repaso exhaustivo a toda la trayectoria de Depeche Mode. Sólo vamos a fijarnos en sus mejores años, en su trayectoria ascendente, que es la que les ha hecho merecedores del status de culto que actualmente atesoran. Ellos lo saben perfectamente y centran su repertorio en directo en los temas que van desde “Speak and Spell” (Mute, 1981) hasta “Violator” (Mute, 1990); los temas que les convirtieron en la primera banda masiva a nivel mundial de toda la generación synth-pop.

 

Pese a no ser nunca una banda abiertamente vanguardista, Depeche Mode son parcialmente responsables de la aceptación y difusión de la música electrónica en toda Europa a lo largo de los 80 (en Estados Unidos un poco más tarde). Ellos son responsables, directa o indirectamente, de que varias generaciones asuman los sintetizadores y las cajas de ritmos con la misma naturalidad que sus padres veían las guitarras: con todo el peligro y la sexualidad que tuvieron las guitarras en los cincuenta y los sesenta.

 

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Obviamente, no fue fácil ni indoloro. Pese a los escasos cambios de personal (aunque el más importante se produjo en el primer minuto de partido), la carrera de Depeche Mode está llena de chungos y crisis personales que, aunque se han reflejado con sutileza en el devenir artístico del grupo, nunca han mermado su capacidad de trabajo: nunca ha habido grandes sequías y tan sólo uno de sus últimos discos se quedó sin su correspondiente y agotador stadium tour. El último de ellos, el que corresponde a su LP del año pasado “Delta Machine” (Columbia, 2013), está a punto de pasarnos por encima (15 de enero, Barcelona; 17 y 18, Madrid): desde aquí te recomendamos que no te lo pierdas.

Junto a The Cure, Depeche Mode son la única banda de pop independiente británico que no sólo se mantiene activa sino con un poder de ventas y convocatoria que les sitúan a nivel de los grandes dinosaurios del business musical internacional. Además, siempre han sabido cultivar una imagen y una actitud que sin ser controvertida siempre ha denotado una personalidad sombría, oscura, no complaciente que se traduce una ¿calculada? ambivalencia que ha devenido en un status de culto para las masas. Ellos han sido, con multitud de números uno, los que más cerca han estado de llevar a todos los rincones del universo una cierta ética de trabajo independiente (composiciones propias, equipos artísticos y de producción reducidos y mantenidos a lo largo de los años, fidelidad a un sello pequeño…) y también, pese a la deriva rockista a partir de “Violator”, su amor por la electrónica siempre poniendo su trabajo a disposición de remezcladores que recogían y dispersaban su influencia… Pero nada de eso podía presagiarse en sus inicios.

 

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Despertar en Basildon

Si Düsseldorf era fría y anodina, Basildon es fría, aburrida y minúscula. Si Kraftwerk consiguieron crear todo el léxico del pop electrónico, Depeche Mode lo convirtieron en un idioma que todo el mundo podía cantar. Subidos a los hombros experimentales de toda una generación de músicos británicos (de Fad Gadget a OMD pasando por Heaven 17 y Human League) crecidos al calor del post-punk con Daniel Miller y todo lo que rodeaba al mítico sello Mute a la cabeza (su último “Delta Machine” pertenece al conglomerado Columbia, pese a que algunas ediciones aún lleven el sello de Mute “por error y cariño” según Andy Fletcher), los cuatro de Basildon (Essex) supieron encontrar el justo (y difícil) equilibrio entre tecnología y dulzura pop. Sin embargo, justo cuando tras su primer LP “Speak and Spell” los focos empezaron a girar hacia ellos, Vince Clarke (principal compositor) no puede superar la presión de la fama y los fans más interesados en su ropa que en su música y abandona el grupo para formar primero Yazoo junto a Alison Moyet (su gran hit “Only You” fue un descarte de los Depeche) y luego Erasure junto a Andy Bell.

 

Para sorpresa de todos, los restantes miembros, Martin L. Gore (teclados), Dave Gahan (voz y carisma) y Andy Fletcher (bajo y teclados), aprietan los puños, contratan al teclista Alan Wilder y firman un segundo LP “A Broken Frame” (Mute, 1982) que afianza las virtudes pop del primero y empieza a mostrar un lado oscuro y relativamente profundo que no casaba muy bien con la imagen de querubines electrónicos sospechosamente cercanos a la boy band que la prensa continental difundía. Fruto de esa progresión imparable fue su disco berlinés, “Construction Time Again” (Mute, 1983), donde empieza a surgir la química compositiva entre Gore y Wilder. El primero aporta reflexiones generalistas (más sociales que personales) alejadas de lo convencional que dotan a la banda de una personalidad oscura y con tendencia a la marginalidad, mientras que el recién llegado Wilder aporta confianza y exploración electrónica vía sampler. Cuando, inmediatamente, editan su cuarto LP (¡¡en cuatro años!!) “Some Great Reward” (Mute, 1984) la mezcla cuaja, el pelotazo es enorme y Depeche Mode se convierten en un grupo de masas que, a diferencia de la gran mayoría de los grupos de masas, dice cosas. Como en el megahit “Everything Counts” que alerta, en plena era del liberalismo, de la avaricia de las grandes corporaciones; en “Master and Servant”, una canción sobre las relaciones sadomasoquistas descubiertas por Gore en Berlín que también puede leerse como una crítica a las políticas liberales de la Primera Ministra Margaret Thatcher; o en “People Are People”, grito humanista que iguala a todos, por lo que aún tiene más trascendencia para los marginados, gays especialmente, que lo convierten en un himno.

 

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Misas Negras

El éxito de Depeche Mode en Europa y Estados Unidos no puede verse sólo como un efecto de las virtudes de sus discos. Es incuestionable el papel del carismático Dave Gahan (otro celebrity fan del Chelsea F.C. que sumar a Michael Caine o Damon Albarn) como catalizador de los mensajes, subliminales o no, contenidos en las canciones de Gore. Con la baza del directo como gran triunfo en la manga, Depeche Mode se ha mantenido fiel a su cita con los fans de todo el mundo después de cada lanzamiento discográfico y es en la actualidad uno de los grupos que da sentido al tópico de banda para la que los discos no son más que una excusa para iniciar una nueva gira. Como ejemplo, decir que apenas cinco canciones del nuevo LP se cuelan entre las veinte que forman el setlist habitual del Delta Machine Tour (quien mantenga su devoción a prueba de spoilers puede clickar en el link). En toda su historia, tan sólo tras “Ultra” (Mute, 1997), grabado en extremas condiciones con Gahan siguiendo un severo programa de desintoxicación, el grupo se quedó en casa y apenas dio un par de conciertos promocionales.

 

Cada vez más seguro en su papel de sacerdote de esa gran misa negra (sin pasarse) que es un concierto de Depeche Mode, Gahan se ha convertido con los años en uno de los mejores performers sobre el escenario. Desde que se ganó el puesto en Composition of Sound (el grupo de instituto, germen de Depeche, con el que empezaron a practicar Clarke, Gore y Fletcher) con una versión del “Heroes” de David Bowie, Gahan no ha dejado de crecer como intérprete trasmutado en mesías que representa las canciones de caída y redención que son especialidad de la casa. Su hiperactividad sobre el escenario compensa el estatismo del resto de la banda con Martin Gore muy ocupado con la guitarra y los coros, Alan Wilder parapetado tras el teclado y Andy Fletcher que, es sabido por todos, hace muchos años que no hace absolutamente nada en directo (su papel se ha ido transformando a lo largo del tiempo en una especie de “productor ejecutivo” que supervisa las decisiones estratégicas de la banda).

 

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Con Gahan al frente y con Gore y Wilder en la sala de máquinas, Depeche Mode inician su plan de dominación mundial afianzando su sonido electrónico, pretendidamente frío y mecánico que servirá de inspiración a toda una generación de jóvenes productores que a finales de los 80 en Chicago y Detroit y a principios de los 90 en el Reino Unido y Alemania iban a sentar las bases del advenimiento del techno. Sobre esas bases maquinales, las insistentes líneas de teclado (un recurso marca de la casa) y los estribillos gloriosos dan el contrapunto cálido y humano que busca la identificación con todos esos millones de personas que creen que están hablando justa y únicamente de ellas. Esa siempre ha sido la gran fuerza de Depeche Mode que en “Black Celebration” (Mute, 1986) y el inmediato “Music for the Masses” (Mute, 1987; el primero en que no participa Daniel Miller en la producción, alegando exceso de tensión) se plasma de manera incontestable y con inspiración de sobra en algunos de sus singles más coreados y celebrados (“A Question of Lust”, “Sometimes”, “A Question of Time”, “Never Let Me Down Again”, “Strangelove”, “Behind the Wheel”). El culmen de su poderío artístico, perfectamente reflejado en ese spin-off  de sus directos que es el documental “101” (Mute, 1989). El concierto número 101 del Music for the Masses Tour en el Pasadena Rose Bowl californiano frente a más de 60.000 espectadores grabado por el mítico D.A. Pennebaker y su correspondiente banda sonora (más cercana a lo que fue el concierto en si) que les convirtió en la banda de moda en todo el mundo.

 

Como si del mismísimo Doctor Fausto se tratara, la salud, la cohesión y, en definitiva, la inspiración de la banda iban a deteriorarse gravemente a partir de esas cimas creativas. El pacto con el diablo del éxito masivo se paga de inmediato y los excesos con el alcohol (Gore) y la heroína (Gahan) empiezan a hacer estragos, aunque externamente todo eso no se reflejará en toda su crudeza hasta un poco más adelante. “Violator” (Mute, 1990) se convierte en su mayor éxito comercial, reteniendo en parte la magia electrónica de los dos anteriores discos (“Enjoy the Silence”), pero también autoinmolandose con guitarras para ganarse el siempre difícil y despistado (ahora hay allí quien los aclama como los padres de la EDM) mercado americano (“Personal Jesus”) en un giro estilístico que, a la postre, provocaría en 1995 la salida de Alan Wilder y la definitiva pérdida de la identidad de la banda.

 

Después de “Violator”, su ritmo creativo disminuyó y, lo que es más grave, también su inspiración. Quizás sería muy radical decir que podían haberse ahorrado perfectamente la publicación de unos cuantos de los seis discos restantes de su carrera hasta nuestros días, pero siempre nos cabe el consuelo de pensar que de no ser por esos discos muy pocos habríamos podido verlos en directo en nuestro país.

 

Half Nelson

Crítico musical que ha visto multitud de modas y estilos nacer, crecer, multiplicarse y morir desde que empezara a colaborar en Ràdio Ciutat de Badalona en 1993. Fan del jazz y del pop británico, aunque todavía impactado por el drum’n’bass, su firma se ha visto prácticamente en todas las cabeceras de prensa independiente (Mondo Sonoro, Go Mag, Rockdelux, Suite, Trax/Beat…) y radio online (ScannerFM) y por su grabadora han pasado muchos de los grandes (Costello, Lowe, Hitchcock, Mills, Craig, May, Saunderson, Gelb, Calexico, Goldie, Size, Flaming Lips, Bon Iver…). También ha contribuido con varios capítulos a “Loops” (Mondadori, 2002) y a “Teen Spirit. de viaje por el pop independiente” (Mondadori, 2004).

 

half@blisstopic.com