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Alberto Montero

Emergiendo de las profundidades marinas

 

Texto Lidia Noguerol  

Fotos Patricia Gázquez Moreno

 

El mar siempre ha estado presente en los trabajos y la vida de Alberto Montero. Su quinto disco, “La Catedral Sumergida” nació una noche en la que el ruido de las olas parecía invocar a una antigua deidad. A su alredor,  Montero comenzó a construir una catedral debajo del mar con un piano impresionista y unas cuerdas celestiales donde celebrar un ritual de aceptación y un homenaje a la impermanencia. Hablamos con el músico valenciano, que nos ofrece una imperdible visita guiada por los secretos de su impresionante catedral.

 

En una primera escucha lo único que se reconoce de los otros discos es la guitarra de la “Llamada” y la presencia del mar. ¿Qué significa para ti el mar y que te ha llevado a hacer un disco tan confesional?

Para mi el mar es una referencia muy fuerte, es como un abismo que tienes debajo de tu ventana. Una inmensidad cerca de casa a la que he acudido en momentos de introspección. Como pasó cuando compuse “Poseidón”. Nos fuimos mi mujer y yo con la guitarra una noche a la orilla del mar. Era luna nueva y la profunda oscuridad y el sonido del mar me sobrecogió tanto que me vino a la cabeza la idea de estar ante una deidad muy antigua.

 

 

A “La Catedral Sumergida” si no lo es poco le falta para ser un disco conceptual. Era esta tu intención cuando lo empezaste: Hay sonidos submarinos como el glockenspiel (creo que suena este instrumento) o el piano de “Credo” y de hecho la acción transcurre o bajo el mar o cerca de él.

Sí, siempre compongo los discos a retales, aunque intente darle algún reflejo de unidad, como en “Arco Mediterráneo”. Este es distinto. Desde que escribí “Poseidón” decidí que haría un disco en torno a esta canción y empecé a estructurar lo que sería el disco. Un día, de repente, tuve la visión clara en la cabeza de lo que quería recrear: un disco mayoritariamente de piano y cuerdas pero mezclado con sintetizadores y con aportes puntuales de batería, bajo y guitarra. Tenía la sensación, aunque ninguna canción en concreto en mente. Quería adentrarme en ese territorio inexplorado para mí. El concepto me pareció muy novedoso y fresco.

 

Ya que hemos empezado a hablar de los instrumentos del disco, las cuerdas tienen un gran protagonismo. Las grabaste en directo. ¿Por qué las escogisteis y por qué las grabaste así? El piano es el otro gran protagonista del disco. ¿Qué te aporta y que compositores te gustan?

Cuando empecé a estudiar piano, con 24 años, me metí mucho en la música clásica y es un tipo de música que me fascina. Siempre he tenido especial debilidad por la música que se hacía en Francia a finales del XIX y principios del XX: Debussy, Satie, Ravel... Lo que llaman impresionismo musical. En todos los discos siempre meto una o dos canciones más relacionadas con este ámbito: “Duermevela” en “Claroscuro”, “Canción del Sol de Mediodía” en “Puerto Príncipe”, “Arco Mediterráneo III” en “Arco Mediterráneo”... Cuando escribí “Poseidón” me di cuenta que era muy Debussy y, en cuanto estructura y acordes, lo más raro que había escrito nunca. Pensé que era el momento para hacer un disco que tuviera todo ese aire a música clásica. Así que decidí que el disco sería principalmente de piano y cuerdas. Yo toco piano y guitarra y en las cuerdas me acompañó un joven trío de cuerdas que ya había hecho algún concierto conmigo. Estuvieron en el MMVV o en el Trovam acompañándome con repertorio de otros discos con arreglos de cuerda. En cuanto al proceso de grabación, sólo “Comunión” y “Oración” las grabé en directo con las cuerdas porque pensé que saldrían mejor los “ralentandos” y cambios de ritmo si nos mirábamos. El resto las grabaron, juntos, escuchando las voces y pianos pregrabados.

 

 

Escuchando “Credo” descubrimos que “La Catedral Sumergida” no es un disco religioso aunque encontramos mucho léxico –que también tiene otro significado que no es religioso– proveniente del cristianismo, las canciones podrían sonar en una misa ( sin que eso sea malo) y en el título hay una catedral. ¿Tu quinto disco es un ejercicio espiritual o místico para ti? ¿Fue la insatisfacción, como cuentas en “Resolución”, lo que te impulsó a hacer un disco completamente diferente?

Totalmente. En mis discos suelen haber pasajes muy evocadores de la contemplación de lo que me rodea, que es como entiendo yo la espiritualidad. Por otra parte también vuelco muchas de mis frustraciones, miedos y vivencias en ellos. La diferencia con este último es que todos esos procesos los quise convertir en un ritual, ir a por todas en la sanación a través del arte. Al final, para estructurar esta ceremonia, utilicé las partes y el léxico de la misa católica, porque es lo que tengo más a mano culturalmente, pero con la intención de transformarlo en una especie de ritual antiguo y pagano.

 

¿Cuál ha sido la necesidad que te ha llevado a formular en voz alta tus dudas existenciales (“Confesión”) y tus miedos (“Oración”)? Se podría decir que el disco tiene dos partes. Una primera que va del principio hasta “Intención”, donde pareces tener una crisis de identidad. Te preguntas a quién quieres agradar. La segunda es más positiva ya que pareces haber encontrado tu identidad. En “Transfiguración”, que tiene un aire de réquiem y contrasta musicalmente con la luminosa “Devoción”, dices “ahora que te tengo enfrente ya no eres figuración de mi mente”. ¿A qué te refieres?

“La Catedral Sumergida” parte de un vacío existencial, una sensación de no saber quién soy. A veces tengo la sensación de que nuestro yo social no corresponde con quién somos en realidad. Estamos constantemente mostrando una máscara para agradar a la gente y para relacionarte con el resto, tratando de ocultar y justificar continuamente tus partes más oscuras, tus debilidades y tus miedos o de cumplir con ciertas exigencias socioculturales. Y más en este mundo de “Story” de “Instagram” que estamos construyendo, en el que siempre mostramos un yo ideal. Este disco quería que funcionara como un espejo para mí: ver mis partes más oscuras, mis partes más luminosas y aceptar ambas tal cual son. Creo que la palabra que define a este ritual es “aceptación”. De esa aceptación emerge “La Catedral Sumergida”.

La primera mitad es como una búsqueda hacia el exterior, unas plegarias hacia alguien superior, y la segunda parte es un descubrimiento interior. El Dios al que buscas ahí fuera está en ti mismo. El Dios, el monstruo, el niño, todas tus caras bailando juntas al final, como dice Wences Lamas en el texto del insert del disco.

 

Después de la “Transfiguración” el miedo desaparece y desde el resto de canciones te dispones a aceptarte y aceptar al mundo con su miseria y su  maldad siguiendo el piano de “Comunión”, donde destaca un coro masculino.

Sí, “Tranfiguración” es como el clímax del ritual. Donde por fin me miro cara a cara (“ahora te tengo enfrente ya no eres figuración de mi mente”) después de la brutalidad del proceso de “Confesión”, del onirismo impaciente de “Credo” o de los motivos de “Resolución”. “Comunión” es el paso siguiente, la hermandad con el resto reconociéndonos en nuestros miedos, dándonos cuenta de que estamos en la misma pelea y soltando todos al suelo nuestros escudos.

 

 

Finalmente, en las dos últimas canciones, como haces con la primera, vuelves a conectar con tu dos anteriores discos con canciones más luminosas. ¿En “Te veo Alberto” te despides de quién eras? Al final del disco retomas el mismo tema de “Devoción”. ¿Es para cerrar el disco?

En “Te Veo Alberto” solo dejo patente que todo este proceso no es permanente, sino que ha sido un momento hermoso que no durará para siempre. Un homenaje a la impermanencia. Ahora te veo muy claro, pero mañana seguramente vuelva a estar sumido en la misma nube de confusión. Es un aviso contra el final feliz. No es un final feliz ni una iluminación sino una consciencia momentánea y un proceso que va a tener que ser constante e inacabado. Tanto la melodía del final del disco como la de “Devoción” vienen de la melodía que originó el disco, que es “Poseidón”, pero armonizada y estructurada de manera diferente. De hecho el disco acaba con un guiño a “Poseidón”: es la melodía donde canto “vuelve”.

 

Tus letras son siempre muy cuidadas y literarias. ¿Cuáles son tus escritores preferidos? ¿Qué discos o grupos estuviste escuchando cuando componías “La Catedral Sumergida”?

Las letras siempre me han costado mucho, pero en este me fue más fácil porque tenía claro de que iba a escribir en cada canción. Además algunas, como “Confesión”, venían de necesidades muy potentes de soltar lastre. Así que empecé a escribir mucho sobre cada tema y luego lo fui haciendo a versos según la estructura musical. En los días en los que escribí “Poseidón” estaba leyendo una colección de poesía simbolista donde estaban Rimbaud, Verlaine, Baudelaire, etc... Ese rollo simbolista decadente, esa utilización de imágenes míticas, también me inspiró para construir el universo particular de este disco.

 

En directo tendrás como en tus otros discos diferentes formatos de directo. ¿Con banda y en solitario?

Va a ser un disco muy difícil de llevar al directo puesto que, como mínimo, necesitaría un piano. Y con piano solo le faltarían cosas, así que lo ideal sería tocarlo con cuarteto de cuerda y banda también. Y en un auditorio o teatro, a poder ser. Demasiados requisitos me parece a mi. Espero que nos salgan unos cuantos con este formato para poder reproducir el disco lo mejor posible.

 

Lidia Noguerol

Lídia Noguerol comparte profesión con Barbara Gordon (Batgirl). Cuando no le toca lidiar con adolescentes descarriados, borrachos y indigentes, se dedica a seleccionar música, cine, libros y cómics. Por la noche, cuando no va al cine o se queda en casa leyendo, transita autopistas y carreteras secundarias y recorre los ejes de comunicación del país, en busca de conciertos de los que hablar por la mañana siguiente en prensa local, portales culturales, blogs y prensa especializada como la extinta Go Mag. Buscando un mundo mejor, ha ido a parar a Blisstopic, un lugar tan excitante como Gotham.

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