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Fighter Pillow

¡Gas!

 

Albert Fernández

 

Hay dos gestos instintivos que se dan automáticamente cuando afloran los primeros rasgueos del nuevo disco de Fighter Pillow: subir el volumen y apretar el acelerador. "Seized up" (Nervio Records, 17) es el nuevo ataque de decibelios de la banda de Eli Molina, un disco que pisa el embrague para conjuntar las marchas del punk desaforado y las melodías pop más inspiradas, con un cancionero que asalta la carretera, despejando la cabeza mientras los horizontes se nos van colando cada vez más adentro. 

 

Fighter Pillow actúan el 29 de abril en Almo2bar (Barcelona), dentro del BIS (Barcelona Independent Sessions).

 

Eli Molina no es persona de mirar atrás o pararse a contemplar el paisaje y sopesar todas las dudas del camino. Esta música de Barcelona ha atravesado diversos baches y cambios de banda desde que el debut homónimo de Fighter Pillow viera la luz hace ahora tres años, y se ha enfrentado sin titubeos a las dificultades de poner en marcha cada nuevo proyecto hasta el punto de atreverse a crear un nuevo sello, Nervio Records, para dar a luz a su segundo disco, "Seized up". Junto a Alfonso "Pocho" Mendez, Rubén Martinez Sepúlveda, Armando La Plana, y las colaboraciones en el camino de amigos como Esther Margarit, Verónica Alonso, Javi Adrover y Eric Fuentes, Eli sabe que Fighter Pillow tiene recorrido para largo. 


¿Podríamos decir que ”Seized up” representa una segunda génesis para Fighter Pillow?

Yo veo Fighter Pillow como un ente inamovible en el que va entrando y saliendo gente. No se trata de que ahora seamos otra cosa que en el primer disco, o que lo que éramos antes fuera para siempre. No creo en los “para siempre”. Las circunstancias te llevan a tener una formación dinámica, y eso también está bien.

 

¿En qué mejora y cómo crece ”Seized up” respecto a vuestro debut?

Para empezar, se trata de unas canciones que son mucho más cercanas para mí. El primer disco, "Fighter Pillow", recopila ocho años de composiciones, que fueron llevadas adelante con diferentes formaciones, hasta la que se dio en aquel disco, que consistió en Eric Fuentes (The Unfinished Sympathy), Edu Chirinos (Las Ruinas), Manu HeGo (Black Islands) y yo. En cambio, “Seized up” es un disco que en un año ya lo tenía más que escrito y rodado en el local, por eso lo quise llevar a grabar ya. Y lo habría llevado antes.

 

Entonces, son canciones que recogen más tu presente compositivo.

Sí, claramente. Hay una evolución, y también hay un aprendizaje. Imagino que si llego a un tercero, también notaré que hemos dado algún otro paso adelante.

 

 

 

Es fácil describir este disco como un cancionero de carretera. Más allá del título, tiene velocidades. Lo ves así, música en ruta, ¿o tienes otras percepciones?

Para mí es rock’n’roll y marchas. Desde luego, es carretera y es motor. Para mí los tiempos siempre van ligados al coche. Yo pienso mucho y compongo en el coche. Voy todo el día con las canciones en la cabeza, por eso me entrego a ese juego: hago muchos símiles a nivel sensitivo con la conducción y con lo que experimentas estando en movimiento.

 

¿Es un poco una oda a la música y el coche?

Tiene que ver con la libertad que te da. Por lo menos en mi barrio, conseguir un coche era mucho más difícil para una chica que para un chico. Mi hermano lo tuvo antes que yo, sus amigos también, … Mi primera sensación de libertad la experimenté cuando tuve mi propio coche y pude arrancar y pirarme a donde me daba la gana. Se trata de eso, de ir hacia donde quieras. Bajas la ventanilla, aire en la cara, y tira.

 

 

 

“Seized up” es el primer lanzamiento de un nuevo sello discográfico, Nervio Records, que creas para la ocasión junto a Natalia Brovedanni (Santa Rita) ¿En qué momento tienes claro que no hay mejor lugar para el segundo disco de Fighter Pillow que tu propia casa?

Lo tengo claro en el momento en que Natalia me lo propone, porque yo el disco lo moví mucho en relación a lo que había hecho en otros tiempos, cuando era mucho más reservada con mi música. Aunque lo moví y tuvo muchas respuestas positivas, el desenlace fue crear un sello y autoeditarlo. Una noche de cervezas Natalia me lo propuso. Dijo que creía en las canciones y creía en el proyecto de un nuevo sello. Fue una noche de emoción. Y aquí estamos.

 

¿Y qué va a pasar a partir de ahora con Nervio Records?

El sello va a seguir y va a intentar ayudar a más grupos que nosotras creamos que lo merecen. Pero acabamos de empezar, y queremos ir poco a poco.

El orden de las canciones en este disco tiene algo muy espontáneo, como de pulso vital, con sus subidas y bajadas repentinas, nada parceladas. Hay un par de socavones formidables que enlentecen la velocidad, como “Food for a dragon” y “News from dark end of the street”, pero no los veo colocados estratégicamente, sino que aparecen sin previo aviso.

Hacer el set es también un juego, donde apuestas por los tempos, cómo quieres entrar en el disco y cómo quieres que circule. El orden lo hizo Edu Chirinos. Yo estaba un poco contaminada, y Edu, aunque ya no esté en la banda, es un Fighter y sabe cómo soy y cómo siento estas canciones. Yo necesitaba otra visión, y cuando me propuso este setlist lo vi clarísimo.

 




Siempre que hablamos de Fighter Pillow aparecen referentes muy 90’s.

Sí, yo siempre lo digo. Supongo que tiene que ver con la manera de tocar. Cada uno descubre la música de una manera determinada, y nosotros somos más de los 90 por edad. Aunque yo siempre he pensado que también es muy clásico, que tira más atrás, incluso. Me voy a finales de los 60, a los 70. Me gusta mucho el rock y el punk de los 70, soy muy de Wire, de Ian Dury, y hay bandas que nunca me canso de escuchar como The Sound, The Soft Boys

 

La mayoría de canciones son como balas con dirección y sentido, pero se da cierto espacio para la retórica musical, algún punteo, o el último crescendo de guitarras (que parecen teclados) de “Trick of bubbles” al final del disco.

Sí, ahora tengo mucha más libertad. Antes tenía que estar muy pendiente de la base, de que la estructura de la canción sonara fuerte, y no podía dedicarme tanto a tocar mi instrumento. Esta vez lo he tenido más fácil y me he podido soltar. Puedo dejar de hacer acordes y hacer punteos. Me divierto mucho más, ya no me siento tan atada al rol de aguantar las canciones, a mantener la intensidad. Ahora están mucho más repartidas las tareas, y lo disfruto.

 

Las letras son directas pero parecen reflejar sentimientos complejos, algo así como reflexiones sobre tu entorno y la gente que lo conforma. Por ejemplo, ¿a quién le dedicas “Fuzz you”?

Se la dedico a los cobardes. Me he encontrado con gente muy tóxica que tira de ti y te arrastra, hasta que llega un punto en que explotas.

Las letras tienen que ver con mi visión sobre muchos asuntos. También yo me he quitado de encima mucha mierda y mucha cobardía. No tengo ningún miedo a expresarme. Yo, como mucha gente, toco para sentirme bien. Es mi vía de escape, así que tengo que ser honesta conmigo misma. Y nunca le he tenido miedo a las palabras.


Imagino que la portada atrevidísima del disco, ideada por Sergi Vilà Borí (Heather) con foto de Cecilia Diaz-Betz, está conectada con todo esto.

Para mí es poesía. Lo que estoy diciendo dentro se ve reflejado fuera, en esa cubierta. Todo son cura-heridas. Un pecho rasgado de arriba a abajo, con tropecientos mil puntos. Es un dolor que tienes ahí cosido, pero lo transformas en algo bello.

 

Comentarios
Albert Fernández

En el desorden de los años, Albert Fernández ha escrito renglones torcidos en publicaciones como Mondo Sonoro, Guía del Ocio o Go Mag, tiempo en el que ha tenido oportunidad de ir de tapas con Frank Black o escuchar a Patrick Wolf bostezar por teléfono. Además, ha sido jefe de redacción de las secciones culturales de H Magazine, y ha aportado imaginación tras los micrófonos de Onda Cero, Cadena Ser y Scanner FM, donde facturó la sitcom musical de creación propia “2 Rooms”. Aunque sabe que no hay lugar mejor que aquel de donde viene, a Albert no le hubiera importado nacer en Gotham City o en el planeta Dagobah. Con tendencia a la hipérbole y a la imaginación desatada, Albert sigue buscando el acorde que dé la vuelta a sus días.

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albert@blisstopic.com

 

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