Menu

Jacques Greene

La memoria emocional

 

Vidal Romero

 

Como sucede con muchos de los miembros de esa generación de productores que surgió durante el último cambio de década, la música del canadiense Jacques Greene funciona como una acumulación de estilos; en su caso, añadiendo generosas trazas dubstep y R&B a unos temas que buscan su raíz en un house intenso y luminoso. Un house en el que se mezclan ritmos saltarines y contundentes, melodías ensoñadoras y fragmentos vocales recortados y manipulados. Su primer disco largo insiste en esta misma paleta de recursos, pero lejos de buscar el estallido en la pista de baile se centra en definir todo el rango de emociones que se desatan en los rincones del club, y eso convierte a “Feel infinite” (Lucky Numbers, 17) en una criatura extraña y fascinante.

 

Para mi sorpresa, el agente de prensa de Lucky Numbers no me cita con Jacques Greene, sino con un tipo que dice llamarse Philip Aubin-Dionne. “Es mi nombre auténtico”, explica al otro lado del teléfono, “el nombre de un joven francocanadiense que comenzó a producir temas hará unos diez años. Siempre he sido un poco inseguro, así que me he pasado la vida preguntando a la gente que tenía alrededor lo que pensaba acerca de mi música, con idea de avanzar y hacer cosas cada vez mejores. Pero ya sabes cómo son los amigos”, prosigue entre risas, “nunca te dan una opinión honesta del todo por miedo a herir tus sentimientos. Por eso, un buen día decidí inventarme nombres para que mis amigos pudieran ser sinceros, y sucedió que Jacques Greene comenzó a tener éxito entre ellos. Al principio pensé que sería un proyecto temporal, que más temprano que tarde se descubriría todo el pastel. Pero aquí sigo, diez años más tarde”.

 

 

Cuenta también Greene que la gestación de “Feel infinite” no ha sido precisamente sencilla. “Ni siquiera es la primera vez que intento grabar un disco largo”, confiesa. “En 2013 me senté en el estudio con esa idea en mente, pero después de grabar mucho y tener siete canciones prácticamente preparadas, comencé a sentirme un poco incómodo con los resultados. Por un lado, había demasiados cambios de estilo, que en general no resultaban naturales. Por otro lado, estaba intentando experimentar con las estructuras de algunos temas de una manera extrema, y lo cierto es que no estaba preparado para acometer un proyecto tan ambicioso. Además, mientras todo esto sucedía estaba viajando y pinchando mucho, y eso me desconcentraba. En un momento dado decidí quedarme con los tres temas que más me gustaban y tirar a la basura todo lo demás”. Aquellos tres temas terminarían viendo la luz en “Phantom víbrate EP” (14), lo último que nuestro hombre publicó antes de decidir que necesitaba un cambio de aires. “A mediados de 2015 me quedé tranquilo por fin, y retomé la idea de grabar el disco. Lo único que tenía claro es que quería hacer algo que  funcionara como un todo fluido, algo que se pudiera escuchar desde principio a fin y que de alguna manera contara una historia. Para conseguir algo así, tenía claro que necesitaba aislarme y concentrarme: dejé mi piso de Nueva York, me mudé a Toronto durante algunos meses y todas las piezas comenzaron a encajar. Sólo volví a Nueva York al final del proceso, para realizar las mezclas definitivas”.

 

Me llama la atención tanto interés por grabar un álbum. Para muchos productores es mucho más cómodo el formato EP, que permite ir publicando de una manera más continuada, y que además está más enfocado a la pista de baile.

Es cierto eso que dices, y posiblemente sea también más inteligente de cara a conseguir actuaciones. Pero la verdad es que se trata de algo que había querido hacer desde siempre: crecí en una familia en la que se escuchaba mucha música, así que los álbumes forman una parte fundamental de mis recuerdos y de mi educación sentimental. Imagino que por eso necesitaba tener uno hecho por mí.

 

 

A nivel formal, “Feel infinite” supone un cambio de estilo respecto a tus trabajos anteriores. Por ejemplo, la mayoría de los temas son más cortos de lo que suele ser habitual en tus producciones.

Es algo premeditado. Las versiones originales de los temas son más largas, y de hecho tengo la intención de publicar algunas de esas versiones extendidas más adelante, en formato vinilo, para que sean más fáciles de pinchar. Pero en el contexto del disco me interesaba mucho más conseguir una sensación de fluidez, que cada canción fuera deslizándose hacia la siguiente con suavidad, sin demasiados sobresaltos. Y para conseguir eso era necesario podar todas las introducciones y las transiciones, todos esos tramos en los que se repite la estructura del tema y que están pensados para conseguir que la pista del club funcione, pero que fuera de ese contexto pueden resultar aburridos. Así que mi trabajo ha consistido en eliminar los elementos sobrantes para quedarme sólo con la idea principal: esto es lo que quiero contar, no hace falta insistir más.

 

Imagino que por eso te ha quedado un disco más bien corto, al menos para los estándares de la música de baile.

Te confieso que me ha quedado mucho más corto de lo que había imaginado en un principio, y que se trata de un asunto que incluso ha llegado a preocuparme, no fuera que alguien se pudiera sentir estafado (risas). Pero ahora mismo me siento contento con el resultado. Me gusta imaginar que algún oyente,  cuando el disco termine de sonar, pueda pensar “es frustante, ya se ha terminado”, y acto seguido se lo vuelva a poner.

 

También se trata de un disco en el que la presencia vocal tiene mucho protagonismo, a pesar de que sólo hay un invitado, How To Dress Well, que canta en “True”. ¿De dónde has sacado todas las demás voces?

Depende de cada caso, pero es cierto que las voces han jugado un papel muy importante, convirtiéndose incluso en el punto de partida alrededor del que se han construido algunas de las canciones. La mayoría están grabadas por amigas mías, a las que pido que canten canciones falsas con frases inventadas para luego poder tratarlas y recortarlas a mi antojo. Pero también hay otras que están cogidas directamente de internet: me encanta explorar plataformas como Youtube o Soundcloud y samplear a gente que realiza versiones amateur de temas famosos. Versiones que son imperfectas pero que tienen mucho sentimiento, y que luego yo manipulo lo justo para que no se pueda reconocer al cantante. El resultado es extraño, porque notas que hay algo muy familiar en esa canción, pero no terminas de localizar a qué se debe esa familiaridad. Es pura memoria emocional.

 

 

Has dicho antes que buscabas una sensación de continuidad, y es cierto que la progresión narrativa dentro del disco es muy clara. ¿Significa eso que has ido componiendo las canciones de manera que fueran encajando entre sí?

Es una cuestión a la que he dedicado mucho tiempo, y como tú dices hay transiciones y arreglos que están pensados con esa finalidad: la de hacer que dos canciones se fundan en el interior de algo más grande. En el fondo, las canciones del disco forman pequeños ciclos, funcionan como capítulos en los que suceden ciertas cosas que apoyan a la historia principal. Esa idea de narración, o quizás de viaje, resulta fundamental cuando abandonas el entorno de un club y fabricas algo que la gente va a escuchar en su casa o en otro tipo de lugares más calmados. En ese sentido, creo que el hecho de grabar un disco es bastante parecido al de plantear un espectáculo en directo.

 

Hablando de este tema, la nota de prensa cuenta que el contenido de “Feel infinite” gira alrededor de los sentimientos que provoca el hecho de salir de clubes.

Desde el principio, los clubes funcionaron como lugares en los que determinados colectivos podían mostrar sus sentimientos sin miedo a ser perseguidos. Un espacio utópico, en el que se potencia la idea de comunidad y se reafirma la propia personalidad. Para mí, y aunque creciera en un momento en el que no tenía por qué sentirme oprimido, los clubes fueron muy importantes en un sentido parecido: en la última época de mi adolescencia me ayudaron a dar forma a una comunidad a la que todavía pertenezco, abrieron mi vida y mis ojos a diferentes realidades. En el fondo, un club funciona como un medio ambiente muy intenso y socialmente diverso: cuando tienes una semana de mierda, el club te puede ayudar a superar tus frustraciones, pero también puede llevarte a lugares oscuros. Mi idea era intentar transmitir todas esas realidades, todas esas sensaciones que puedes encontrar en el club. Puedes encontrar una buena fiesta, puedes encontrar el placer, pero también está presente el peligro. Y todas esas cosas están encerradas en estas canciones de alguna manera.

 

Comentarios
Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

Más en esta categoría: « Alejandro Escovedo Anntona »