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Bradien

Universo paralelo

 

Vidal Romero

 

Fotos Balbini

 

Aunque pueda sonar a contradicción, lo más característico de Bradien es que no tienen características reconocibles. Su música es una amalgama de sonidos acústicos y eléctricos, de samples extravagantes y melodías de juguete, que encajan en equilibrio inestable, dando forma a canciones de apariencia naíf y trasfondo muy complejo. En sus dos últimos discos, “Pols” (spa.RK, 12) y “Escala” (spa.RK, 15) –que por cierto, pueden encontrar entre lo mejor de 2015 para esta santa casa–, han añadido a este particular universo paralelo la voz del poeta Eduardo Escoffet. Una voz que, no podía ser de otro modo, se niega a comportarse como la de un cantante convencional: igual se arrastra monocorde que se pierde en juegos fonéticos, igual habla de política de manera oblicua que inventa arengas alrededor de la arquitectura. Un espectáculo único, en fin, que se presenta en directo esta noche, en el Teatre Romea de Barcelona.


Siempre me ha gustado de Bradien el hecho de que utilicéis instrumentos atípicos. Así que la primera pregunta es, ¿cómo decidís qué instrumento tiene que sonar en una canción? ¿Existe un proceso de acumulación y de descarte posterior, o tenéis las ideas tan claras que todo se decide de antemano?

(Pope): La instrumentación la decidimos generalmente en el mismo momento en que hacemos la canción, al menos en cuánto a los instrumentos más tradicionales, como la guitarra, la trompeta o el bajo. Algunas veces se quedan y otras veces, si vemos que la canción lo pide, reemplazamos la melodía por otro instrumento. Es decir, que componemos con un timbre y luego comprobamos si encaja o no, aunque últimamente acertamos a la primera. Luego llegan los aspectos más puramente sónicos, bien mediante el uso de samples y cosas así o, como sucede en “Escala”, trabajando las texturas con instrumentos acústicos.

(Matías Rossi): No es habitual que grabemos una pista que luego no utilicemos, pero también es raro que la utilicemos tal cual la grabamos. La postproducción es un proceso vital en lo que hacemos. En “Escala” este proceso también tuvo mucho que ver con la presencia de Stefan Schneider [To Rococo Rot, Mapstation, Music AM] y la manera en la que produjo el disco. Los días que compartimos con él en el estudio se dedicó, entre otras cosas, a cambiar elementos y a hacernos grabar cosas que sucedían allí de manera espontánea. Esto le añadió al disco una frescura que agradecemos con honores.

 

 

Por otro lado, aunque siempre utilizáis ritmos y sonidos extraños, la mayoría de vuestras canciones utilizan melodías sencillas, a veces incluso “reconocibles”. ¿Es algo premeditado, para añadir más confusión sobre el oyente, o es que sois así de naífs?

(Matías): Nunca lo había pensado en esos términos… alguna vez recuerdo haber hablado con Eduard de que, al menos desde nuestro punto de vista, la propuesta de Bradien tiene un carácter pop muy claro. Eso sí, un pop hecho desde la admiración por músicas menos populares.

 

Para cerrar esta parte de la entrevista, y aunque este tipo de preguntas acerca de “influencias” no suelen gustarme, hay dos músicos a los que me recuerda Bradien: Moondog y Pascal Comelade. ¿Son delirios de oyente, o existe algún poso por ahí dentro?

(Pope): Son dos músicos que nos gustan a todos, pero yo creo que se trata de cosas más inconscientes que consientes. Es decir, no hay voluntad de rescatar ni reciclar nada en el sentido de “vamos a hacer una canción como...”; eso no nos sucede nunca, al menos de manera intencionada.

(Matías): No puedo disimular mi sorpresa y emoción porque relaciones nuestra música con la suya. Es evidente que son dos artistas que tienen un sonido y un universo muy propio y eso es algo que admiramos. Dicho esto, me cuesta encontrar parecidos en el resultado, pero celebro que así lo sientas.

 

Ya que estamos: ¿cómo se construye una canción de Bradien? ¿Cuánto hay de idea preconcebida y cuánto de improvisación?

(Pope): No tenemos un método concreto para hacer la música. A veces alguno de nosotros trae un sample y nos ponemos a tocar por encima de él; otras veces, como para el concierto en el Teatro Romea, hacemos algo exprés: utilizando un teclado Casio SK5 conseguimos un sample con un sonido lo-fi y mierdoso, y lo montamos sin más.

(Matías): En general partimos de una secuencia básica que se repite. Estos “loops” o bien los traemos desde casa, o bien pueden aparecer de forma espontánea en el local de ensayo. Sobre esta base tocamos, improvisamos, probamos diferentes instrumentos. Una parte fundamental de este proceso es que grabamos, de manera rudimentaria, todos los ensayos. Esto nos sirve para recortar y rescatar las ideas que consideramos interesantes de cada sesión. Así vamos sumando capas, sonidos, melodías, ideas...

 

O sea, que os gusta improvisar. ¿Es algo que hacéis a menudo?

(Matías): Sí que nos gusta. Pero sobre todo nos gusta improvisar cuando buscamos algo. No tenemos el hábito de improvisar por el placer de tocar música.

 

Confieso que recibí la incorporación de Eduard Escoffet al proyecto con cierta suspicacia; temía que su presencia obligara a la banda a elaborar estructuras más sencillas sólo para dejar espacio a la voz. Sin embargo, el resultado ha demostrado que estaba equivocado: en “Escala”, en particular, ya no está recitando por encima de las letras, sino que se imbrica en las canciones e incluso éstas hacen por acomodarse a él. Así que la pregunta es qué ha cambiado, ¿ha tenido Eduard más peso en la composición que antes?

(Eduard Escoffet): El proceso de gestación del disco ha sido muy distinto. Hemos creado todos los temas desde cero en el local, trabajando como una banda o en un laboratorio. Y la voz ha pasado a ser un instrumento más; algo que me interesa mucho, porque no entiendo la voz como un simple transmisor de un mensaje o de un texto, sino también por sus cualidades sonoras y rítmicas. En general, ya no hay dos mundos separados (voz/texto y música/sonido), sino la búsqueda de una idea concreta en la que trabajamos los cuatro a la vez y todos construimos los elementos a la vez. En este sentido también ha ayudado mucho la producción de Stefan Schneider, que nos ha animado a abrir aún más los esquemas. Además, no quiero que el público esté centrado en entender el texto, que sería como quedarse con los subtítulos de una película. Detrás del texto hay mil detalles, y ya no tenemos claro cuándo empieza la música y cuándo la voz; creo que esto era algo que estábamos buscando. Quizás, más que cambiar se trata de añadir capas y profundizar en la experimentación, en el terreno que hay entre la electrónica y la poesía recitada, porque nunca hemos querido seguir formatos muy trillados.

 

A este respecto, la música tiene mucha más alegría que antes. Se deja llevar alrededor de las letras de Eduard, sin llegar a ser canción clásica, pero sí buscando una estructura.

(Eduard): Yo diría que este segundo disco es bastante más triste o si se quiere introspectivo. La muerte y el sexo tienen mayor peso. A la vez, como las canciones han surgido en improvisaciones y encuentros en el local, tienen formas más libres. En “Pols”, que recogía nuestros primeros trabajos, las canciones responden a estructuras más clásicas, porque a menudo partíamos de textos y músicas ya definidas. En “Escala” hemos ampliado el rango: desde canciones más estructuradas, como “Costura”, a collages sonoros o piezas muy esquemáticas, pasando por distintos usos de la voz y de los instrumentos.

 


Por otro lado, he detectado una mayor implicación política en las letras. Pero, a diferencia de lo que sucede con otros grupos españoles, es una filiación política sutil, más cercana a la atemporalidad de Robert Wyatt (cuyo “Shipbuilding” me sigue pareciendo una de las letras más poéticas acerca de la revolución obrera, y por alguna razón me parece conectada a Bradien) que a los ripios de Chikos Del Maíz. ¿Hasta qué punto importa la situación política actual a la hora de escribir las letras?

(Eduard): “Escala” es un disco muy político, pero también diría que “Pols” lo es, e incluso un poco más. No sé desvincular mi escritura de la política y de otros temas que me atraen y que están relacionados, como el urbanismo, el sexo, la arquitectura y la ecología. No es una reacción a la situación actual, sino algo que me ha acompañado siempre. Es más, en los últimos años he empezado a reivindicar el hedonismo como forma política, supongo que en respuesta a la repentina politización de muchas personas que hasta hace poco rechazaban la implicación política. “Pleasure is the ultimate rebellion“ va un poco en ese sentido: ya es tarde para ganar determinadas guerras que nos han vendido con el nombre de crisis, pero al menos hay un reducto de acción política al que no podemos renunciar: nuestro cuerpo y el placer. Y evidentemente, Robert Wyatt es para mí una referencia: me gusta su música y sobre todo cómo canta y la manera de abordar la política lejos del panfleto fácil y lejos también de los formatos musicales más trillados. No entiendo que se pueda defender una utopía política con formas musicales estandarizadas por el mercado. Y Wyatt, en ese sentido, es un referente claro.

 

¿Y entonces qué os parece este momento esquizofrénico en el que vivimos, en el que muchos críticos alaban a grupos con propuestas musicales pobres, sólo porque sus letras son “sociales” y “de izquierdas”?

(Eduard): Todo son modas. Creo que la política debe estar presente tanto en la manera de abordar la música y la poesía, en lo que se dice, como en su gestión, algo que a menudo se olvida (eso que llaman “buenas prácticas”). La política no es solo lo que se ve, es también (o básicamente) lo que uno hace cada día. Es inevitable ver cómo algunos se dejan llevar por el momento y la indignación general. En cierto sentido es bueno que no nos quedemos todos dormidos y nunca es tarde para despertar, pero todas las modas pasan, y dentro de poco algunas de estas propuestas politizadas en el último momento dejarán barbas, guitarras acústicas y proclamas para cantar ”Livin’ la vida loca”. El mercado es así. Pero ahí está Robert Wyatt, un faro. Siendo coherente con lo que decimos en nuestros discos, me gusta la cocina lenta, las ideas que han ido sedimentando en coherencia con una forma de vivir y de entender la música. Me gustaría pensar que lo que hay de político en nuestros temas no caduca, que no están sujetos a un tiempo y una necesidad temporal.

 

Para terminar, dos preguntas. Una: ¿os sentís cercanos a algún otro grupo nacional o extranjero?
(Matías): Nos encantaría responderte con facilidad esta pregunta… pero sinceramente nos cuesta encontrar proyectos con lo que nos sintamos cerca. De todas formas y porque no quiero eludir la pregunta, aquí arriesgo algunos enlaces a canciones/piezas que admiramos y que por alguna fantasía nos gusta creer que trabajamos en alguna zona en común:

 

 

 

 

 

 

Y dos: ¿qué verán los que se acerquen a vuestro concierto? ¿Existen grandes diferencias respecto a los discos?

(Eduard): Yo diría que los dos discos son bastante distintos, pero para nada antagónicos, sino más bien compañeros de viaje en nuestra evolución. De hecho, quienes vayan al concierto del Romea podrán escuchar temas de ambos discos, algunos con bastantes cambios respecto a las grabaciones. No sabemos quedarnos en un mismo punto, así que desde antes de que saliera el “Escala” algunos temas han ido cambiando y creciendo. El concierto quiere ser un resumen de todo este trabajo, que también incluye las proyecciones de Todojunto, que se han encargado del diseño de los dos discos, y la iluminación de Carles Borràs, que lleva tiempo trabajando con nosotros. Además, el espacio es un lujo: un teatro con mucha historia y buena acústica para que la gente se deje llevar y no se quede sólo con los subtítulos.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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