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Jóhann Jóhannson

Jóhann Jóhannson

La teoría del islandés

 

Vidal Romero

 

Aunque lleva en activo desde finales de los ochenta, el nombre del islandés Jóhann Jóhannsson no comenzó a hacerse popular hasta que fichó por el sello 4AD a mediados de la década pasada. Los discos que grabó para aquel sello, “IBM 1401, a user’s manual” (06) y “Fordlandia” (08), están considerados como pequeños hitos de la neoclásica; dos obras construidas con un particular sentido de la narrativa y mucha habilidad a la hora de mezclar recursos electrónicos y arreglos orquestales. Circunstancias que le abrieron las puertas de una industria, la cinematográfica, a la que ha dedicado la mayor parte de la última década con resultados notables: un Globo de Oro por la música escrita para “La teoría del todo” (14) y un puñado de bandas sonoras tan brillantes como las de “The miner’s hymns” (11), de Bill Morrison, o “Prisioneros” (13), de Denis Villeneuve. Precisamente estos días se estrena en España “Sicario” (15), la nueva película del director canadiense, para la que Jóhannsson ha vuelto a escribir la música.

 

Empecé a tocar en bandas cuando tenía 18 años, primero en un proyecto entre psicodélico y shoegaze en el que estuve implicado durante varios años, y luego en la banda de doom metal Ham, que es muy conocida en Islandia. Al mismo tiempo que tocaba con esos grupos estaba experimentando por mi cuenta, grabando las cosas que se me ocurrían, familiarizándome con técnicas de grabación y de composición. Herramientas que luego utilicé para grabar a ciertos artistas de pop”. Aunque le conocemos por sus discos de inspiración neoclásica, Jóhann Jóhannsson ha dedicado muchos esfuerzos al mundo del pop y del rock, tanto a nivel de músico (en muchas ocasiones mercenario) como en el papel de productor o ingeniero de sonido. Dos aspectos de su carrera que le han llevado a trabajar con artistas tan distintos como Marc Almond, Larsen, Barry Adamson o Pan Sonic, y que han influido de manera determinante en la manera que tiene de enfrentarse a la música. Eso sí, como él mismo aclara, “es importante explicar que la escena islandesa es pequeña y muy colaborativa, así que no existen esas divisiones entre música pop y underground o alternativa que se dan en países más grandes”.

 

Johann Johannson

 

¿Cuándo decidió empezar a trabajar con formatos orquestales?

Escribir música orquestal es algo que me había interesado desde siempre. Como ya he comentado antes, fui desarrollando una especie de sonido propio mientras atravesaba la veintena, y creo sinceramente que esos primeros experimentos, alrededor del noise y de la música electrónica, son tan importantes para lo que hago como mis estudios de composición para orquestas.

 

A pesar de ese giro ha mantenido dos bandas más, digamos, estándar a lo largo de los años: The Apparat Organ Quartet y Evil Madness.

Apparat Organ Quartet es una colaboración con un batería y otros tres teclistas. Tocamos órganos y viejos teclados analógicos bajo la inspiración del minimalismo y de bandas de música electrónica primitiva, como Kraftwerk, Cluster o Harmonia. Es un proyecto que se ha ido volviendo más accesible con el paso del tiempo, aunque al principio casi todo lo que tocábamos era música improvisada. Evil Madness, por otro lado, es también una colaboración con otros tres músicos islandeses, pero mucho más libre y difícil de definir; una criatura con auténtica vida propia. De todos modos, ninguno de esos dos proyectos está ahora mismo muy activo.

 

A principios de la década pasada grabó dos discos para el sello Touch, “Englabörn” (02) y “Virthulegu forsetar” (04), que estaban profundamente inspirados por el minimalismo de los setenta. ¿Era una especie de homenaje a sus maestros, o se trataba de un paso más dentro de su proceso de aprendizaje particular?

Aquellos fueron mis dos primeros discos en solitario, y también los primeros en los que por fin me atreví a mostrarme como compositor. Gran parte del material que contienen está compuesto entre los años 1995 y 2000, una época en la que estaba investigando las posibilidades que ofrecía la combinación entre sonidos procesados electrónicamente e instrumentos acústicos, sobre todo cuerdas, pianos y percusiones. Que tardara tanto tiempo en encontrar un sello donde publicar esos discos me vino muy bien, porque antes no hubiera estado preparado para grabarlos de manera apropiada. Ni siquiera creo que hubiera sido capaz de estructurarlos como piezas con un sentido propio.

 

Después de aquellos dos discos, llegó su fichaje por el sello 4AD, lo que conllevó un mayor reconocimiento. La música, al mismo tiempo, comenzó a incorporar un mayor número de elementos melódicos y un cierto estilo cinematográfico. ¿A qué se debió aquel giro en su manera de componer?

El sonido de aquellos discos era una consecuencia directa de lo que demandaba la música que estaba escribiendo. Comencé grabando “IBM 1401, a user’s manual” con un cuarteto de cuerda, pero los resultados no me terminaban de convencer, y entonces 4AD me ofreció volver a grabarlo con una orquesta de cuerda completa, que terminó por convertirse en la versión definitiva. En cuanto a la pregunta, no me gusta repetirme y hacer lo mismo una y otra vez. Me interesa ponerme retos cada vez que comienzo con un nuevo proyecto, y por eso nunca he grabado dos discos parecidos de manera consecutiva. Siempre hay algún tipo de progresión, una especie de inquietud.

 

 

No ha grabado un disco propio desde “Fordlandia”, en 2008. ¿Se debe a que tiene mucho trabajo escribiendo bandas sonoras, o tiene que ver con una cierta falta de inspiración?

En realidad, considero que “The miner’s hymns” es antes un disco en solitario que una banda sonora, por mucho que esté vinculado a la película que grabó Bill Morrison. Se trata de una colaboración para un proyecto audiovisual, en el que las imágenes están organizadas alrededor de la música, al contrario de lo que suele suceder. Pero para responder a tu pregunta, he estado trabajando en varios proyectos propios durante los últimos cinco o seis años, y parte de ese material verá la luz dentro de poco. De hecho, el primer cortometraje que he grabado, “End of summer”, aparecerá en DVD en el sello Sonic Pieces a principios de diciembre, y el mismo sello publicará la banda sonora, tanto en vinilo como en CD, aunque con contenidos diferentes. Se trata de música hecha en colaboración con Hildur Gudnadottir y Robert Aiki Aubrey Lowe. También hay una nueva pieza, “Drone mass”, que estrené en marzo en Nueva York y que tengo previsto grabar a principios del año que viene, para el sello Sono Luminus.

 

Habla de sus discos propios en términos muy visuales y narrativos ¿Cuáles son las diferencias, para usted, a la hora de escribir música para películas o para sus propios discos?

Cuando trabajas para alguna película hay ciertos parámetros que no puedes soslayar, tienes un armazón al que plegarte, tienes que establecer un diálogo con la película, con la historia que cuenta y sus personajes. Cuando escribo música para mis propios discos, en cambio, necesito crear un contexto a partir de la nada. Aparte de eso, hay pocas diferencias entre uno y otro caso. La música, al final, siempre proviene del mismo lugar.

 

Johann Johannson


Sus bandas sonoras suelen funcionar muy bien como discos en sí mismos. ¿Se debe esto a que trabaja el contenido más allá de lo que hayas escrito para la película, alterando el orden de las escenas o incluso añadiendo piezas exclusivas?

Suelo tardar mucho tiempo en grabar cada banda sonora, así que muchas veces hay material o versiones de ciertos temas que se quedan fuera de la película pero que funcionan muy bien por sí mismas. Pero también tienes razón en tus sospechas, me interesa mucho cuidar la secuencia y el material que incluyo en los discos para que funcionen por su cuenta, aunque eso signifique que el contenido no coincida exactamente con lo que aparece en la película.

 

Quiero felicitarle por el Globo de Oro que ganó con la banda sonora de “La teoría del todo”. Pero al mismo tiempo, tengo que reconocer que lo veo como el más convencional de sus bandas sonoras, la que contiene la música más ligera y sentimental que ha escrito hasta la fecha.

Lo que más me gusta de escribir música para películas es que cada caso tiene unas necesidades propias, cada película posee una atmósfera concreta y trabaja alrededor de un estado de ánimo particular que tienes que potenciar mediante el uso de la música. Es un proceso que siempre disfruto mucho: encontrar un equilibrio entre esa atmósfera que se me exige y los gestos y detalles que me definen como músico. En ese sentido, es cierto que nunca hubiera grabado un disco en solitario del tipo de “The theory of everything”, pero estoy contento con el proceso, porque me llevó hasta territorios a los que no habría llegado de otra manera.

 

También me gustó mucho la banda sonora que grabó para “I am here” (14) junto a BJ Nilsen, y que se publicó hace unos meses. ¿Qué puede contarnos acerca de este proyecto?

Benny y yo vivíamos en Berlín en la época en que lo grabamos, así que trabajamos de una manera muy cercana, enseñándonos las pistas el uno al otro de manera constante y terminando todo el trabajo en un tiempo récord, apenas cuatro semanas. De todos modos, no es una colaboración ocasional, porque Benny ha participado en varias de mis bandas sonoras. Por ejemplo, en la de “Sicario”.

 

Hablemos entonces de “Sicario”. Es la segunda ocasión en la que colabora con el director, Denis Villeneuve.

Creo que Dennis y yo tenemos instintos parecidos. Me gusta mucho su estilo visual y la atmósfera que le imprime a sus películas, y creo que la música que yo escribo encaja perfectamente en su universo particular. Estamos trabajando ahora mismo en nuestra tercera película juntos, así que estamos desarrollando una especie de código privado a la hora de comunicarnos, lo que facilita mucho todo el proceso. Pero sobre todo, es muy interesante trabajar a su lado, porque tiene tendencia a llevarte siempre hacia el extremo, a lugares en los que nunca te hubieras imaginado.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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