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Retribution

Gospel Choir

Sinergia con el caos

 

Albert Fernández

 

Cuando pase algún tiempo, los menos distraídos recordarán que el nacimiento de Blisstopic coincidió con la más extensa gira española de Retribution Gospel Choir. El trío liderado por el mítico Alan Sparhawk de Low, junto a sus no menos legendarios compañeros Eric Pollard a la guitarra, y el bajista Steve Carrington, protagonizan otro retorno inesperado, con su tercer álbum como gran premisa. “3” (Chaperone, 13) se presenta en sociedad ante una audiencia cada vez más atónita con los desvíos experimentales del líder de Low. Precisamente, el último disco de ‘la otra’ banda de Sparhawk se significa por ser una suerte de hijo bastardo y rarito del pulso en vivo de la banda. Si hablamos de familia, hay que conceder que, mientras empezamos a hablar con el mismísimo Alan Sparhawk, sentimos que no podría haber un padrino mejor para el nacimiento de Blisstopic.

 


Por juguetear con el título de una de sus canciones pretéritas, “Working hard”, podríamos decir que en “3” Retribution Gospel Choir se dedican más bien a “Working soft”. Las canciones de “3” nos llegan laxas, liberadas, incontenibles: dos (¡sí, solo dos!) piezas sin noción del tiempo, que ascienden crestas duras de caos ancho y crudo, o se disuelven en un mar amorfo de distorsión, creciendo y expandiéndose hasta cada remota cavidad del cerebro. Retribution Gospel Choir regresan a la península dispuestos a poseerte, en una gira que se presenta extensa como ese nuevo cancionero que no entiende de finales. “Queríamos acelerar un poco el proceso que nos lleva a encontrar gira, así que le dijimos a nuestro promotor lo que teníamos en mente, y él nos propuso todas estas fechas por vuestra tierra”, empieza Sparhawk. “Fue toda una sorpresa, una de las buenas. Lo digo porque, probablemente, el mejor recuerdo que nos ha dejado una gira con Retribution Gospel Choir fue la larga gira que hicimos por España hace dos o tres años”.

 

 

Como suele pasar con toda banda paralela, cuando apareció el primer disco de Retribution Gospel Choir, se asumió que aquello era un escarceo, una aventura de un solo disco, algo de corta vida. La nueva gira de la banda, así como ese tercer carismático disco, demuestran que este coro del castigo se perpetua en su continuo glorioso y esquizofrénico. Es momento de preguntar en qué momento se hicieron necesarias ese otro tipo de composiciones para Sparhawk, y hasta qué punto fundaron Retribution de manera algo anecdótica. “Sí, empezamos con algo así en la cabeza. Nos gustaba lo que emergía cuando tocábamos juntos, percibíamos que había ciertos aspectos que cambiaban respecto al sonido de Low, que era algo diferente de lo que hacíamos normalmente. Cuando empezamos, en realidad fue para un único show. Comentamos vagamente “bueno, tal vez podamos hacer otro”, y luego lo fuimos construyendo. Nos dimos cuenta de que habíamos creado un nuevo espacio por el que avanzar. Así que Retribution se ha convertido en algo muy vivo, y esperamos que las nuevas canciones sigan atrayendo gente. Lo cierto es que hemos tenido mucha suerte”. Es curioso que en estos tiempos, cuando muchos músicos tienden a buscar alianzas y cameos en su música, con discos cargadísimos de ‘features’, alguien ose buscar una alternativa en sí mismo. Sparhawk parece moverse en la dirección contraria, crecer contra el grano. Retribution Gospel Choir es en realidad tres cuartas partes de Low, algo así como ‘Alan Sparhawk y sus aliados de toda la vida’. Nada de estrellas invitadas: aquí hay reconcentración, recogimiento y ovillo doble. “Ahora que lo dices, es un poco raro, sí (risas). Es difícil explicarlo desde mi punto de vista, no tengo perspectiva en ese sentido. No sé, con Low y Retribution siempre me he sentido muy cómodo, siempre soy yo mismo, nunca tengo la sensación de tener que ponerme un traje diferente, u otro sombrero. Es algo muy natural, y probablemente tenga más que ver con el resto de gente en la banda que conmigo”.

 

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La otra arista esencial para hilar esta unión son los parámetros humanos de la banda. Retribution son tres tipos, sin más. Alan Sparhawk, Matt Livingston y Steve Carrington, los tres solos, encerrados con su música. Aunque tal habría que cuestionarse si se trata de una formación abierta, puesto que Mimi Parker, la mujer de Sparhawk, batería y vocalista de Low, ha contribuido con voces en algunas de las canciones de Retribution Gospel Choir. ¿Hablamos de un paquete cerrado, o la cosa puede fluctuar un poco? “Bien, la idea es que somos los tres. Por alguna razón, tres personas funcionan muy bien. Hay mucho espacio, y eso hace que de alguna manera, cada uno tenga que comprometerse en abordar la canción y encauzarla en algún punto. Exige que estés enfocado, completamente metido. Cuando hay cuatro personas, se da margen para que a veces uno se esconda un poco, se relaje,  entre y salga. Siendo tres, siempre estás en ‘modo ON’. Aunque no toques nada, eres una parte vital de lo que sucede en cada momento”. El último disco de Retribution Gospel Choir es la perfecta encarnación musical de todo lo que cuenta Sparhawk. Tres músicos, dos canciones y una intensidad que navega, se enreda y satura, pero nunca desciende. En la ecuación, hay que darle importancia al tiempo que la banda se toma para cada canción: para “Can’t walk out”, un ejercicio de contundencia y riffs crónicos y desgarbados, que respira sin apenas voces a la sombra del Neil Young más crepuscular, supera el cuarto de hora, mientras que “Seven”, la cara más lisérgica y ondulante del disco, con la contribución guitarrera de Nels Cline de Wilco, alcanza los veintiún minutos. Sparhawk ha ponderado esa idea: hacía falta llevar todas las corrientes adelante, hacer evolucionar cada melodía tomara el tiempo que tomara. “Eso es. Cualquiera que nos haya visto tocar en directo, sabrá que acostumbramos a hacer las canciones más largas, y nos entregamos a ese tipo de improvisaciones. Para “3” tenía un par de ideas sólidas para esas piezas. Las habíamos tocado en algún bolo, y cada vez que volvíamos sobre ellas nos gustaban más, así que seguimos y seguimos. Llegamos a la conclusión de que representaban la manera perfecta de expresar esas corriente de improvisación que practicamos. Hacer un disco así era como volcar nuestra energía del directo. Además, me interesaba poderosamente el contraste, pues lo último que habíamos editado era un 7 pulgadas, muy corto, “The revolution EP”. La combinación de “3” y “The revolution EP” enmarcan a la perfección lo que hacemos. Esos dos discos describen todo nuestro espectro”.

 

Como si fuera el relato sonoro de una obsesión, “3” emerge como retrato de una entidad musical a partir de grabaciones histéricas, cargadas de complicidad y telepatía, en tomas únicas y registros de directo. “Sí, sí, desde luego. Una vez tuvimos estas canciones, nos dijimos: ‘bien, vamos a hacer un disco que traduzca todo esto de manera literal, que plantee lo mismo que habita en nosotros mientras tocamos cada pieza durante tantos minutos’. Para mí es muy natural, es lo más honesto y cercano al hueso que hemos hecho. Desde luego, fue toda una sorpresa: ya habíamos editado un par de discos, y de repente surgieron aquellas canciones. Pensamos que tal vez debíamos hacer algo que fuera más allá del típico disco. Escribir estas canciones, y tocarlas, para nosotros fue como encontrar una nueva forma de realizarnos. Llevar las cosas a ese extremo del directo, romper las paredes de la estructura, fue como saciar una extraña sed”.

 

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Más allá de la dislocada estructura y la radical duración de cada corte, “3” pone de frente dos caras muy disonantes del sonido de la banda. Por un lado, tenemos “Can’t walk out”, una canción de peso y fuerza, que libera una tormenta de guitarras y tensión. Cuando giras el disco, amanece “Seven”, y te transporta a un ambiente ingrávido, etéreo, pura psicodelia y flotación espacial en un jam infinito, donde Cline se comporta como un miembro y hermano más de la banda. Aunque ambas comparten esa idea de fluir con la línea melódica, haciéndola pasar por diferentes tamices y estados, y haciéndola crecer. “Trabajar con esas duraciones es muy interesante. Con Low, todo el mundo sabe que experimentábamos con piezas similares, largas y repetitivas, como círculos. En este disco, con Retribution, lo que emerge en cambio es algo abierto. Es la primera vez que siento algo así. Esos temas formulan con mucha trascendencia lo que hacemos en directo, pero jamás pensé que podríamos hacer algo así en un disco”. Escuchando “Seven” llegas a pensar que estas canciones podrían representar además una especie de protesta irónica ante toda esa gente que ya no escucha discos enteros, y prefieren el bombardeo de singles dispersos. Un poco como decir: ah, vale. Solo quieres escuchar una canción? ¡Pues aquí tienes una de veinte minutos! . “Sí, sí… ¿Una canción, dices? ¡Te lo vamos a dar todo!”, responde Sparhawk entre risas. “Pero es cierto. Siempre he querido ‘forzar’ en cierto modo a la gente a ver las cosas de otra manera. Lo mejor de hacer música es que cuando llegue el final del día en que sientas que estás retando a la gente. Todo el mundo está acostumbrado a esos bocados cortos de música, es como si todo estuviera organizado para que solo pueda suceder así. Ante esa inercia, todo se vuelve aún más extraño cuando escuchan algo que les lleve un tiempo. Eso lo hace todo más intenso: ser valiente e intentar otras cosas”.Si hay algo más loco que esas derivas desmesuradas que te hacen estallar la cabeza, es un vídeo clip como el que acompaña a “Seven”. Te quedas mirando a esos tres tipos bailando con sus pasamontañas en una habitación anónima y piensas: ¿qué mierda es esto? ¿Qué está pasando aquí exactamente?. “Sí, creo que te entiendo (risas). Ey, ¡solo bailábamos! Nos dejamos ir, como la canción. En la banda solemos tener ideas para cosas como esta, el arte, los vídeos. Vimos muy claro que esta era una gran oportunidad para hacer algo extraño, que sigue y sigue y parece no tener fin (risas). Cuando vimos las máscaras, tuvimos muy claro lo que teníamos que hacer: ¡encender la cámara y bailar!”. (carcajada)

 

 

Desde luego, es raro, raro. Podrían aparecen como un inserto jodido de una peli de Lynch, o algo similar. “Sí, sí. Bueno, es… te entiendo, vamos (risas). Es bastante peculiar. A Lynch le pasa algo parecido con sus películas: no sabe cuando parar”.

 

Con todo lo dicho, cuando Alan Sparhawk empieza a componer algo, ¿en qué momento sabe que eso será una canción de Low, o que más bien posee esa otredad que la haría más atractiva para formar parte del cancionero de Retribution Gospel Choir? “A veces es obvio, la melodía surge con un feeling muy concreto. De hecho, cuando compongo, trato de probar diferentes cosas para cada canción, un poco de esto y un poco de aquello. Y la verdad es que a menudo, cualquiera de las bandas podrían presentarla. En todo caso, hay unas cuantas canciones de Retribution Gospel Choir que son mucho menos versátiles. El otro día las estábamos ensayando con Low y tocamos algunos temas de Retribution, nos pusimos a jugar y fue emocionante. En definitiva, a veces lo ves muy claro, y otras la canción puede ir a cualquier sitio. Ciertas canciones no dependen de quien las toque o las cante”.

        

Gira de Retribution Gospel Choir por España:

 

24 de octubre – Valencia – Wha Wha

25 de octubre – Zaragoza – La Lata de Bombillas

26 de octubre – Beasain – Jazpana Festival

28 de octubre – Manresa – Teatre Kursaal

29 de octubre – Castellón – Four Seasons

30 de octubre – León – Taberna Belfast

31 de octubre – Valladolid – Sala Experimental Teatro Zorrilla

 

Albert Fernández

En el desorden de los años, Albert Fernández ha escrito renglones torcidos en publicaciones como Mondo Sonoro, Guía del Ocio o Go Mag, tiempo en el que ha tenido oportunidad de ir de tapas con Frank Black o escuchar a Patrick Wolf bostezar por teléfono. Además, ha sido jefe de redacción de las secciones culturales de H Magazine, y ha aportado imaginación tras los micrófonos de Onda Cero, Cadena Ser y Scanner FM, donde facturó la sitcom musical de creación propia “2 Rooms”. Aunque sabe que no hay lugar mejor que aquel de donde viene, a Albert no le hubiera importado nacer en Gotham City o en el planeta Dagobah. Con tendencia a la hipérbole y a la imaginación desatada, Albert sigue buscando el acorde que dé la vuelta a sus días.

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albert@blisstopic.com

 

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