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Sam Amidon

Savia joven, raíces profundas

 

Javier Burgueño 

 

Sin duda la música tradicional americana necesita alguien como Sam Amidon, alguien que la zarandee desde su interior, respetando las raíces pero a su vez hinchándolas de savia nueva para hacer que las canciones crezcan fuertes y sanas, sabrosos frutos hijos de injertos imposibles. “Lily-O”, su último trabajo, sigue por ese camino, podremos verlo en directo en noviembre los días 26 (Barcelona, Antiga Fàbrica Damm, 27 (Zaragoza, La Lata de Bombillas) y 28 de octubre (San Sebastián, Garoa Kultur Lab).

 

¿Para ti cuales son las principales diferencias entre “Bright Sunny South” (Nonesuch, 2013) y tu último disco, “Lily-O” (Nonesuch, 2014)?

Bright Sunny South” es un álbum que construí durante un largo periodo de tiempo, la grabación del disco en sí duró solamente una semana, pero estaba basado en música en la que había estado trabajando durante mucho tiempo, como una escultura. Es muy personal, solitario, una escultura solitaria. Sin embargo “Lily-O” fue muy rápido, acabé la música unos días antes de grabar, tuvimos cuatro días de grabación, y fue más social, mis amigos y yo tocando música y dando forma a un mundo de sonido, esas son las diferencias.

 

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Una amiga me pregunta por la portada, ¿de dónde viene la imagen?

Es una fotografía tomada por un amigo mío inglés a principios de los 70 en Afganistán, en las montañas del país. Se trata de su hija y algunos soldados, en lo alto de la montaña en Afganistán en 1972 o algo parecido, me encanta la portada porque me recuerda a sitios remotos, a mi hogar en américa, y también porque parece una canción folk, la historia de una niña pequeña perdida en la montaña que se encuentra unos soldados. Es un mundo perdido, la foto es relativamente reciente, pero es un mundo que ya se ha perdido. Tuve mucha suerte de encontrarla, no tenía muchas ideas para la portada y de repente vi la foto en el muro de mi amigo y le pregunté si podía usarla.

 

Para el disco anterior contaste con Jerry Boys a la producción y ahora has vuelto a contar con Valgeir Sigurðsson, con el que ya habías trabajado. ¿Qué buscas con ese cambio? 

Para “Bright Sunny South” quería un sonido muy áspero y crudo, y en mi opinión Jerry Boys es un productor que consigue sacar la crudeza de la madera de los instrumentos. A su vez Valgeir graba la música de una forma muy clara, brillante. En los dos casos yo produje la música del álbum, en el sentido en que ellos no hicieron arreglos para el disco, pero sí que se encargaron del resto: siendo el primero en llegar, ayudándonos a decidir cual era la mejor toma, mezclando el disco y dándole sentido al sonido, y para esto quería obtener una sensación diferente de sonido en cada caso. Además Valgeir es mi amigo y hacía mucho tiempo que no trabajaba con él así que lo echaba de menos y quería visitarlo.

 

Has contado con la participación de Bill Frisell en el disco, ¿cómo surge la idea de trabajar con él?

Él es uno de mis grandes héroes desde que yo era un adolescente y tuve la gran suerte de que nos hiciéramos amigos hace unos cinco años. Siempre habíamos tenido la idea de trabajar juntos pero no sabíamos cómo, habíamos tocado en algunos conciertos con Jason Moran y en otros en formato dúo y nos habíamos divertido mucho. Además nos encantaba la idea de hacer que su sonido interactuara con mis canciones.

 

 

¿Qué aporta Bill al disco?

Un sonido amplio y expansivo, Bill lleva consigo un mundo de sonido allá donde va. Él aporta ese sonido y también un bello sentimiento  de detalle e improvisación.

 

¿ Al trabajar juntos sigue tus directrices o improvisa?

Si le pido algo él lo intentará, pero básicamente dejo que los músicos intenten lo que se les ocurra, ellos hacen lo que quieren y luego yo les doy mi feedback. Pero no es algo que ocurra solamente con Bill, eso es algo que hago con todo el mundo con quien trabajo.  Chris Vatalaro y Shahzad Ismaily, batería y bajo, hacen lo mismo, ellos tocan como quieren, luego yo puedo sugerirles cosas pero siempre les dejo que prueben lo que consideren, confío en ellos. Es algo que pasa también con Nico Muhly, que hizo los arreglos orquestales de mis discos anteriores, él hace lo que le apetece, de tal forma que a veces ni siquiera sé lo que va a hacer. Es una forma muy abierta y colaborativa de grabar un disco.

 

Todas las canciones que has grabado son canciones tradicionales, ¿cómo decides qué canciones quieres grabar?

Son canciones tradicionales pero yo cambio y reescribo gran parte de la música. Muchas veces escribo la música primero, y más tarde una canción acaba encima de esa melodía. Suele tratarse de alguna canción que recuerdo, algo casi aleatorio, normalmente elijo una canción porque es algo personal, por ejemplo una canción que me gusta que a lo mejor hace unos días que suena en mi cabeza. 

 

O sea, primero viene la música y después adaptas una canción tradicional a ella.

Exactamente. Muchas veces escribo la parte de guitarra y después elijo la canción entre las que me gustan. No conozco tantas canciones, solamente me sé las que me gustan y que creo que son interesantes.

 

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Sin embargo en los créditos del tema “Down the line” solamente aparece tu nombre.

 La única razón es que en ese caso cambié la canción tanto que no necesité indicar de dónde venía. Es una cuestión de porcentajes, esa canción es noventa por ciento Sam Amidon diez por ciento folk song, no tenía sentido acreditarla como una canción folk, mientras que “Blue montains” es sesenta/cuarenta o “Walkin’ boss” es cincuenta/cincuenta, en el fondo no es más que una cuestión de porcentajes. La melodía de Down the lineera mía, la música era mía, lo único que quedaba de la canción original eran tres palabras, no son tantas palabras.

 

Desde la escena alternativa eres muy admirado, pero ¿qué opinan los puristas del folk sobre ti?

Creo que también les gusta lo que hago, han escuchado las canciones de la forma tradicional durante tanto tiempo que es divertido para ellos escuchar algo diferente, y debe ser excitante para ellos ver a gente joven haciendo este tipo de música.

 

¿Has pensado en grabar alguna vez un disco con canciones como “Down the line”, en la que casi toda la música sea tuya?

 Si pasa de forma natural sí, pero es algo sobre lo que no me preocupo. No estoy preocupado sobre si una canción es mía o de otra persona, no es importante para mí.

 

Javier Burgueño

Javier Burgueño pasó su juventud en el Vallés Oriental (Barcelona) donde se inició en esto de la crítica presentando y coordinando un programa musical de la televisión de su pueblo durante la bendita locura analógica de las televisiones locales de principios de los 90 (asegura que ya no quedan copias de los programas, se encargó personalmente de ello una noche de verano). El experimento fue divertido y dejó un poso latente que volvió a aflorar con el cambio de siglo cuando empezó a colaborar asiduamente con la web del programa de radio madrileño “El otro lado del telescopio” y más tarde con www.pinypondjs.com. Ha sido colaborador de Go Mag desde el 2007 hasta su desaparición de los quioscos el pasado junio de 2013.

 

javier@blisstopic.com

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