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Laura Veirs

El amor lo estropea todo

Vidal Romero

 

Es algo que cada vez tengo más claro: si todos notamos que, cuando un amigo se echa novia (o novio), se pierde un poco para la vida social, con los músicos debe suceder lo mismo, sobre todo cuando hablamos de tipos que hacen de la tristeza y el desengaño su motor creativo.  

Sí, el amor lo estropea todo, incluso a una chica como Laura Veirs, que a duras penas ha superado el estatus de "cantautora indie de culto" y que suele mirar desafiante desde las portadas de sus discos, armada con unas gruesas gafas de pasta y vestimenta decididamente freak. "No soy una intelectual", se defiende, "es sólo que no tengo por qué fomentar una imagen sexy cuando yo no soy así". Una respuesta estupenda, pero que no casa muy bien con el meloso contenido de "Saltbreaker" (Nonesuch, 07). Para Veirs, su cuarto disco largo "refleja los cambios que han sucedido en mi vida en los dos últimos años". Los más importantes, "que ahora vivo en Portland, y que tengo un novio nuevo". Bobby, que así se llama el afortunado, es también el protagonista de unas canciones "más directas y honestas. Esta vez quería hablar de las cosas que me pasan sin disfraces ni metáforas, quería hablar de ser feliz y de tener esperanza". Y el problema es que, con ese cantar su amor a los cuatro vientos, Veirs ha perdido ese encanto ligeramente abstracto que tenían sus canciones, que la convertían en una cantautora con un punto especial. "No creo que este disco signifique un cambio demasiado radical", argumenta ella. "Es cierto que ahora vendo más discos y doy muchos más conciertos, incluso giro por países a los que antes no hubiera llegado, pero el proceso ha sido gradual y no afecta a mi manera de componer".

 

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No deben creer lo que dice: mientras que en sus discos anteriores suena como una cantautora acompañada por músicos aficionados, "Saltbreaker" parece el trabajo de una banda formada por músicos de estudio. "Hay algo de cierto en eso", confirma Veirs, "los chicos que me acompañan ahora son mejores músicos, más abiertos y tengo confianza en ellos. Pero tampoco les dejo meter mucho la mano en mis canciones: las llevo escritas desde casa y luego les doy forma en el estudio con ayuda de Tucker Martine, mi productor, que es el único que merece que comparta el crédito de estas canciones", y tal vez el responsable de ese aliento comercial, impersonal, que exuda el disco y que parece diseñado para que Veirs acaricie el favor de las radiofórmulas. Ella les dirá que no hay que buscarle tres pies al gato, que "es sólo un disco de pop con buenas canciones, sin más pretensiones", pero la verdad es que la preferíamos antes, cuando era más pretenciosa, más ambiciosa, mejor.

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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