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Russian Red

Atrapando el Pez Dorado

 

David Giménez

 

Con la escucha de los primeros compases de “Michael P”, la conciencia de que algo ha cambiado en Russian Red se vuelve tan irrefutable como la necesidad de los días de lluvia pare ver los valles reverdecer. Dotado de un sonido soberbio y compacto, subido de decibelios, “Agent Cooper” (Octubre / SonyBMG, 14) es la plasmación de una apuesta personal de la madrileña por una manera de componer surgida desde lo más profundo y honesto de su ser.

 

Encuentro que es un disco que, de manera general, suena muy 80s, y que tan pronto puede deambular entre los recuerdos de nombres como The National o los primeros Interpol por su tratamiento rítmico, su intensa melancolía y la tendencia a la grandiosidad, como seguidamente recordar a bandas norteamericanas de rock de aquella década.

Cuanto más hablo con la gente del disco menos sé que es el disco a nivel de etiquetas sonoras. Cuando termino una canción, en el momento que la gente empieza a escucharla, deja de ser mía y se convierte en algo que es para todos los demás. Eso, en sí mismo, es la maravilla de cualquier disciplina artística.

 

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Me parece que esta tercera entrega discográfica es toda una demostración de riesgo por tu parte. En un país donde, cada vez y con mayor frecuencia, los pocos músicos que alcanzan una cierta cota de popularidad se asientan y acomodan en una actitud funcionarial con respecto a la música, asegurando el éxito popular y sus ganancias a base de la repetición insaciable de sus fórmulas, quizá lo más fácil para ti habría sido seguir la estela musical de “Fuerteventura” (Octubre, 11), ¿no crees?

Es que si no hago lo que he hecho en “Agent Cooper” me muero. Agradezco todo esto que estás diciendo porque tus palabras son un apoyo bello, honesto y muy reconfortante. Sí es verdad que he estado trabajando con un productor, Joe Chiccarelli, que me decía “¡pero si tú vienes de un disco como “Fuerteventura”!. Él tenía un miedo por el resultado final de “Agent Cooper” que yo no tenía. Le dije: “entiendo tu preocupación, entiendo que para ti es un trabajo pagado por el sello, y por tanto, tienes una responsabilidad hacia ellos, pero para mí es mucho más”. Yo no podía seguir el patrón musical que quizá el sello estaba esperando de mí. Para mí es mucho más que un trabajo, está tan conectado con quién soy... A través de la música expreso el resultado de mi búsqueda personal y vital. Tengo la enorme suerte de que puedo vivir de la música, por tanto, me da la sensación de que más que valentía lo que sucede es que me permito la libertad de hacer lo que quiero. Ahora lo veo así, como una fortuna, porque antes lo veía como una responsabilidad, y no estaba segura de si quería aceptarla. 

 

 

Las canciones tienen unas ambientaciones muy logradas. “Xabier” o “Neruda”, van más allá y, por su sonoridad onírica, me recuerdan a Angelo Badalamenti, a Julee Cruise, a "Twin Peaks". Al margen del título del álbum, me parece que todo te conduce a David Lynch de una u otra manera en este disco. Estuviste en un acto suyo recientemente, ¿no es así?

Sí, me invitaron a un acto de su Fundación y ahí fue donde de repente se me rebelaron muchas cosas porque estaba atravesando por un momento de florecer muy bonito después de un año que en lo personal se había presentado muy duro. Tuve que venir a Madrid para hacer un par de gestiones y me propusieron cantar una canción durante la velada. Escuché con atención como Lynch hablaba acerca del mundo de las ideas, de cómo tiene él acceso a la inspiración y a este mundo de las ideas, de cómo trabaja con la imaginación. Su exposición, lo que dijo, me resultaba muy familiar. Sencillamente estaba poniendo forma a un montón de cosas que yo había experimentado pero que no había ordenado, a las que no había puesto nombre. Fue muy motivador. Luego, cuando acabé de cantar mi canción, se acercó y me dijo que le había gustado mucho. Recuerdo que esa noche llevaba el vestido que luzco en la portada del “Agent Cooper” y también que entonces buscaba un título para el álbum. De repente todo tuvo sentido. Fue un momento precioso, super bonito. En ese momento me sobrecogió absolutamente. Sentí que todo se unía y comenzaba a cobrar un sentido realmente revelador. Lynch afirmó, por ejemplo, que para ser un artista no tienes que sentirte un desgraciado, todo lo contrario. Puedes conectar con cosas oscuras, aspectos tenebrosos de la vida, pero eso no tiene porque arrastrarte hacia ese lado de manera definitiva. Hay personas que tienen ese don, esa sensibilidad de conectar con un lado oscuro y de contarlo, de transmitirlo, pero eso no significa que vivan allí.

 

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El disco, al menos a nivel de títulos, te debió obligar a hacer un repaso sobre algunos momentos de tu vida. Todo repaso implica una cierta dosis de melancolía, y el disco parece estar empapado de ella. En ocasiones la luz vence a la oscuridad, otras no. ¿Qué sientes hacia “Agent Cooper” ahora que lo ves acabado?

Desde que era preadolescente, que es hasta donde viaja este disco en cuestión de tiempo y en cuestión de repaso, estaba obsesionada con el amor de una manera muy concreta que había heredado de manera cultural. Había hecho de ese tipo de amor mi religión, y cuando crees demasiado fervientemente en lo que sea, te cierras muchas puertas. Sentía que antes de pasar a hacer otra cualquier otro disco antes tenía que cerrar una etapa aprovechando este. Para mí está siendo duro hablar de este disco porque estoy en mitad de mi propio proceso todavía. Aquí (refiriéndose “Agent Cooper”) hay una cosa que está pasando de verdad, luego te puede gustar o no, pero desde luego no me puedes cuestionar que sea sincero, honesto. Para mí hay un antes y un después de este disco. Con él se cierra una triología que versa en torno al amor. En “I love your glasses” (Eureka, 08) el amor es anecdótico, curioso; en “Fuerteventura” ese aspecto del amor se reafirma; y en “Agent Cooper” es un recuento para hacer un borrón y cuenta nueva.

 

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Me parece que “Agent Cooper” es tu trabajo mejor cantado e interpretado. Tu voz está al servicio de las canciones, de sus letras, su música, de las emociones que desprenden. Abandonas el lucimiento, el virtuosismo, en beneficio del todo. ¿Lo sientes así? ¿Cómo viviste el proceso de grabación del disco?

Lo viví en dos momentos muy diferentes entre sí. Una semana antes de entrar a grabar con la banda se murió mi abuelo, el primero de los cuatro. No me dio tiempo a asimilar nada. Me metí a grabar un disco y no sabía lo que me estaba pasando por dentro. Sin quererlo, sin saberlo, comencé a vestirme de negro. Tenía un luto inconsciente, y eso fue tremendo porque no me daba cuenta. Soy de llevar mucho color. Supongo que hacía esfuerzos por estar concentrada en el momento de la grabación. Cuando tres meses más tarde hice las voces acababa de terminar mi última experiencia amorosa hasta la fecha, una que me conectaba emocionalmente con la adolescencia. Hay algo presente todo el tiempo en el disco: la búsqueda del amor. Tuve la ‘gran suerte’ de que me partieran el corazón justo antes de entrar a grabar las voces. Y digo suerte porque el sentimiento que había alimentado las canciones en un inicio era el sentimiento por el que estaba atravesando en ese mismo instante. Sentía que algo estaba roto, y que si no trataba de solucionarlo me resultaría imposible proyectar bien lo que quería. Este disco lo puedo escuchar, y sentir que la voz está bien, en su sitio y me gusta escucharlo. Con los otros me pasaba que la voz me interrumpía el hecho de poder disfrutarlos. Me siento orgullosa de él. 

 

David Giménez

David Giménez es ante todo emo. Emo y épico. Ese rasgo camufla prácticamente por completo sus otras virtudes. Ha formado parte de tres conjuntos musicales que han dado mucho de que hablar en el panorama musical independiente (Cabeza Borradora, Pumuky y Partido), ha co-dirigido numerosos festivales de Pop y Electrónica celebrados en Canarias durante el primer lustro del nuevo siglo (OCA Festival, Colores Tenerife, Inspiración Tenerife, Geografías del Sonido), y fue mánager de artistas como Patrick Wolf y Abraham Boba, además de gestionar La Sala Castelló de Barcelona, también ha trabajado en el sello Limbo Starr; y aún habiendo escrito en medios como La Vanguardia, Go Mag y H Magazine, lo cierto es que David Giménez es ante todo emo. Emo y épico.