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Wooky

En la falda de la memoria

 

Vidal Romero

Fotos Albert Miralles

 

Decíamos ayer que el debut en largo de Wooky se ha hecho esperar mucho, casi cuatro años, pero que esa espera ha merecido la pena. Y es que “Montjuïc” (spa.RK, 2014) es uno de los mejores discos de IDM que se ha grabado nunca en este país. Un disco de sonido clásico y atemporal, una colección de viñetas melancólicas y luminosas, producidas de manera meticulosa: repletas de inventiva, de arreglos ensoñadores, de melodías encantadas y de recuerdos sonoros. Un disco que escarba en la memoria de su autor, Albert Salinas, y le adivina un estupendo futuro por delante.

 

Cuenta Salinas que nació “en Camprodon, en el Pirineo catalán, crecí en Barcelona y ahora vivo en Cardedeu”, y que su dedicación a la música fue un asunto tardío. “Cuando terminé los estudios de protésico dental, y después de trabajar varios años en laboratorios, decidí que no podía dar la espalda a mi verdadera vocación, así que estudié sonido y algún curso intensivo de producción musical”. Estudios, eso sí, al margen de la enseñanza “oficial”. “El pasado septiembre me apunté al Conservatorio del Liceu (la escuela que tienen en Mataró) y estoy empezando un poco de cero de una vez por todas. Aparte de Wooky tengo una banda con unos amigos, Sulyband. Desde hace más de diez años nos juntamos muy de vez en cuando y nos dedicamos a hacer versiones de Rage Against The Machine, solo por pasarlo bien. Yo soy el cantante…

 

Cuenta también que fue su hermano, Marc Salinas, “el que realmente me acerco a la música electrónica. En su ordenador, el primer Mac que vi en la vida, estaba instalado el software Propellerhead ReBirth, y en sus estanterías encontré los que terminarían siendo discos fundamentales en mi vida: el ‘In sides’ de Orbital, ‘Selected ambient works 85-92’ de Aphex Twin, incluso la banda sonora del videojuego ‘Wipeout 2097’. Él fue también la primera persona que me llevó a Sónar, concretamente a la edición de 1998, que se celebraba en la Mar Bella. Después de muchos años digiriendo todas estas influencias y comprando discos para pincharlos en mi habitación, decidí empezar a cocinar mi propia música”. Una educación sentimental que no estaría completa sin la experiencia que supuso trabajar en Cd Drome, una de las mejores tiendas de discos que ha existido nunca en Barcelona. “Aquella época fue clave para lo que vino después”, confirma. “Durante esos tres años y medio decidí fundar Lapsus Records, aprendí de los clientes ‘pro’, que eran verdaderas enciclopedias andantes y conocí a mucha gente con la que todavía mantengo una estrecha amistad. Fue un punto de encuentro y una tienda en la que me encantaba trabajar. De hecho, si la crisis discográfica (y económica) no hubiese pegado tan fuerte, sería un trabajo que me gustaría mantener y compaginar con mis otros proyectos a día de hoy”.

 

¿Cuándo surge Wooky como proyecto?

Se formó poco a poco, sin mucha prisa ni presión. Al principio no tenía demasiado claro cual era el estilo en el que encajaba mejor, pero después de explorar terrenos de “club” me fui dando cuenta que me sentía más cómodo dejándome llevar, haciendo sencillamente lo que me apetecía, sin forzarme a nada.

 

¿Y cuáles fueron tus referentes? A mí tu música me suena mucho a cosas de los noventa, sobre todo Orbital, pero también el rollo Warp más melódico: B12, The Black Dog, Sabres Of Paradise…

Digamos que Orbital es la banda de la que más influencia he recibido, pero proyectos como Telefon Tel Aviv, Autechre, Plaid, Ochre o Kettel son también nombres a tener muy en cuenta para entender mi discurso musical. Esa electrónica con una clara intención narrativa y un fuerte componente experimental.

 

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De hecho, la narrativa tiene un papel fundamental en tus canciones. Canciones que no son repetitivas o minimalistas, sino que están siempre en expansión, como trazando un recorrido.

Me gusta pensar que cada canción cuanta una historia, con su introducción, su nudo y su desenlace. A día de hoy es una premisa bastante importante en mis canciones: los pequeños detalles y el montón de pistas que acumulo en cada proyecto son los culpables de esta sensación de “recorrido”.

 

¿Cómo das forma a tus temas? A mí me da la impresión de que las melodías son el centro de todo, pero también me gusta el papel protagonista que tienen las grabaciones de campo, que son mucho más que simples detalles o arreglos.

Es cierto que las melodías destacan por encima del resto de elementos, pero para mí todos son igual de importantes. Mi manera de trabajar empieza por construir un loop de percusión, cuando lo tengo más o menos planteado empiezo a imaginar el resto de elementos (a veces grabo notas de voz con el teléfono) y poco a poco los voy añadiendo con el teclado MIDI. Las grabaciones de campo o los samples de voz son detalles que incluyo en la parte final del proceso, cuando la canción está prácticamente terminada.

 

El primer maxi de Wooky, “The Ark”, se publicó en 2010. ¿Por qué has tardado tanto tiempo en publicar la continuación?

Nunca he querido correr a la hora de producir; creo que uno tiene que sentirse cómodo y darse el tiempo necesario poder cerrar el capítulo. O en este caso, el disco. Como ya te he comentado antes, no tengo conocimientos musicales sólidos y eso supone invertir más tiempo de lo normal para que todo suene como tiene que sonar. Seguramente mi manera de llegar a un giro de acordes que funcione es más lenta de lo habitual, y si lo sumas a cierta obsesión en los arreglos… ¡zas! No te has dado cuenta y han pasado cuatro años. Además, compaginar la producción con mi trabajo tampoco ha sido tarea fácil.

 

Una cosa que me gusta de los temas de “Montjuïc” es que suceden muchas cosas en su interior, pero al mismo tiempo hay una gran sensación de limpieza. Como si hubieras comenzado con un montón de capas y hubieras ido quitando lo que sobraba en cada momento.

Hay mucho de cierto en lo que dices. ¡En alguno de mis proyectos he llegado a tener 70 pistas! Mi primer impulso es amontonar ideas y procurar que las canciones pasen por distintos estados, que cuenten una historia y que cada cambio vaya acompañado de algún elemento único. Cuando realmente disfruto es seleccionando las pistas que quedarán en el track definitivo y añadiendo detalles minúsculos, que aporten dinámica al conjunto.

 

Ese tipo de estrategias me recuerda a bandas de pop orquestal y detallista, como Bark Psychosis o Grizzly Bear.

Emi música existe un fuerte componente pop, por supuesto. Como suelo decir, me esfuerzo para que en cada canción aparezcan elementos que hagan el papel de vocalista. Si quiero contar historias, tal y como te he dicho, considero que debo tener muy clara la perspectiva pop que me comentas.

 

Por último, creo que todos los sonidos que utilizas suenan limpios y sin demasiadas manipulaciones. ¿Utilizas sintetizadores, o todo es trabajo de samples y ordenador?

En algunas de mis canciones entra en acción un Waldorf Blofeld, que principalmente se ocupa de los colchones. En “Lisboa”, la línea de bajo de la primera parte está grabada (y compuesta) por Oriol Francisco y su magnífico Mayones BE4 Exotic. Al margen de esto, casi todo el grueso del disco está trabajado con software. En general, me gusta el sonido limpio y pulido.

 

Los títulos de las canciones y el empleo extensivo de grabaciones de campo parecen esconder referencias biográficas.

Por un lado “Montjuïc” es una oda a mi infancia, y por otro, una manera de representar los últimos cuatro años de mi vida. Cada título está pensado a conciencia y esconde algún recuerdo que he querido inmortalizar.

 

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Siguiendo con la cuestión, parece que todo en “Montjuïc” está trenzado alrededor de una línea argumental, que recorre el disco de cabo a rabo.

El disco lleva este nombre porque me he criado en la falda de la montaña de Montjuïc de Barcelona, era una manera sencilla de resumir mi pasado. De una manera sintética, podría decir que “Montjuïc” mira hacia atrás. Todo lo que haga a partir de ahora mirará hacia delante.

 

Por último, me gusta que el disco concentre todo lo que tiene que decir en apenas 35 minutos.

Prefiero concentrar todo lo que tengo que decir en menos tiempo y no dilatar las canciones sin motivo. Tres piezas se han quedado fuera del disco precisamente por este motivo.

 

Hablemos de tu sello, Lapsus. El ritmo de publicación es lento, pero (al menos a mí) me gusta todo lo que publicas.

Hasta hoy Lapsus ha publicado sin prisas por la misma razón que he tardado cuatro años en terminar el disco: hace falta tener clara cada referencia. El futuro del sello promete ser más enérgico; dentro de nada lanzaremos el álbum de remixes del “Hum” de Pina, un lanzamiento digital con ocho remezclas de productores nacionales como Suicide Of Western Culture, beGun o Headbirds. También estamos trabajando en el LP de debut de Drömnu, un nuevo talento que dará muchísimo que hablar. Y por último, tenemos preparada una gran sorpresa que verá la luz muy pronto; algo muy especial para los amantes de la electrónica y en un formato cuidado al milímetro.

 

Lapsus también es un programa de radio y ahora un festival. ¿La idea es convertirlo en una plataforma multidisciplinar, en la que sucedan muchas cosas? ¿Habrá más expansiones hacia otros ámbitos?

De momento queremos consolidar estas tres ramas con fuerza y dar solidez al proyecto Lapsus, quién sabe si en un futuro no expandiremos hacia otros terrenos. ¡Energía no nos falta!

 

Para terminar, ¿cómo serán los directos de Wooky?

Las canciones estarán reordenadas de manera que la energía crezca a medida que avanza la actuación. Con Videocratz, el responsable de las visuales, hemos conseguido llegar a un punto muy dulce. Tenemos una narrativa audiovisual bastante sólida, que nos da mucho margen para la improvisación. Energía por los cuatro costados.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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