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Sky Ferreira

Night time, my time

Capitol / Universal

6,9

Tumblr Pop

Albert Fernández

 

Sólo había una cosa que podíamos pedirle al primer álbum de Sky Ferreira: que no nos aburriera. Después de tanto tiempo de escándalos virtuales, fotos pícaras,  una cantidad ingente de tweets memorables, likes masivos y saturaciones de tumblr, se me ocurre que tal vez algún fan tibio necesitara un buen disco donde meter todos esos recortes. Ya sé que digo tonterías.

 


Pero a ver, Sky: ya has sido niña prodigio desde el minuto uno, te has pavoneado gloriosamente tras el objetivo de Terry Richardson en sesiones de fotos y clips, firmaste con los súperproductores noruegos Bloodshy & Avant cuando apenas podías ofrecer esbozos de canciones y una cara joven y bonita; has desfilado con modelitos de Hedi Slimane para Saint Laurent, tienes a reventar las redes con cada leve suspiro que des o gif de mechón rubio que cuelgues, solo te dejas entrevistar por las principales cabeceras del viejo y nuevo continente, te has echado un noviete pre-cocinado (Zachary Cole Smith, de la banda DIIV), os han metido a los dos en el trullo tras cazaros con 42 papelinas de heroína y éxtasis, e incluso te has marcado un tremendo topless de aire compungido en la húmeda portada de este disco, firmada ni más ni menos que por Gaspar Noé. ¿Qué nos queda, entonces, antes de que te programen en el Primavera? Exacto, un disco, dos o tres singles al menos, que todo el mundo quiera escuchar en modo repeat.

 

Indecisa entre el lolitismo facilón y los más adultos aires experimentales, Sky Ferreira se ha perdido en su habitación, se ha enredado entre las sábanas de su cosmos autorreferencial, sin acabar de decidir a quien quiere parecerse. En su marco de mainstream indeterminado, la diva se ha probado todo lo que tenía en el armario antes de saber qué debía llevar puesto para su primer disco, y ni así. Por eso, en "Night time, my time" se ha perdido la espontaneidad de aquellas canciones de sus primeros EPs, las que hicieron que todas las cabezas se giraran hacia ella. Cortes como “Everything is embarrassing”, una canción que volaba sola con el ondear de sus fulgores pop, o el guitarreo simple y directo de “Red lips” ofrecían una fórmula sencilla que aquí se ha enredado a base de saturar los filtros, de forzar la pose, lo mismo que una chica que se sabe guapa cuando va de tiradilla, acaba resultando recargada cuanto más se pinta, retoca y medita su estilo.

 

Sky Ferreira ha cambiado su look más trashy para tratar de ponerse en la órbita de las grandes del pop, aún sin perder una cierta compostura indie. Claro está que tras esa leve pero relevante metamorfosis hay un arquitecto. Ariel Rechtshaid, que se había portado más que bien para hilvanar los discos de Charli XCX, Solange o Haim, es el verdadero demiurgo errado de este cancionero, una lista de proto-hits que en sus momentos de rock arisco parece un ensayo con metrónomo de los primeros Garbage, y en los pasajes más tiernamente pop parece un ensuciamiento del sonido de Belinda Carlisle, o cualquier otra facturadora de azúcar radiofónico noventero. "Night time, my time" es el disco imperfecto y adolescente de una chica que todavía no sabe medir los tiempos, ni ha dado un giro de edad. Con todo, a medida que gira el mp3, me siento más a favor de los cosquilleos de pop rock translúcido y contagioso de “I will”, la coraza contundente en el histrionismo de “Heavy metal heart” “Boys”, o esa concreción de la nostalgia pop noventera y el estribillo soñador que es “24 hours” , más la seducción de neón que trasmiten la corriente de guitarras y bajos, junto con la voz legañosa de Sky, en “You’re not the one”. Eso sí, cuesta soportar la cadencia-torpedo de “Omanko”, la pobre manera en que se resuelve el estribillo de “Nobody ask me (If I was okay)", el insufrible pastiche espasmódico de garaje en “Kristine”, o el rollo ‘lisérgiconírico’, copy-paste de Cat Power, del trasnochado corte que da título al disco, y lo cierra.


La alternancia entre el pop de plástico y las guitarras enlatadas, más una maraña de producción embrutecida y plagada de recursos y arreglos prestados, impiden que "Night time, my time" alcance puntuaciones más exuberantes. A Sky Ferreira le sobra actitud, pero le falta verdadera turgencia. A menos que demuestre que su descaro y talento son mucho más afilados y rentables, a Sky se la recordará como una simple wannabe: tremendamente popular, pero aún con unos cuantos millones de seguidores menos de los que pretende.


En fin, Sky, tendrás que esperar un poco para convertirte en la nueva Britney. Claro que podría ser peor. Te podrías haber vuelto Avril Lavigne.

 

Albert Fernández

En el desorden de los años, Albert Fernández ha escrito renglones torcidos en publicaciones como Mondo Sonoro, Guía del Ocio o Go Mag, tiempo en el que ha tenido oportunidad de ir de tapas con Frank Black o escuchar a Patrick Wolf bostezar por teléfono. Además, ha sido jefe de redacción de las secciones culturales de H Magazine, y ha aportado imaginación tras los micrófonos de Onda Cero, Cadena Ser y Scanner FM, donde facturó la sitcom musical de creación propia “2 Rooms”. Aunque sabe que no hay lugar mejor que aquel de donde viene, a Albert no le hubiera importado nacer en Gotham City o en el planeta Dagobah. Con tendencia a la hipérbole y a la imaginación desatada, Albert sigue buscando el acorde que dé la vuelta a sus días.

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albert@blisstopic.com