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DISCO-ARp  

ARP

More

Smalltown Supersound

6,0

Pop de cámara

Vidal Romero

 

A lo largo de toda su carrera, Alexis Georgopoulos ha puesto su (extensa) colección de sintetizadores al servicio de la causa espacial. Comenzó filtrando krautrock a través de una óptica funk en los dos primeros discos de Tussle; de ahí pasó a cultivar un post-rock climático y planeador con los exquisitos The Alps (el “otro” grupo de Jefre Cantu Ledesma) y hasta se enroló en una efectiva banda de space disco, Q&A, protegida por el mismísimo James Murphy. Y durante todo ese tiempo ha mantenido un proyecto en solitario, ARP, que ya desde el nombre promulga el amor hacia los cacharros con teclas y sonido analógico. Un proyecto que a su manera anticipó todo el revival sintético que ahora nos rodea, como demuestran sus dos primeros discos: “In light” (07), que basculaba con elegancia entre la new age, la kosmische y el rock progresivo, y “The soft wave” (10), que añadía al entramado de drones varios instrumentos acústicos y una cierta dosis de minimalismo, aumentando la emoción de manera notable. Un tercer álbum, a medias con el pionero Anthony Moore (Slapp Happy, Henry Cow), cerraba el círculo y demostraba que Georgopoulos no era ningún desaprensivo.



Todo lo anterior viene a cuento porque lo primero que uno se pregunta cuando comienza a sonar "More", el nuevo disco de ARP, es dónde diablos ha quedado todo el delirio cósmico que servía como seña de identidad del proyecto. No es una cuestión menor, sobre todo en un momento en el que triunfan (triunfan: es un decir) artistas como Oneohtrix Point Never o Emeralds, que hacen bandera de la síntesis analógica y la nostalgia por los ochenta. Pero parece que Georgopoulos ha decidido ir una vez más contra corriente, arrinconando los devaneos ambientales en pequeñas piezas y skits que puntean el disco (“E2 octopus”, “Invisible signals”, “V2 slight returns”), y concentrando el grueso de sus esfuerzos en un pop orquestado y con un punto naíf, más propio de bandas de otras épocas como The Zombies o The Left Banke que de un artista de poso electrónico. Una decisión que puede parecer un paso atrás, pero que en realidad es una búsqueda de nuevos caminos, sobre todo porque nuestro hombre no se limita a copiar los originales, sino que añade un pulso ralentizado y un aire descaradamente sintético, una capa de melancolía otoñal, a canciones curiosamente adhesivas como “High-heeled clouds”, “Light + sound” o “Daphne & Chloe”. Y también porque en medio de ese empacho de azúcar es capaz de colocar estratégicas salidas de tono, como un “Gravity (for Charlemagne Palestine)” de pulso minimalista (el momento más cercano a “The soft wave”, por cierto) y dos estupendas piezas de glam-rock sintético, “Judy Nylon” y “Persuasion”, que parecen escritas a la sombra del primer Brian Eno, el de “Here comes the warm jets”.

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com