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shellac  

Shellac

Dude incredible

Touch and Go

8,3
Minimalist rock

Albert Fernández 

 

Es matemático, es incisivo, es cortante: el regreso de Shellac es justo lo que tiene que ser, un aluvión de guitarras rítmicas álgidas, fraseos sólidos, y percusiones en una conjunción agitada y metódica. Golpes precisos que sacuden el suelo y se nos anudan en la garganta; media hora de música poderosa, que te hace abrir los ojos del todo mientras te lanzan rocas a la cara. 
 
Tanto da el tiempo que haga de su último disco, aquel también glorioso "Excellent italian greyhound", o el amor con el que recordemos su legendario "1.000 hurts": la mítica idiosincrasia de la banda de Steve Albini les concede una cierta aureola de infalibilidad, y desde que asoman los primeros acordes del corte que da título al disco, uno tiene la sensación de que todo está donde debe estar, de que la cosa va a ir bien. 
 
"Dude incredible", sin coma, como ellos proclaman, es una pieza que la banda ya lleva algún tiempo tocando en directo. En su plasmación de estudio, la canción abre una primera brecha en nuestro pecho, deslizando sus acometidas de subidas y bajadas dinámicas durante media docena de minutos, atravesando puentes y transiciones hasta alcanzar su crescendo final, donde se elevan consignas que uno se dedicaría a corear toda una vida: "Oh my brothers, oh my other comrades", y el terremoto final, "Hand over hand over hand over hand".  
 
 
"Compliant" es un paradigma de riffs enredados en crecida paulatina, una escalada de agitaciones pausadas y contundentes, donde Albini declama con una confianza vigorosa y privada, casi íntima, que se deshace después en unos versos ingrávidos maravillosamente entonados, casi en la línea de Michael Stipe.
 
No hay nada obediente ni sumiso en la música de Shellac. Esta banda atraviesa las fronteras del tiempo con el mismo gesto de rabia calma, de furia impertérrita, como una suerte de cirugía del desaliento hecha música aritmética, extendida con fuerza sobre melodías indomables. 
 
El mismo arrebato para-nada-dócil eleva los ritmos a la carrera de "You came in me", una maldita fiesta para los directos, sin duda. Las cadencias a medio gas de "Riding bikes", sus arañazos de guitarra y las sencillas pero carismáticas acometidas de su bajo delinean el área donde crece un nuevo hito. Esta canción es una lección de sincronías, de metabolismos melódicos, un alarde de control musical nervioso, el perfecto diagrama de pulsaciones de una banda, Shellac en estado puro. 
 
La entonación a capela de aires medievales con que abre "All the surveyors" es una delicia irónica. "Who fears a king?", cantan, y a nosotros la cabeza se nos va a Monty Python, mientras los punteos empiezan a combinar su brebaje rítmico con las baterías. Algo más tarde llegan las exclamaciones histéricas, el discurso cínico y descarnado, y el ovillo de distorsiones: un festival.
 
Y de donde vienen esas, hay más: "The people's microphone" no te deja coger aire con sus marañas sonoras rodando montaña abajo, y parando en seco para convertirse en otra cosa mucho más aseada y distinguida; "Gary" plantea una inflexión anímica y rítmica, en una canción con aires legendarios, donde Albini canta como un rockero heavy perdido en otra época de la historia, cantando con pompa sobre viejos reyes, haciendo acopio de teatralidad en compases ahora melosos, propios de una nana fornida, ahora agresivos, capaces de derribar murallas. "Mayor / surveyor", por el contrario, es una canción que avanza ligera, incluso con cierto aire funky, que tal vez desentone un tanto en el conjunto. La carismática "Surveyor" ofrece el final álgido y profuso en matices y capacidades que un disco de Shellac merece, y nos deja con ganas de más, aunque tengamos que esperar lustros. 
 
Con "Dude incredible", Shellac demuestran que escapan a cualquier corsé de la industria: nada de promos, o giras de presentación del disco. Ellos seguirán tocando cuando les plazca, asistiendo a su cita eterna con el Primavera Sound, grabando nuevas canciones simplemente cuando se lo pida el cuerpo. Y convenciendo a todo el mundo por el camino de que así es como debe ser. Ellos son punks, cuéntaselo a todo el mundo. Ahora, por favor, corre a escuchar estas canciones, porque es música de la que te atrapa durante días, semanas, puede que incluso meses. Y, hazme un favor, o háztelo a ti: no te pongas este disco flojito. Sube el volumen, no te condiciones. Fuck the king!
 
Albert Fernández

En el desorden de los años, Albert Fernández ha escrito renglones torcidos en publicaciones como Mondo Sonoro, Guía del Ocio o Go Mag, tiempo en el que ha tenido oportunidad de ir de tapas con Frank Black o escuchar a Patrick Wolf bostezar por teléfono. Además, ha sido jefe de redacción de las secciones culturales de H Magazine, y ha aportado imaginación tras los micrófonos de Onda Cero, Cadena Ser y Scanner FM, donde facturó la sitcom musical de creación propia “2 Rooms”. Aunque sabe que no hay lugar mejor que aquel de donde viene, a Albert no le hubiera importado nacer en Gotham City o en el planeta Dagobah. Con tendencia a la hipérbole y a la imaginación desatada, Albert sigue buscando el acorde que dé la vuelta a sus días.

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albert@blisstopic.com