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pixies  

Pixies

Indie Cindy

Pias

6,9

Rock

Albert Fernández

 

Primavera de 1993. Interior, cabeza de un adolescente. Suenan guitarras cortantes y fraseos imperiosos.

 

-Dios, me ha salido otro grano en la espalda. Joder, se me están acabando las pilas del walkman. Este disco mola. Mierda, llego tarde. Ah, mira, ahí está Héctor.

 

Travelling hacia fuera. Exterior, entrada de un instituto. Héctor, el amigo, se acerca con la mano dispuesta al saludo.

 

-Ey, tío, ¿has escuchado el nuevo disco de Pixies?

 

-¡Joder, no, ni idea! ¿Cuándo ha salido?

 

-Yo que sé, me lo grabó el Edu el otro día.

 

-¿Y mola o qué? ¿Mejor que el “Trompe le Monde” imposible, tío!

 

-Pues tiene una al principio que es súper-metalera, el vídeo es la caña, a un pavo le estalla la cabeza. “What goes boom”, se llama. Tiene un riff que se te queda dentro, y el Black hace eso de cantar primero tierno en los versos, y rollo dictador en el estribillo. A mí me gusta.

 

-¿Pero te lo has escuchado entero?

 

-Sí, joder, me estoy quedando sin pilas, pero llevo desde ayer. A mí la que más me gusta es “Bagboy”, es un temazo, tiene un estribillo que canta una tía guapísimo, es muy cachonda…

 

Y así podría seguir la conversación. Es cierto, “Indie Cindy” es un viaje en el tiempo, una dislocación absurda y fascinante que reta toda continuidad, un nuevo eslabón en la discografía de Pixies que aparece más de 20 años después de “Trompe le Monde” (Rough Trade, 91), pero que comparece como una continuación coherente de aquel, que bien podría haber llegado a las tiendas de discos en la primavera de 1993 o 1994, si la banda no se hubiera disuelto por  aquel entonces. 

 

 

 

 

En la época del copy-paste, apetece borrar la fecha del sexto de Pixies y llevar el disco a las estanterías de dos décadas atrás, inserirlo justo después de la tensa gira junto con U2 del 92. Es un mero efecto especial, está claro que el disco debe juzgarse desde donde estamos ahora. Y, con todo, imaginar ese salto en el tiempo, o simplemente entender como cuadra en el panorama actual este fenomenal tirabuzón de riffs y cadencias AOR, puede ser apasionante.

 

He tardado en escribir esto. He querido escuchar el disco muchas veces, desprenderme de los prejuicios y el desgaste de cualquier otra mirada a los Pixies. En cierta manera, ni siquiera he tenido que esforzarme, porque estas canciones tienen correa, funcionan si no se las escucha con la inercia a apestarlas. Sí, por divertimento, he intentado trasladarme hacia atrás, instalarme en lo que habría pensado yo, o cualquier adolescente al uso, escuchando estas canciones  si hubieran aparecido en los 90, aunque he de decir que me fío más de ese chaval entusiasta que de la mayoría de sabios, selectores y escribas musicales que van pregonando hoy en día, yo incluido.

 

Así, el chico del walkman podría haber seguido comentando que “Greens and blues” no está mal, pero se nota que sus rasgueos van un poco detrás del rollo de “Gigantic”, aunque sus versos van por otro lado. Diría con sus propias palabras que “Magdalena” tiene un carisma imbatible,  con sus coros, la atmósfera y el guitarreo tan genuinamente Pixies, su orden y progresión;  que “Indie Cindy” es un poco rollo y discontinua, aunque al final se pone muy melódica, y todavía. Tal vez caería en que “Silver snail” es floja y plomo, y no se salva ni disimulada dentro del conjunto. Lo mismo con “Blue eyed exe”, porque es un poco AC/DC, y a él no le gusta AC/DC, por mucho que te haga menear la cabeza sin sentido. El adolescente reconocería, como yo, que flipa con “Ring the bell”, porque es otra cosa y es encantadora: Black usa ese falsete que te encoge por dentro, las frases se hilan con una gracia evocadora, y todo parece un poco como una canción de Lush. Además, ésa y “Another toe in the ocean” llevan a esa parte de los vinilos que siempre buscábamos, donde los surcos van como más espaciados, los medios tiempos, las lentas que hasta el más heavy necesita. “Snakes” y “Jaime Bravo” acumulan suficientes guitarras y torbellinos rítmicos para seducir al más despistado, y esa sería más o menos la disección distraída de un disco que aterriza en 2014 con la ironía de sonar justo a lo que esta banda debería sonar. 

 

 

Porque, vamos a ver, si Pixies sacan un disco después de eones, ¿cuál sería exactamente la fórmula para que no se les echen legiones al cuello? ¿Tienen que innovar, hacer dubstep? ¿O deberían sonar como un disco de Pixies, si no inmenso, sí entretenido y poderoso, que es justo lo que dispensa “Indie Cindy”?

 

Si hay algo decepcionante a mi entender en torno a este retorno, es que la jugada de sacar tres EP’s previos, para ahora dar con la suma de ellos en este álbum lo cierto es que no me parece nada acertada.

 

Sé que me estoy posicionando, pero juro que esto no es para nada postureo. Para acabar, voy a comprimir mis mensajes, ahí van unos cuantos zips:

 

Este disco es honesto. Frank Black no es un ogro. O no es simplemente un ogro.

 

Por muchas revelaciones que encontrara Vidal Romero en “Facing the other way: the story of 4AD” (13), la estupenda biografía de 4AD, no puedo estar más en desacuerdo en lo que opina y cuenta aquí. La manida historia donde se plasma siempre a Kim Deal como la víctima y a Black como un tirano es algo de lo más torticero, y, por mucho que nos cuenten, seguimos especulando.

 

 

 

Mi impresión es que, más allá de sus errores, Frank Black es, ante todo, un músico. Un tipo que reflexiona sobre su banda, que aprecia los sonidos, que improvisa e intercambia impresiones con David Lovering y Joey Santiago. Tal vez sea el culpable de que Deal se haya ido, aunque quizás no sea el único responsable. Un tío que trabaja en la música y sigue encerrándose a escribir canciones. Como él mismo me contó el día que tuve la suerte de tenerle delante, eso es lo que sabe hacer: recoger, cargar y entregar, música en su caso: “shipping and receiving”.

 

¿Quieren ganar Pixies dinero con esto, y saben que pueden ganar mucho dinero? Por supuesto, ¿cual es el problema? Pero eso no convierte este disco en una obra falsa, oportunista o indeseable, porque sí. Este disco es una muestra de la música que Pixies pueden hacer hoy en día, una simple premisa para seguir tocando, y estoy convencido de que sus nuevas canciones casan a la perfección con las clásicas en los directos.

 

“Indie Cindy” es ciencia ficción. Tal vez no aporte nada a nuestra línea temporal, pero al menos contiene música vívida. Y es divertido. Y tiene algunos hits. Y seguro que hay algún adolescente que alucina con él. 

  

Albert Fernández

En el desorden de los años, Albert Fernández ha escrito renglones torcidos en publicaciones como Mondo Sonoro, Guía del Ocio o Go Mag, tiempo en el que ha tenido oportunidad de ir de tapas con Frank Black o escuchar a Patrick Wolf bostezar por teléfono. Además, ha sido jefe de redacción de las secciones culturales de H Magazine, y ha aportado imaginación tras los micrófonos de Onda Cero, Cadena Ser y Scanner FM, donde facturó la sitcom musical de creación propia “2 Rooms”. Aunque sabe que no hay lugar mejor que aquel de donde viene, a Albert no le hubiera importado nacer en Gotham City o en el planeta Dagobah. Con tendencia a la hipérbole y a la imaginación desatada, Albert sigue buscando el acorde que dé la vuelta a sus días.

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albert@blisstopic.com