Menu
Wooky  

Wooky

Montjuïc

spa.RK

8

IDM

Vidal Romero

 

Es muy posible que la mayor virtud de Albert Salinas sea la paciencia. Sólo así se explica que haya dejado pasar tanto tiempo entre su primera referencia como Wooky –el bonito EP “The ark”, publicado a finales de 2010– y su esperado debut en formato largo. No es que sea un tipo perezoso: en esos tres años largos le ha dado tiempo a fundar el bonito sello Lapsus, que publica poco, pero todo bueno, y a montar uno de los festivales más interesantes de Barcelona, el MIRA Festival, dedicado a la electrónica más aventurera. Pero él mismo reconoce que cuando se trata de su propia música el tiempo transcurre de manera diferente: que puede dedicar una eternidad a pulir un cierto sonido, a mejorar un arreglo, a darle vueltas a una construcción rítmica y aún así no quedar satisfecho. Lo que significa que estamos ante un disco pensado y mimado hasta cotas obsesivas, repleto de detalles minúsculos y arreglos que duran un suspiro.

 

Ese elevado nivel de definición, sin embargo, no se traduce en una obra pesada y abigarrada: con sus ocho cortes y sus poco más de treinta minutos de duración, “Montjuïc” se enrosca alrededor del oyente con muchísima delicadeza, flota ligero en el aire de la habitación. Algo que tiene mucho que ver con la capacidad de Salinas para eliminar todo lo accesorio y quedarse con lo fundamental –una auténtica virtud dentro de un género tan dado al exceso puntillista como la IDM–, pero también con su habilidad para introducir estructuras narrativas dentro de las canciones. Canciones que utilizan elementos perfectamente reconocibles (polirritmias, glitches, melodías sencillas y encantadas, colchones futuristas), pero que luego los sumerge en un laberinto de capas rítmicas, formas melódicas y nubes ambientales que siempre está en movimiento. Lo que da lugar a un disco cinemático y meticuloso, un viaje onírico y sensorial, que a cada paso descubre pequeños tesoros en forma de grabaciones de campo: pajaritos, ruidos mecánicos, voces capturadas en la distancia. Elementos que anclan y dan aún más poso emocional a un “Montjuïc” en el que se intuyen muchos tintes autobiográficos, tanto a nivel de sonido (ahí están, por ejemplo, los guiños a Orbital de “Thalassa”) como a nivel sentimental: es lo que sugieren títulos como “Lisboa”, “Recurrent dream” o el propio “Montjuïc”. La larga espera, en fin, ha merecido la pena.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com