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La Liga - Jornada 5

El Madrid pone la directa

 

Textos de Redacción

Fotos LFP / Vídeos de Canal +

 

Se adelantó el Elche en el Bernabéu, pero Cristiano Ronaldo puso las cosas en su sitio con un ramillete de tantos, cuatro goles como cuatro soles, y a quien diga que la mitad llegó desde los once metros (el primero, tras una falta tan inexistente que estamos tentados de pedir media ración de lo que hubiera consumido Clos Gómez) tocará contestarle que, como bien demostró Messi ante el Levante, los penales hay que marcarlos. Y, hablando de penas máximas, en Balaídos el Dépor dispuso de una para empatar a dos al filo de la bocina, pero Sergio Álvarez frustró a Medunjanin y los tres puntos se quedaron en casa. El Barça, por su parte, quedó un poco menos líder tras su sufrido empate sin goles en Málaga.

 

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La Liga - Jornada 5

El Madrid pone la directa

 

Textos de Redacción

Fotos LFP / Vídeos de Canal +

 

Se adelantó el Elche en el Bernabéu, pero Cristiano Ronaldo puso las cosas en su sitio con un ramillete de tantos, cuatro goles como cuatro soles, y a quien diga que la mitad llegó desde los once metros (el primero, tras una falta tan inexistente que estamos tentados de pedir media ración de lo que hubiera consumido Clos Gómez) tocará contestarle que, como bien demostró Messi ante el Levante, los penales hay que marcarlos. Y, hablando de penas máximas, en Balaídos el Dépor dispuso de una para empatar a dos al filo de la bocina, pero Sergio Álvarez frustró a Medunjanin y los tres puntos se quedaron en casa. El Barça, por su parte, quedó un poco menos líder tras su sufrido empate sin goles en Málaga.

 

Real Madrid-Elche

Cinco razones para creer en el Real Madrid

 

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Real Madrid 5 – Elche CF 1

(Edu Albacar 15’ p., Bale 20’, Ronaldo 28’ p., 32’, 80’ p., 92’)

Decían que el Dépor era un equipo pequeño y, por tanto, los ocho goles que le metió el Madrid no eran gran cosa. Pues el Barcelona sufrió para hacerle tres al Elche y, sin embargo, los blancos le han metido hoy cinco, y con este resultado se demuestra que en este aquí y ahora son el equipo que está en mejor forma de la Liga. De los atléticos no voy a hablar, porque por ese empate en el Calderón con el Celta pitaron hasta al mismo Simeone, así que allí los dejo, con su calvario.

 

La primera razón para creer en el Madrid, es que tenemos al mejor jugador del mundo y que está en forma, más allá de los falsos rumores de una supuesta lesión. Cristiano Ronaldo es ahora el puto amo en la cancha. Segunda razón: al fin Illarramendi está asentándose en el equipo y es el relevo natural de Xabi Alonso, va adquiriendo cuerpo, partido a partido, y con ello el equilibrio en el medio campo del Madrid se convierte en una realidad. Tercera razón: tenemos a un James inspirado, que está cumpliendo con creces las expectativas de su fichaje, y los grandes partidos serán su prueba de fuego total. Cuarta razón: tenemos dos porterazos, si no está Iker, Keilor Navas es el suplente de lujo y trasmite una gran confianza en el arco. Y quinta razón: tenemos un dúo de magos en el medio campo, Isco y Kross; con ese par de tíos la medular creativa del Madrid es capaz de quebrar cualquier posición defensiva.

 

Hay tareas pendientes, pues sí; la defensa por momentos falla, y ya no es problema de Casillas, Varane y Ramos no están a su mejor nivel todavía. Pero la buena noticia es que, cuando está Navas, no sé por qué siento el arco del Real Madrid más seguro. Y, cuando en los últimos minutos el equipo blanco se relaje, allí tendremos a nuestro Chicharito Hernández, el jugador numeró doce más impetuoso de la liga española, que presiona y es el primer defensa en la delantera, y si le dan una chance, mete goles, por algo tiene uno de los índices más altos de efectividad en el área chica. Qué quieren que les diga, pinches culés y atléticos, estamos allí, respirándoles en la nuca, cabrones. Leo Zelada

 

 

Celta-Deportivo

El Celta gana a medias

 

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RC Celta 2 – RC Deportivo 1

(Nolito 3’, Isaac Cuenca 55’, Larrivey 72’)

Entre el gol de Pablo Hernández al Atlético de Madrid y los ocho que el Deportivo encajó hace solo cuatro días, apenas hubo tiempo para regocijarse durante la semana con la idea de derbi. En Vigo se hablaba de hacer a los coruñeses protagonistas de un récord negativo y en Coruña se consolaban con la idea de que los derbis no se rigen por la lógica. Pero, con la llegada del otoño, que era ‘día de cole’ y que el horario no invitaba a salir de casa, el partido se presentaba light, sin el aroma a manjar de otras veces.

 

No había problema. La afición del Celta le inyectó un buen chute de azúcar desde bien temprano y a Nolito le entró directa en las venas. Planas saca de banda, peina Larrivey y el extremo se encarga del resto: amago hacia fuera, recorte hacia adentro y tiro al primer palo. Gol. Azúcar a raudales. Azúcar celeste. Azúcar de miles de decibelios. Sobredosis de azúcar en el minuto cuatro y el récord negativo del Deportivo se palpaba en las gradas. Hacía tiempo que el Celta no era tan claro favorito y todo empezaba como una buena paliza exigía. Parecía que las premoniciones celestes eran acertadas, sobre todo cuando el Celta siguió amasando el balón de un lado a otro, con Krohn-Dehli a modo de eje y Orellana de acelerador. Con todo, la paciencia y la apatía con la que los visitantes esperaban no recibir más goles en su área parecía ir contagiándose poco a poco a los locales, al ambiente en sí mismo. El Deportivo, con su lento vagar iba succionando de nuevo toda esa glucosa acumulada en la primera media hora y fue entonces cuando empezó a cobrar más sentido esa hipótesis de que los derbis no se rigen por la lógica: el Celta perdía la intensidad de otros partidos, cometía imprecisiones, no era incisivo. El Deportivo, como un auténtico dementor, se aprovechaba de la energía robada para ir haciéndose poco a poco con el balón e incluso conseguir que el árbitro no tuviera fuerzas para pitar un penalti sobre Nolito al principio de la segunda parte.

 

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En ese momento ya se intuía un viento de cambio. El azúcar escaseaba. Light y hasta sin cafeína, a esas horas de la noche. El Celta ganaba pero el estadio no acababa de disfrutarlo; sentía que su hambre de carnaza, aunque fuera sin sal, iba a tener que esperar a otra ocasión, si con suerte la presunta víctima no acababa sublevándose en su contra. Hélder Postiga se enredó sobre el balón, la abrió a la banda y Cuenca remató después de una jugada tan bonita como poco ortodoxa. Empate. El viento de cambio se hizo vendaval y ahora a la afición le tocaba inyectar insulina, cuando ya no quedaban farmacias abiertas. Consternación. “Esto sí que no me lo esperaba”, parecían pensar todos. Especialmente Víctor Fernández, que mandó a los suyos debajo de sus palos, a lo que Berizzo contestó echándole a todo el Celta encima. El Celta no paraba de desperdiciar córners y, tras un tiro lejano de Nolito que paró Lux, llegó el definitivo: sacó Orellana y Larrivey saltó más que nadie, como si no existiera nada más en el universo que el balón, y remató a gol. 2-1. Esa era la insulina. Larrivey se desbocó, sin camiseta y todo, y celebró el gol a la antigua: saltando las vallas, corriendo hacia el público, agitando los brazos y meneando la melena. Pura épica que no evitó que el Toto Berizzo echase al equipo hacia atrás en contra de la voluntad misma de sus jugadores, que de vez en cuando se atrevían a correr y generar ocasiones tan claras como la que el propio Larrivey desperdició para sentenciar.

 

Sin tener esa misma nitidez, el Deportivo no dejaba de rondar el área de Sergio. No merecían empatar, pero las sustituciones y el cambio de mentalidad del Celta hacían que los vigueses sí merecieran que les empataran. Por cutres. Y así llegó el penalti: Sidney centra raso y Cabral la para sin querer con la mano. Involuntario, sí; penalti, también. Pero el Celta llevaba demasiado sin ganar un derbi oficial y Sergio, que debutaba ante el Deportivo, lo sabía, así que se estiró como la lengua de un camaleón para desviar el tiro. El estadio se volvía la fábrica de Charlie: golosinas en las esquinas, columnas de chocolate, jugadores de jengibre, porterías de piruleta… El Deportivo no tenía mucho que perder, así que tan anchos; el Celta, sin embargo, aun satisfecho por el postre, se fue un poco indigesto. Así no se gana un partido. Así ya no jugamos. Brais Suárez

 

 

Málaga CF-FC Barcelona

Más que boquerones, tintoreras

 

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Málaga CF 0 – FC Barcelona 0

La de Málaga rara vez resulta plaza fácil y menos lo iba a ser teniendo en cuenta que, este verano, en el Mediterráneo el pez menos pensado te obsequia con un bocado. El primero sufrido por el Barça de Luis Enrique no empañó su extraordinaria trayectoria defensiva por los pelos… o más bien por el palo, pues Bravo recibió la ayuda de su madera derecha a la hora de repeler la mejor ocasión de los de casa, una falta lateral lanzada por Luis Alberto. Pero sí dejó cicatriz en los apartados de creación, que penaron en la primera parte y sucumbieron en la segunda, incapaces de competir en lo físico y faltos de chispa, como si toda la pólvora se hubiera quedado esta noche en Barcelona.

 

Propuso Javi Gracia una variante de la defensa que tanto se le atragantó el curso pasado a los azulgranas. Las dos líneas de cinco a partir de la frontal del área se transformaron en un 4-3-3 igual de pegajoso y el beneficio fue doble: sembrar minas en la zona de creación hacia la que viene descolgándose el último Messi y facilitar la salida al contragolpe, liderada por un Amrabat que avisó pronto, tras cazar un patadón ajustadísimo de Kameni, frenar la carrera, revolverse y disparar raso pero en exceso centrado. El Barça, en cambio, se veía obligado a masticar vidrio en cada jugada. Allí donde los de casa no llegaban con el cuerpo soltaban la pierna, más de un taco tocó espinillera o carne al descubierto, pero Hernández Hernández se negó a mostrar las preceptivas dos o tres tarjetas amarillas mientras el público de La Rosaleda le afeaba también la ausencia de amonestación para las sucesivas manos de Messi y Neymar (que, todo sea dicho, parecieron tirando a involuntarias).

 

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Falto de paciencia, el equipo visitante sólo creó peligro con centros a media altura, por lo general de Jordi Alba, y con los cabezazos a lanzamiento de esquina de Bartra, muy superior a Piqué en todas las variantes del juego. En la reanudación, de hecho, cuando el Málaga decidió presionar la salida del balón por la banda de Douglas, la que debía apoyar el central con más galones, los barcelonistas se vieron obligados a una sucesión de despejes sin criterio, incapaces prácticamente de cruzar la línea central durante varios minutos. Pese a que le flaqueaban las fuerzas, acudió Iniesta a la ayuda de su zaga y acertó a enderezar la situación, momento que aprovechó el banquillo para sustituir al dolido Neymar y a un desacertado Pedro por las promesas de Munir y Sandro.

 

Y del primero nada se supo, mientras que el segundo pagó una y otra vez por ver la apuesta malacitana del cuerpo a cuerpo (es sabido que, en caso de duda, la falta cae siempre en el debe del delantero: Piqué, por ejemplo, sintió en cada córner el abrazo de pulpo de Sergio Sánchez, pero la única infracción pitada por el trencilla lo señaló a él como culpable). El cambio de Douglas por Adriano tampoco aportó grandes novedades (salvo evitar que el debutante pudiera sumar una segunda amarilla), así que la cosa quedó en las manos (y sobre todo los pies) del de siempre. Pero el tradicional fogonazo de Messi por la banda dejó atrás a “apenas” dos rivales antes de que un tercero despejara a córner. Y, en el posterior intercambio de saludos con Weligton, su exagerada reacción a la agresión del pendenciero brasileño se interpuso quizá en el camino de una más que merecida expulsión. Desfondado, con el casillero de faltas luciendo un sorprendente empate (15-13), lamentando la permisividad arbitral y el patatal sobre el que se desarrolló el juego, el Barça cedió, pues, los primeros dos puntos del campeonato. Málaga supo quitárselos mordisco a mordisco. Milo J. Krmpotic

 

Redacción

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