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Real Madrid 2013-2014 Vol. 9

Camiseta blanca, plátano amarillo y cintas de vídeo

 

Miguel Martínez

Fotos La Liga y UEFA

 

Parece que fue ayer cuando acabábamos de eliminar al Borussia de Dortmund. Desde entonces han pasado unas cuantas cosas en el mundo merengue, casi todas buenas, alguna regular y otra muy patética (aunque esta ha sido en otra casa): resulta que si luces una camiseta del Real Madrid en el Camp Nou la seguridad del club te echa de tu asiento (¿o echaron al tipo también del estadio?). Pasó el día del Getafe. Ya sabéis, muchachas (las culés también): si os ponéis minifalda estáis provocando y, claro, si luego os violan...

 

Bueno, pues ya estamos en la final de la Champions, contra los colchoneros. Los dos mejores equipos de la actual Liga jugándose la supremacía futbolera del Viejo Continente. El escenario soñado por los demagogos del Partido Popular para soltarnos, con esa excusa que tantos ojos nubla, la del balón rodando, cuatro eslóganes sobre brotes verdes, síntomas de recuperación económica y lo de que eso de la crisis ha quedado atrás. Pero pasará el 24 de mayo y Julio Iglesias volverá a tener razón. La vida seguirá igual. Para llegar hasta ahí el equipo de Ancelotti mostró contra el Bayern de Munich su cara más notable, y en varios momentos sobresaliente en el partido de vuelta, en una eliminatoria de semifinales de alto copete que dejó claro –menos mal, pues había quien aún lo creía así– que ni Pep Guardiola ni su manera de entender el fútbol son infalibles ni sudan colonia. Tampoco todo lo contrario. Pero no es lo mismo llevar a la realidad sus ideas con los Messi, Xavi e Iniesta de anteayer (poco que ver con los de esta temporada, sobre todo los dos primeros) que sin ellos. Necesitas una chispa para encender un fuego.

 

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El Madrid sí tuvo mucha chispa contra los de Robben. En el partido de ida, más bien, fueron tres o cuatro chispazos, que con algo más de puntería ya podrían haber dejado el asunto resuelto. También hubo chispa (más templada: de la de antes de nadar, guardar la ropa) contra el Barcelona en la final de la Copa del Rey, encuentro que dejó un gol para las videotecas, el de Gareth Bale. Un chispazo espectacular, pero que se me antoja más destello que fogata, porque el galés no acaba de asentarse. Cabe recordar que en la final copera y hasta ese momento, el minuto 86, había ofrecido tanta o más oscuridad que luces. La famosa BBC brilla de cara a la galería, pero provoca desajustes que achatan el centro del campo blanco, hasta que acaba como una patata troceada perdiendo almidón.

 

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Contra el Valencia, este domingo, volvió a ocurrir. Y se pagaron las consecuencias. La línea de medios acabó rota. Di María tuvo que entrar otra vez como solución agitadora de emergencia, en un equipo que sin Modric pierde verticalidad de manera más que llamativa. Si a eso le sumamos que Xabi Alonso, ya es un hecho y no una posibilidad, se ha quedado corto de gasolina y que quien más y mejor se la podría aportar ahora, Casemiro, es el último de la fila para un puesto en el que Illarramendi tiene prioridad (presidencial), aunque siga sin dar la talla... Si el Barcelona dice ahora que se precipitó un año en el fichaje de Neymar, el Madrid, con el donostiarra, se ha precipitado dos.

 

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De tal manera que hay Liga, con el Atlético de Madrid ejerciendo de justo favorito. Es quien tendría que ganarla si el fútbol fuera un juego justo. Pero no lo es. La vida tampoco. La Justicia, la oficial, la que se escribe con mayúsculas, menos todavía. Por eso hay que aplaudir la mejor jugada que ha hecho este año Alves, la del plátano, que es una manera mejor que otras de llamar la atención sobre la presencia del racismo en los campos de fútbol, un pan de cada día. Y también habría que meterle un plátano por el culo a cada uno de los miembros de la cadena de mandos que hicieron posible que el sábado en el Camp Nou echaran de su asiento (y, repito la pregunta del principio, ¿también del estadio?) a un espectador por llevar puesta una camiseta del Real Madrid. Xenofobia, al fin y al cabo, la una y la otra. La del negro contra amarillo y la del azulgrana contra blanco.

Miguel Martínez

Este egarense se hizo del Real Madrid a los tres, cuatro años. Jugaban Benito, Santillana, Velázquez, García Remón o Miguel Ángel, Pirri... El equipo merengue era el mayoritario (de muy largo) en los bloques de la Vitasa, especie de república escindida del barrio de Can Boada. Días de pelotas de bolsas y papel en los patios de los colegios, de costras eternas en las rodillas. Faltaba un decenio para que naciera la (única y azulgrana, luego no libre) TV3. Temps era temps. Luego le dio por dedicarse a la música, escribiendo de ella o montando conciertos, bla, bla, bla, y hasta hizo algún libro (el último, “La mitad de lo que quisimos ser”; Editorial 66rpm), pero eso aquí no toca, esto va de patear el balón.