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Real Madrid 2013-2014 Vol. 2

Vivos, pero con más mierda que delicias

 

Miguel Martínez

Fotos Real Madrid.com y La Liga

 

“Juan odia esas películas en las que todo parece fácil. En la vida nada es así de fácil. Todo cuesta trabajo, esfuerzo, todo lo que vale la pena cuesta”. Está escrito en la página 106 del libro “Crematorio”, de Rafael Chirbes, y, lógicamente, es cierto. Es por ello que la victoria por 2 a 3 obtenida por el Real Madrid en el campo del Valencia tiene doble sabor.

 

Porque no ha sido fácil y ha necesitado esfuerzo. Como la vida misma. Lo malo es que ha sido un esfuerzo con más mierda que delicias, provocado por el aguijón envenenado de la inconstancia: esa orilla se ha alcanzado con solo dos sudando en el medio (Xabi Alonso, un pañuelo de lunares frente a tantos de fondo liso; y Luka Modric, su único fiel escudero a fecha de hoy), pues han estado rodeados la mayor parte del encuentro, por los lados y por delante, de unos cuantos desaparecidos, y no precisamente en combate (Benzema se ha revolcado como cochino en el estiércol de la destemplanza; a Isco le ha salido uno de esos encuentros en la tercera fase difuminada; Cristiano Ronaldo se ha propuesto, y conseguido, reivindicar la ceguera lateral, cual caballo con anteojeras –el algodón de muestra, el último ataque blanco, cuando con Karim a su izquierda y Jesé a la derecha listos para el golpe de gracia optó por chutarle al muñeco–. Lo de Arbeloa en el lateral derecho ha sido la sal y la pimienta que necesitaba la ensalada para que no faltase de .

 

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Pero bueno, peor podría haber salido este paseo por el alambre: calculadora en mano, la Liga entra en el parón navideño con los blancos casi a tiro de piedra del rival a batir, el mejor Atlético de Madrid que se recuerda (hubo grandes noches con el Ratón Ayala, Leivinha, Pereira, etcétera, la memoria está para no olvidar méritos que son lícitos, pero lo del equipo del Cholo este año es otra cosa). Aunque el Barça actual no asusta tanto como los del Calderón (al menos, hasta que pase la revalida del Manchester City, la vara que lo medirá), todo parece encaminado a una inevitable lucha de tres, y más cuando se comprueba que hasta los errores arbitrales caen ya del lado colchonero: ese penalti de Courtois  al levantino Barral no señalado el sábado –lo cual no implica que Papá Noel, tan tradicional, se olvide de los dos grandes: el segundo gol del Madrid lo marcó Ronaldo en fuera de juego y el primero (fuera de banda previo) y el cuarto (fuera de juego) del Barcelona tampoco debieron subir al marcador, pero sí el anulado a Pedro–.

 

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Dice Ancelotti que 2014 puede ser muy bueno para su equipo. Lo soltó en Mestalla tras el partido, en un exceso de euforia, defendiendo su trabajo, su puesto. Si Varane no lo remedia pronto poniendo orden en la zaga, difícil lo tiene (la defensa es un coladero, ha encajado tres goles más que la del Villarreal, uno menos que la del Málaga y el Granada y dos menos que la de la Real Sociedad, el Espanyol y el Elche: que le echen la culpa a Casillas). Eso, para empezar. Para continuar, tendrá que disciplinar la cadena de mandos y la cascada de órdenes. Y a partir de ahí, Carlo tendrá que arreglar la otra gota que se le escapa: una clamorosa falta de intensidad colectiva –la eliminatoria copera contra el Olímpic de Xàtiva ha sido la penúltima evidencia–, a años luz de la que ofrece esa sección de baloncesto que anda haciendo época. Si eso no ocurre su equipo seguirá moviéndose como un coche grande en uno de esos incómodos aparcamientos provisionales que dejan solo estrechos espacios para maniobrar y exigen buena orientación para dar con la salida. ”Todo cuesta trabajo, esfuerzo, todo lo que vale la pena cuesta”. Es lo que hay, Benzema.

Miguel Martínez

Este egarense se hizo del Real Madrid a los tres, cuatro años. Jugaban Benito, Santillana, Velázquez, García Remón o Miguel Ángel, Pirri... El equipo merengue era el mayoritario (de muy largo) en los bloques de la Vitasa, especie de república escindida del barrio de Can Boada. Días de pelotas de bolsas y papel en los patios de los colegios, de costras eternas en las rodillas. Faltaba un decenio para que naciera la (única y azulgrana, luego no libre) TV3. Temps era temps. Luego le dio por dedicarse a la música, escribiendo de ella o montando conciertos, bla, bla, bla, y hasta hizo algún libro (el último, “La mitad de lo que quisimos ser”; Editorial 66rpm), pero eso aquí no toca, esto va de patear el balón.