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Tungsteno---cubierta  

Tungsteno

Marcello Quintanilha

La Cúpula

8,2

 

 

Albert Fernández

 

Hay un nervio que cruza este álbum de la primera a la última página. Una irrigación de acciones, sobresaltos, sentimientos, enfrentamientos, angustias, carreras y golpes tan incesante que logra lo que sin duda su autor pretendió en las cuidadosas horas que destinó a dar forma a "Tungsteno": volvernos yonquis de su historia, esclavos de la tinta incapaces de despegar las retinas de sus viñetas hasta llegar al final, en un relato que se devora con el aliento entrecortado, y la sensación de haber vivido algo intensamente. 

 

Porque si hay una manera acertada de describir "Tungsteno", es diciendo que se trata de un cómic vívido. A través de un relato donde se enredan los pasos y destinos de diversos personajes, agitados y enredados en una red de crímenes y diatribas, Marcello Quintanilha orquesta un desfile cinético sensacional, demuestra un control de los tempos narrativos pasmoso, y nos engancha desde el principio a su desfile de personajes agresivos y recelosos, criminales unos, torcidos y heridos los otros. 

 

Así, en este fascinante noir soleado confluyen en la misma maraña de sucesos unos pescadores furtivos, que utilizan dinamita para sacar filones del mar desde una barca cerca de la costa de Salvador de Bahía; Caju, un joven dealer de poca monta, que descubre el saqueo portuario junto al señor Ney, recio ex-sargento del ejército con una soberbia y un rigor insoportablemente desafiantes, más Richard, el policía que acude a impedir que los pescadores ilegales se salgan con la suya, y la mujer de éste, siempre ahogada por su amor, siempre a punto de hacer la maleta, siempre incapaz. 

 

 

 

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El primer gran acierto de la obra es su pulso, vertiginoso, pertinaz y emocionante, casi de tiempo real, que nos hace vivir lo contado como algo que está sucediendo en el mismo momento de leerlo. Las carreras por la playa, la angustiosa reyerta a puñetazos de Richard con los dos ladrones, los tejemanejes en coche de Caju entretanto, las dudas de Keira, y los recuerdos que se van hilando en todas esas cabezas, fundiéndose con el presente, cargando de significación cada instante actual, porque cada momento es así como consecuencia de otros tantos anteriores...

 

Aunque hay otros logros en "Tungsteno". Uno que salta a la vista, sin duda, es el trazo detallado del dibujo del autor brasileño, su capacidad para plasmar en cada expresión el drama del personaje, la agitación de un instante, y a la vez no perder nunca el detalle por poblar las viñetas de cuidados fondos, enmarcar la acción en su contexto, las magníficas playas y callejuelas de Salvador de Bahía. A toda esa belleza evidente se une la fuerza descomunal con la que el autor plasma las secuencias de acción y velocidad, retorciendo las perspectivas, arqueando extremidades y escenarios, golpeando con onomatopeyas. Ese formidable marco gráfico se ve a la vez impulsado por otra de las bazas del cómic: los diálogos internos de los personajes, una imperiosa segunda persona que, desde los cuadros de texto, desvela los pensamientos más profundos y ennegrecidos de los protagonistas, y les habla y les reta para seguir adelante con su deber o su mezquindad. Unos diálogos internos que a menudo saltan de un personaje a otro, llamándolos por su nombre, enhebrando escenas y escenarios de una manera sensacional, y convirtiendo al lector en algo así como un espectador omnisciente-confidente. 

 

Pero si hay algo que sobrevuela todo el cosmos endemoniado de "Tungsteno", más allá de su relato a la carrera y su epílogo revelador, es la sensación de que aquí no hay héroes. Ni uno solo de los protagonistas de este "Cidade de Deus" en viñetas es un personaje nítido. Todos tienen sus temores, todos su egoísmo, su crueldad, su remordimiento, sus heridas. Nadie hace nada por los demás, lo único que importa es cada cual. No, nadie es nítido, todo el mundo está bronceado con las peores sombras de lo humano. Por eso corren. Por eso se golpean. Por eso lloran. Por eso.   

 

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Comentarios
Albert Fernández

En el desorden de los años, Albert Fernández ha escrito renglones torcidos en publicaciones como Mondo Sonoro, Guía del Ocio o Go Mag, tiempo en el que ha tenido oportunidad de ir de tapas con Frank Black o escuchar a Patrick Wolf bostezar por teléfono. Además, ha sido jefe de redacción de las secciones culturales de H Magazine, y ha aportado imaginación tras los micrófonos de Onda Cero, Cadena Ser y Scanner FM, donde facturó la sitcom musical de creación propia “2 Rooms”. Aunque sabe que no hay lugar mejor que aquel de donde viene, a Albert no le hubiera importado nacer en Gotham City o en el planeta Dagobah. Con tendencia a la hipérbole y a la imaginación desatada, Albert sigue buscando el acorde que dé la vuelta a sus días.

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