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Nitsa 94-96

Barcelona es una fiesta

 

Manu González

 

El pasado sábado 2 de noviembre se estrenó en la sesión de clausura del Festival In-Edit Beefeater el documental “Nitsa 94-96. El giro electrónico”, dirigido por Alex Julià, película que recoge la historia del local que comenzó la cultura de clubs en Barcelona y que situó a la Ciudad Condal, junto al festival Sónar, en el mapa electrónico mundial.

 

“Nitsa 94-96. El giro electrónico” cuenta la época en la que el club Nitsa estuvo alojado en la Plaça Joan Llongueras por encima de la Diagonal, en el antiguo Don Chufo. Nitsa ya se llamaba así cuando Gabi Ruiz recogió el encargo de Carles Flavià de programar música más moderna en la sala de abajo mientras la sala de arriba era para el público más pureta que todavía iba por la fama del Don Chufo. Gabi comienza programando el tercer Primavera Sound allí (los anteriores fueron en KGB y Savannah), y después de los conciertos un jovencísimo Sideral comienza a pinchar rock, pop y… electrónica. Al año siguiente, el 3 de marzo de 1995, Nitsa presenta a Darren Emerson (de Underworld) a los platos. Por el Nitsa de Joan LLongueras pasarían DJs como Paul Daley de Leftfield, Laurent Garnier, Sven Vath, Pascal F.E.O.S., A Guy Called Gerald, Jeff Mills, Derrick May, Luke Slater, Juan Atkins, Slam, Carl Craig, James Lavelle o Stacey Pullen, entre muchos otros. En septiembre de 1996 el Nitsa ya estaba situado en su actual emplazamiento, la sala Apolo.

 

En cuanto salgo de la proyección se agolpan en mi cabeza mil y un pensamientos para comenzar un artículo y colgarlo esa misma noche, pero algo me impide hacerlo. Llámalo cautela, prefiero dejar reposar el recuerdo del documental en mi mente y hacer el artículo en frío. Llámalo pereza, es la una de la noche y no tengo muchas ganas de ponerme a escribir. Cuelgo un par de cosas en mi Facebook. Qué bien me lo he pasado con la BSO de ‘Nitsa 94-96, el giro electrónico’. HITAZOS como panes” y “Aunque ha sido un poco raro ver un documental de una época que he vivido y en la que conozco al noventa por ciento de la gente que sale”.

 

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A la primera afirmación llegaré más tarde. En cuanto a lo segundo, entiendan: uno está acostumbrado a documentales en los que salen amigos de Bob Dylan y te cuentan la época de grabación de “Highway 61 Revisited”, no que salga Marc Piñol (al que juraría que llevamos al local por primera vez Marc Llorens y yo) a contarte las sesiones de techno del Nitsa, local del que después fue residente durante muchos años. Es todo un shock. “Nitsa 94-96. El giro electrónico” es como la magdalena de Proust, un jodido viaje al pasado sin el Delorean ni Marty McFly. Pero, en mi caso, la nostalgia no es tanta. Fui a muchas sesiones del Nitsa, me puse como Julio Alberto con mis amigos y salí de allí a cuatro patas cuando el sol te quemaba las retinas pero, francamente, siempre fue un club incomodísimo, y celebré como nadie el primer día que visité el Nitsa de la sala Apolo. No me malinterpreten, esto no es ningún ataque al club, que disfruté como nunca, junto al New York (en el Raval), donde pinchaban unos jovencísimos DJ Fra, Luis Costa y Borja, otros grandes DJs que también mezclaban pop con electrónica (Fra es residente del Nitsa desde hace mucho tiempo, también), simplemente me parecía un club poco disfrutable en la época. Supongo que a mucha gente le causó una gran impresión por ese aspecto de basement techno tan alemán o británico, pero yo estaba enamorado de la decadencia de locales con un punto vintage como el New York, Apolo o Bipp, esa mezcla de la antigua y decadente Barcelona fiestera con los nuevos sonidos de la época.

 

Porque el Nitsa era un sótano de techos bajos lleno de humo y paredes negras  que invitaba a la abstracción en la pista giratoria al ritmo de 808 State o lo que pinchara Aleix en aquel momento. Esa abstracción tan química cuando bailas bajo efectos. Pero era un club no muy amigo de la bajona (que no perdona). Tenía cuatro sofás que siempre estaban llenos, y cuando encontrabas sitio, la gente llegaba a ponerte los abrigos encima (sí, me pasó en Jeff Mills). Era un club cero friendly para el ligoteo (las chicas de las piruletas no solían hablar con nadie, solo con sus amigas o con Sideral), y menos los amigos del local y de los DJs, siempre he tenido la sensación de que nunca se formó una comunidad de verdad. Muchos pasamos por allí, íbamos, volvíamos y la gente seguía en su particular bolsa bailando sin hacer mucho caso a nadie.

 

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No hice ningún conocido en el Nitsa. La gente que conozco de aquella época fue gracias a mi colaboración con la revista Abarna (luego Ab), que me mandó en noviembre de 1995 a que hiciera una entrevista por fax (sí, por fax) con Derrick May porque venía a pinchar al Nitsa en diciembre. Ese diciembre de 1995 fue un tour de force nitsero en el que empalmé Luke Slater-Derrick May-Jeff Mills. Tres sesionacas que hicieron que amara el techno para siempre (aunque la electrónica inglesa de la época ya tenía un lugar predilecto en mis estanterías).

 

El documental ahonda en tres conceptos. El Nitsa fue uno de los máximos causantes de la explosión de la música electrónica en Barcelona junto al festival Sónar, cosa que es completamente cierta; la figura de Sideral como gran estrella electrónica de la Barcelona post-olímpica, indudable; y que el Nitsa creó una comunidad que actualmente recuerda con nostalgia aquellos días. Como ya he comentado arriba, la tercera parte no la veo tan clara, creo que nos puede más la nostalgia. La verdadera comunidad se creó cuando el club dio el gran salto al Apolo, el Sónar se convirtió en multitudinario, comenzaron a surgir otros locales techno como el Moog, nacieron revistas como el Self, Disco 2000 o el aB se hizo más electrónica (cosa que sucedió cuando el Nitsa ya estaba en el Apolo) y, sobre todo, comenzaron a haber tiendas en las que poder comprar los discos que sonaban en esos clubs (y no viajar a Londres) como Verdes o La Casa.

 

Pero el germen de todo esto fue el Nitsa. Porque fue un club que, desde 1994 hasta el mítico 3 de marzo en el que pinchó Darren Emerson, creció musicalmente con su parroquia. De conciertos de bandas indies nacionales a temas de Hardfloor a 130 BPMs. Y la persona que hizo eso viable fue Aleix Verges, Sideral, con mucha ayuda de un siempre simpático Raul G. Pratginestos (DJ Zero, uno de los mejores DJ de España junto a Ángel Molina). En los primeros seis meses del Nitsa te podías acercar a la cabina y preguntarle a Aleix qué tema sonaba o que te pusiera algo de Orbital (y él, sonriente, te enchufaba “Remind” y flotabas dos palmos por encima de la pista giratoria). Hay un momento en el documental en el que Aleix comenta que el personaje de Sideral es otra persona y que no tiene nada que ver con él. Tristemente, es cierto. El Sideral de los últimos años no tenía nada que ver con el siempre alegre Aleix que pinchaba al principio en el Nitsa. Puede que no pinchara muy bien (como comentan muchos en la película) pero le encantaba hacerte bailar con cosas nuevas. Una de las fotos que promocionan el documental es una donde Aleix y Raúl están pinchando juntos y sonriendo. Recuerdo otra de una entrevista del Rockdelux donde también salían muy sonrientes. El Aleix que conocí en 2001 era una persona arisca que facturaba CDmixes completamente autocomplacientes muy por debajo de su nivel como DJ. En 1999, en Nitsa-Apolo, lo recuerdo machacar a Joey Beltram jugando en su propio terreno, el hard techno. Se llevó el aplauso de los pocos que quedábamos a las seis de la mañana disfrutando como bellacos del ruido y los imposibles BPMs. En 1995 lo recuerdo poniendo Orbital solamente porque alguien se lo pedía.

 

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Siempre he pensado que cualquier tiempo presente es mejor. Nunca me ha gustado regodearme en el pasado, aunque algún mordisquito en la dichosa magdalena siempre cae (que somos humanos). Y creo que “Nitsa 94-96. El giro electrónico” tampoco se regodea, demasiado, en la nostalgia. Ni los propios protagonistas lo hacen, hay comentarios para todo: desde buenos recuerdos hasta cierto aire crítico. Además, el documental incide en que aquel pequeño sótano oscuro llamado Nitsa creció hasta convertirse en el Primavera Sound, uno de los mejores festivales del mundo.

 

En algún momento del documental, Gabi comenta que el Nitsa convirtió a sus trabajadores en una familia y en promotores musicales de verdad. Yo tengo que admitir que el Nitsa me transformó en crítico musical. Porque si no hubiera existido, yo nunca habría hecho una entrevista por fax a Derrick May.

 

¡Ah! La banda sonora… se me olvidaba. “Nitsa 94-96. El giro electrónico” tiene un soundtrack de campanillas. Por ahí suenan, evidentemente, “Higher State of Consciousness” de Josh Wink, “Born Slippy” de Underworld, “Flash” de Green Velvet, “From disco to disco” de Whilpool Productions… Impresionante. Pero yo tengo mi propia banda sonora de aquella época. Si quieren disfrutar de ella, aquí abajo está.

 

Manu González

Hizo su primer trabajo periodístico entrevistando a Derrick May por fax en 1995 para la desaparecida revista aB. Desde entonces, este natural de Hospitalet de Llobregat (1974) ha colaborado en publicaciones como Qué Leer (donde se encarga de la sección de cómic), Guía del Ocio BCN, Playground Mag, Revista Trama, EnBarcelona Magazine, Terra Gum, Hoy Empieza Todo (RNE 3), Agenda San Miguel o los catálogos del Festival Sónar 1997 y el Festival Doctor Music 1998. Experto en cómic y literatura fantástica, ha colaborado con editoriales como RBA, Random House Mondadori y Círculo de Lectores. Pero sobre todo es conocido por haber sido el Jefe de redacción de la revista Go Mag desde mayo de 2001 hasta su último número en junio de 2013.

manu@blisstopic.com