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Primavera Sound 15 años

Primavera is Fifteen

15 años del nuevo siglo

 

Redacción

 

El festival Primavera Sound nació con el nuevo siglo (en su nueva definición, que ya hubo un PS en los primeros noventas organizado por Gabi Ruiz en KGB y el antiguo Nitsa) y durante 15 años ha convertido a la capital de Catalunya en una de las principales sedes mundiales de la música alternativa de cualquier estilo. Por el Primavera han pasado casi todo el mundo que ha redefinido la música moderna de los últimos cuarenta años, pero todos nosotros tenemos un recuerdo especial del festival, un concierto o un momento. En esta fecha tan señalada del quince aniversario del festival, quince colaboradores de Blisstopic hemos seleccionado entre todos nuestros recuerdos aquel concierto o pasaje que más nos gustó, de esa historia de una década y un lustro que es ya el Primavera Sound.

 

Fotos de Óscar García, Jordi Vidal, Damià Bosh y Mireia Carulla.

 

Puedes ver los diferentes directos de la lista haciendo click sobre los nombres de cada banda.

 

Primavera Sound 15 años

Primavera is Fifteen

15 años del nuevo siglo

 

Redacción

 

El festival Primavera Sound nació con el nuevo siglo (en su nueva definición, que ya hubo un PS en los primeros noventas organizado por Gabi Ruiz en KGB y el antiguo Nitsa) y durante 15 años ha convertido a la capital de Catalunya en una de las principales sedes mundiales de la música alternativa de cualquier estilo. Por el Primavera han pasado casi todo el mundo que ha redefinido la música moderna de los últimos cuarenta años, pero todos nosotros tenemos un recuerdo especial del festival, un concierto o un momento. En esta fecha tan señalada del quince aniversario del festival, quince colaboradores de Blisstopic hemos seleccionado entre todos nuestros recuerdos aquel concierto o pasaje que más nos gustó, de esa historia de una década y un lustro que es ya el Primavera Sound.

 

Fotos de Óscar García, Jordi Vidal, Damià Bosh y Mireia Carulla.

 

Puedes ver los diferentes directos de la lista haciendo click sobre los nombres de cada banda.

 

PJ Harvey

PJ Harvey en 2004

PJ Harvey Primavera Sound 2004

 

En once ediciones asistiendo al Primavera he visto conciertos de todo pelaje, pero pocos que a día de hoy recuerde con tanta claridad como el de PJ Harvey en la edición del 2004, la última que se celebró en el Poble Espanyol. Polly Jean tomó al asaltó el escenario principal enfundada en un vestido amarillo y calzando unos tacos fucsias de vértigo que no fueron impedimento para que no parara quieta ni un segundo, cómplice y enérgica. Era la gira de presentación de “Uh Uh Her” pero acabamos presenciando un setlist rebosante de joyas pasadas, desde “Meet Za Monsta” hasta “Dress”, pasando por “The Whores Hustle, the Hustlers Whore”, “Down By the Water” o “Big Exit”. Hasta una inesperadísima versión de “Taut”, de John Parish, llegamos a disfrutar, con PJ tirándose al suelo en pleno estallido noise. Entonces quienes la vitoreábamos sin parar entre tema y tema, borrachos de su carisma, no teníamos manera de saberlo, pero esa retrospectiva festivalera a su catálogo marcaría con los años un antes y un después en la experiencia de ver a PJ Harvey en directo por aquí. Acabábamos de asistir al último concierto en Barcelona de su etapa más abiertamente rockera y salvaje antes de que su sonido tirara por derroteros más introspectivos a partir del que sería su siguiente trabajo, “White Chalk”. Rosario López

 

!!!

!!! en 2004

 

Reconozcamos que una de las grandes virtudes de este festival es descubrirte esos grupos casi noveles cuyo nombre desconocías por completo antes de verlos por primera vez en el cartel. Eso es lo que me sucedió con el onomatopéyico grupo de Nick Offer y sus chicos; Con lo que quedaba de mis maltrechos huesos tras batallar en primeras filas durante el show de hits de Primal Scream, me acerque a la carpa con la intención de ver sus minutos iniciales, guiado por una única escucha de “Louden Up Now”, su flamante segundo disco recién filtrado escasos días antes y enfilar finalmente el camino a casa tras tres largos días de conciertos non-stop. ¡Ja! Una vez empezó esa coctelera sónica implacable, desparramando funk nervioso y disco-punk a partes iguales sin un segundo de descanso, intercambiando constantemente instrumentos y convirtiendo esos temas desconocidos para la mayoría en jams de frenopático, todos los allí presentes echamos el resto y bailamos como si nos poseyera el diablo. Alguien de las primeras filas aprovecho una de las numerosas incursiones del cantante entre el público para obsequiarle con una pastilla que recibió con la lengua y el ritmo se tornó aún más salvaje si es que eso era posible. Tal fue el nivel de entrega que, cuando volvieron para el improvisado bis, su líder no pudo evitar vomitar un par de veces mientras un alucinado James Murphy, que pinchaba justo después, no salía de su asombro contemplando la escena desde bastidores. No es extraño pues que éste les hiciese reverencias mientras abandonaban el escenario entre vítores y aplausos unánimes. Víctor Cañameras

 

American Music Club

American Music Club en 2005

American Music Club Primavera Sound 2005

 

Corría el año 2005 y en su quinta edición el festival cambiaba de recinto, mudándose del entrañable pero cada vez más impracticable Poble Espanyol a los grandes espacios del Fòrum (lo lejano que nos parecía entonces el escenario CD Drome, ¿recuerdan cuándo años más tarde lo rebautizaron como ATP y la gente lo llamaba “A Tomar Por culo” porque consideraba que estaba lejos? ¡Bendita inocencia la nuestra!, si no hubiera desaparecido ahora estaría en el centro del meollo). Corría el año 2005 decía yo, y American Music Club volvían de un letargo de diez años con el disco “Love songs for patriots”, sobre el escenario Mark Eitzel y compañía demostraron estar en plena forma ofreciendo un concierto redondo e intenso que coronaron con una soberbia guinda, una emocionante versión de Heart and soul de Joy Division que nos puso los pelos de punta a todos. Unas cuantas horas más tarde, New Order, en un concierto más bien tirando a regular, versionaron “Love will tear us apart” y “Transmision”; no hubo color, la actitud, el respeto y la intensidad los pusieron los de Eitzel. Javier Burgueño

 

Boredoms

Boredoms en 2006

Boredoms Primavera Sound 2006

 

Cuando la noche del 3 de junio de 2006 me planté frente al escenario CD Drome y vi una mesa repleta de cacharrería electrónica y tres baterías dispuestas formando un círculo supe que allí iba a pasar algo grande. Pero no tanto. Lo que vino después me hizo estallar la cabeza. En momentos así uno agradece que, año tras año, el festival programe este tipo de grupos que, para entendernos, nunca podrían tocar en el FIB. Entrando en lo estrictamente musical, lo primero que llamó la atención fue una sección rítmica sencillamente apabullante, tres bateristas superdotados manejando las baquetas con precisión quirúrgica y una coordinación que sólo puede ser fruto de la férrea disciplina japonesa. En primer plano una Yoshimi P-We derrochando el mismo carisma que hizo que los Flaming Lips le dedicaran un disco entero; aunque inevitablemente los ojos se iban hacia el gran Yamatsuka Eye, ejerciendo de histriónico maestro de ceremonias. Y nunca mejor dicho, porque aquello tuvo mucho de experiencia trascendental donde convivieron noise, free jazz, rock progresivo, música tradicional japonesa y rituales animistas. Vale que no montaron setenta y siete baterías como al año siguiente en Nueva York pero, en una edición marcada por grandes conciertos de Motörhead, Undertow Orchestra, Vashti Bunyan o ESG, ninguno me dejó con el culo tan torcido como Boredoms. Si alguien estuvo allí sabe de lo que hablo. Héctor Ortega

 

 

ESG

ESG en 2006

ESG Primavera Sound 2006

 

Todos los que vimos a las hermanas Scroggins aquella lejana noche de 2006 en el escenario Danzka CD DROME, llegamos a una misma conclusión: que quién dijo que la historia era aburrida se equivocó. Por qué lo que se vió y bailó aquella noche fue lo que se veía y bailaba en las calles de Nueva York a finales de los años setenta y principios de los ochenta y fue la bomba. Las hermanas Scroggins crecieron en los projects de Jackson Ave, en el sur del Bronx donde nació el hip hop. Y como no, en su música hay hip hop, pero también muchas otras músicas.

 

Y es que su estilo es un compendio, una almágana de los diferentes sonidos que se podían oír en la Gran Manzana a partir del año de la serpiente (1977): disco, post-punk, no wave (por algo publicaron sus discos en 99 Records) salsa y funk. Un funk minimal y repetitivo que aquella noche de 2006 nos metió en un bucle de polirritmos adictivos que se podían bailar recurriendo a la mínima expresión, pero que no daban opción a la pausa. Pero para bailes, los de las Scroggins, que incorporaron a la Emerald, Sapphire and Gold (ESG) a sus hijas y dieron toda una lección de saber estar y de autenticidad. ¡Qué manera de mover las arrobas!

 

Nunca le agradeceremos lo bastante a Mamá Scroggins que comprara a sus hijas instrumentos musicales para mantenerlas alejadas de las calles y los problemas. Y termino con una anécdota. Creo que fue la batería que toco en el Primavera Sound estando de baja y al volver a Estados Unidos le dijeron que si podía tocar en un festival, también podía volver al trabajo, que en su caso consistía en conducir un autobús. Lidia Noguerol

 

 

Los Carradine

Los Carradine en 2007

Los Carradine Billy Bragg Primavera Sound 2009

 

Billy Bragg tocó con Los Carradine en el Minimúsica del Primavera Sound en 2007. Ese concierto fue la guinda de un pastel que se cocinó durante décadas, por eso no tengo dudas a la hora de elegirlo como Mi Mejor Momento Primavera Sound Ever.

 

Es la historia de como un imberbe Antonio Baños le descubrió en Radio 3 en los primeros 80s y se enamoró de su ética y su estética, de su espíritu, su actitud en el escenario y su forma de luchar con una guitarra y su voz. Le admiró durante años y finalmente le escribió una canción entre la versión y el homenaje. De como planeamos rodar la road-movie de un viaje a conocerle que nunca haríamos, porque por el camino sucedió que Los Carradine supieron antes que nadie que Billy Bragg tocaría ese año en el Primavera Sound. Su cuñado nos contactó por MySpace (yes!!!) para amistad y lo que surja... pedirnos la traducción de la letra y un "nos vemos en Barcelona".

 

Y vinieron, y fue fabuloso. El bardo de Essex fue generoso con su tiempo y fluyeron las anécdotas, la complicidad y el reconocimiento mutuo. Bragg se dejó disfrazar de abeja obrera, subió a un mini-escenario primaveral, cuajado de flores de plástico y no solo tocó, sino que mejoró la canción y le vimos disfrutar. Incluso para los estándares de un mitómano fanático esta habría sido la culminación perfecta de una historia de amor unidireccional que empezó cuando cada Carradine era tan solo un chaval. Pero su amor fue correspondido y Billy Bragg ese día acabó admitiendo: "Hoy he tenido que elegir entre tocar con Wilco o Los Carradine... y estos chicos son sin duda mucho más divertidos". Mireia Carulla

 

 

Portishead

Portishead en 2008

Portishead Primavera Sound 2008

 

Hace casi siete años y los detalles puede que se hayan desdibujado. Pero permanece la esencia, la emoción. Recuerdo el enorme escenario del Auditori tomado por una panoplia de instrumentos y músicos. Recuerdo a Beth Gibbons apoyándose en el soporte del micro como si le faltase el equilibrio. Recuerdo la comunión final durante “We Carry On” cuando toda la tensión acumulada reventó con una invasión del escenario que los habitualmente estrictos vigilantes del Auditori observaron atónitos, incapaces de contener. Recuerdo como Beth Gibbons sujetaba un vaso de cerveza y sonreía ante el público que les rodeaba, sentada en el escenario como uno más de ellos, como si ella no hubiera originado ese magma incontrolable.

 

Era la presentación de “Third” su último disco hasta la fecha. Han vuelto a actuar por nuestros pagos y quienes les han visto aseguran que siguen manteniendo esa capacidad de embrujo. Pero, para los que vivimos aquella noche en el Auditori, sabemos que ese será nuestro concierto de Portishead. El 30 de mayo de 2008, el día en que un agujero negro de dolor atravesó nuestros corazones, nos desquitamos tomando el escenario y compartimos nuestro estupor y agradecimiento ante lo que habíamos acabado de vivir. Marc Ferreiro

  

 

The Sonics

The Sonics en 2008

The Sonics Primavera Sound 2008

 

La actuación de The Sonics en el ya lejano PS 2008 fue una parada más en esa declaración de principios continuada que es el line-up del festival año a año. Porque el garage y el punk siempre han formado parte del branding PS, primero de manera más sutil y sin vergüenza alguna en las últimas ediciones. Y si hay una, una sola verdad en este incierto y caprichoso mundo del rock’n’roll es que The Sonics fueron la primera banda verdaderamente punk del planeta, casi 20 años antes de que nadie supiera de qué narices iba eso del punk. 

 

Abuelos, sí, pero aún con mala leche y actitud de sobras para llenar un escenario con nombre de cerveza. Con su front-man clásico al frente, con un sonido más que digno teniendo en cuenta los casi 50 años de carrera que se contaban ya por entonces los del Pacific Northwest, y, sobretodo, con una colección de dañinos hits para los que, de verdad, el tiempo no ha pasado (y sí, cayeron “Strychnine”, “Psycho” y “Have Love Will Travel”), The Sonics consiguieron convertir una tarde-noche de verano mediterráneo en una pequeña cátedra sobre las raíces de la modernidad. Rafa Giménez

 

 

Fuck Buttons

Fuck Buttons en 2008

 

Aunque luego perfeccionaron lo perfecto con aquel "Olympians" en 2009, mi primer y más poderoso recuerdo del dúo compuesto por Andrew Hung y Benjamin Power es la melodía de "Bring Tomorrrow", tema estrella de su debut "Street Horrrsing" (ATP, 2008). Fuck Buttons acababan de publicar este disco cuando actuaron en el escenario ATP del Primavera Sound a las dos de la mañana. Con poco público, comenzaron dudando, a medio camino entre ese planeta de los simios de "Ribs out" o los gritos dementes de "Race to my bedroom", pero mientras llegaba más público se fueron calentando, berreando por el microfono Fisher-Price hasta que llegó el ritmo marcial de "Okay, let's talk about magic" y, sobre todo, esa "Bring tomorrow" que recuerdo como el tema más jodidamente ruidoso que he escuchado nunca en un festival. El bombo me estaba jodiendo el estómago y las aletas de mi nariz temblaban como un flan. Para mí fue la confirmación de que Fuck Buttons serían la banda de la segunda mitad de la primera década del Siglo XXI y uno de los mejores conciertos que he visto en mi puta vida. Manu González

 

Tema "Bring tomorrow" en Florida 2008

 

 

My Bloody Valentine

My Bloody Valentine en 2009

My Bloody Valentine Primavera Sound 2009

 

Las esperanzas de disfrutar de una segunda oportunidad con My Bloody Valentine en el Auditori del Fòrum tras el fallido concierto al aire libre que dieron días antes, debido a un volumen alto y distorsionado, nos daba un balón de oxígeno para todos los que somos fans del rodillo sónico dublinés. Al recoger en la entrada los tapones para los oídos que la organización del Primavera Sound suministró de manera gratuita, todavía no éramos conscientes del torbellino desbordado de decibelios que estábamos a punto de presenciar, merced a una banda que reventó más de un tímpano con su despliegue de guitarras a un volumen demencial. Los pioneros del shoegaze tocaron una gran selección de sus mejores gemas, como "Feed Me With Your Kiss", "Only Shallow" o la tan bailable "Soon", pero donde mejor destapan el tarro de su esencia de volumen enfermiza fue con el cierre de 18 minutos de reloj de "You Made Me Realise". Algo así como meter la cabeza en una lavadora en marcha: caras de estupefacción, gente de pie con los ojos en blanco en pleno trance, dedos tapando la gran mayoría de orejas y algún valiente en primera fila sin tapones. Temblores internos y sensación de caja torácica deformada, o lo que es lo mismo, el éxtasis hecho arte. El triunfo por aplastamiento. Y la piel de gallina, claro. Beto Vidal

 

 

Neil Young

Neil Young en 2009

 

Veintidós años de espera y volvió a pisar un escenario en Barcelona, sin los Crazy Horse pero con la compañía de Rick Rosas al bajo y de Ben Keith a la guitarra y pedal steel, aunque unos pocos privilegiados ya habían podido asistir a sus ensayos para la gira europea durante dos días en el Sant Jordi Club.

 

Por primera vez en la historia del Festival todos los escenarios enmudecían y reunía a todo el público frente a un solo escenario. El repertorio ancló, en su práctica totalidad, en clásicos que fueron coreados por un público que en algunos casos, sólo había acudido al festival a verle a el. Himnos que venían de antiguo, de otra manera de entender la música, que habían cruzado épocas doradas, de decadencia, estilos y modas, pero seguían presentes en el ADN musical de un público, que esta vez si, cruzaba generaciones y se mezclaba con componentes de bandas que antes o después llenarían los otros escenarios.

 

Por fin alguien, en el recinto del festival, luciendo una camisa a cuadros que no era un meapilas, fingiendo falsos amaneramientos y vestido en el departamento infantil de unos grandes almacenes para borregos a la última. Neil Young, sesentón, escupiendo versos hasta quedar sin aliento, o arrancando furiosamente las cuerdas de su guitarra, en un inmenso torbellino de feedback y acoples, dejando caer sin medida todo el peso de su cuerpo al golpear cada acorde, con solos hirientes y el sonido de una armónica que crujía el alma. Y al acabar de nuevo el silencio, entre muchos abrazos de satisfacción, algunos sollozos y esa sensación de vacío tras el concierto, ¿Y ahora qué? ¿Qué puedo ver después de esto? Jordi Vidal

 

 

Pixies

Pixies en 2010

Pixies Primavera Sound 2010

 

A pesar de esa imagen que tiene de ogro, Frank Black es uno de los músicos más simpáticos y cercanos que he conocido. Durante la promoción de uno de sus discos en solitario en Barcelona, acabamos con el del sello y dos amigos más tomando vinos y tapeando, mientras nos explicaba anécdotas sobre su vida personal (dejando a un lado la artística). Eso fue antes de su  reunión con Pixies, en aquel momento se negaba en rotundo a que esa opción entonces remota llegara a buen puerto. Al cabo de un tiempo, saltaba la noticia, harían una gira con todos los miembros originales, y uno de los destinos era Barcelona, concretamente Primavera Sound. Año 2004, el último en el Poble Espanyol, la edición en la que ese espacio se les queda pequeño. Y más aún a la hora de Pixies, ese nombre junto al de PJ Harvey era el gran reclamo de esa edición. Lamentablemente, llego justo de tiempo al escenario, venía de ver otros conciertos, y apretado en un lateral veo a Pixies en unas condiciones que no deseo. Cumplo con el deseo de marcar esa casilla, ya no tengo esa cuenta pendiente. Pero me queda la espina clavada de no haberlo disfrutado como quisiera. En 2010 repiten, esta vez en la explanada del Fórum. Por aquel entonces, yo hacía justo un mes que me había separado de mi pareja, y necesitaba vivir esa experiencia al máximo de intensidad, me coloco estratégicamente para verles óptimamente, y uno tras otro, vocifero todos sus hits (lo haría también allí con The Afghan Wigs, Neil Young o Bob Mould), me quedo sin voz, exhausto. En cambio, en 2014 me quedo a medio kilómetro del escenario en el que tocan, las circunstancias eran distintas (para mi, para el grupo y para el propio festival), lo vivo con mucha más prudencia, sin que las emociones me ataquen a mil por hora. La música como medicina, como termómetro vital. Toni Castarnado

 

 

Sufjan Stevens

Sufjan Stevens en 2011

14

 

Alucinógeno, de una factura exquisita y a años luz de muchas de las actuaciones de las que disfrutamos aquel año. Sufjan Stevens en 2010 jugueteó con la electrónica con su siempre  a reivindicar “The Age Of Adz”, aunque tuvimos que esperar un año para verle por partida doble (el 26 y el 27 de mayo de 2011) en el Auditori del Fòrum dentro del marco del festival. Con una platea llena hasta los topes, el estadounidense apareció en escena luciendo su pluma de ángel y acompañado de una banda fluorista que encajaba a la perfección con toda la imaginería visual que tomaba prestado el universo extraterrestre del artista Royal Robertson. A estas alturas uno tiene vagos recuerdos de aquella velada, pero aún recuerdo como si fuera ayer la cara de tonto que se me quedó cuando terminó. Cayeron las mejores bazas de aquel disco, incluidos los 25 minutazos de “Impossible Soul”, y para el bis se guardó una “Chicago” que hizo que el respetable se colocara a pie de escenario para ver de cerca esos minutos finales que fueron una auténtica fiesta. Con este antecedente hay que ser muy tonto de perdérselo cuando este septiembre vuelva a nuestro país. Sergio del Amo

 

 

Archers of Loaf

Los Juncos, todos los años (+ Archers of Loaf en 2012)

Archer of Loaf Primavera Sound 2012

 

No, no es que la encarnación musical de Ricardo Gabarre, el gitano que cantaba "Mala mujer", se haya multiplicado y fructificado en el Primavera como si de una planta monocotiledónea de zonas húmedas se tratara, y mucho menos que ese combo de héroes musicales de bodas y bautizos repita en todas las ediciones del festival, cual Shellac tapados y cañís. Ni el Junco ni Los Juncos han actuado nunca en el Primavera, aunque tal vez habría que empezar a planteárselo, ya puestos. Pero si nos ponemos a rememorar momentos claves en estos tres lustros de Primavera Sound, es inevitable darse de bruces con tantas y tantas excursiones a esa zona agreste, aquel tramo de tierra chorreante encaramado al último muro del Parc del Fòrum, un oasis de detritus poblado de tallos vegetales erectos y ascendentes, más una cantidad ingente de pichas y chichis hipsters en micción permanente. 
 
 
De camino a Los Juncos me he encontrado a Archers Of Loaf tocando a primera hora y por sorpresa en una caseta de una marca de gafas de sol o zapatillas deportivas, y diría que esa misma tarde los primeros acordes de los de Eric Bachmann desde el escenario grande me encontraron sacudiéndome con urgencia las últimas gotitas de mi segunda birra. Y es que la emoción por asistir a uno de aquellos conciertos que piensas que ya no podrás ver jamás era tan intensa como el olor a excreción en nuestro querido montículo de Juncaceae y Cyperaceae. Aquel concierto predilecto es un buen ejemplo de arrebato junquero, pero lo mismo hemos pasado ratos allí, enfundando y desenfundando con la vista puesta en el horizonte, justo después de cantarlo todo en el regreso de otros héroes, The Afghan Whigs, o consolándonos haciendo dibujos con el haz de pis tras quedarnos fuera del Auditori para entrar a ver a Low interpretando "The Great Destroyer" de pe a pa, sin ir más lejos. 
 
 
Los Juncos están de camino de todo, y en ese escenario la música nunca para: el repertorio de siseos de urea, pedetes indisimulados, risotadas entre papelas desplegándose y latas rodando por el fango es tan rico y abundante, que se debería empezar a incluir tanta sinfonía y orquestación entre la programación y horarios del festi. En ese vip de la plebe hemos aprendido a apreciar las más variadas peculiaridades de lo frondoso, y he de decir que, de no haber tenido contacto con los genitales femeninos a estas edades, es un hecho que, pese a mi miopía y discreción inherentes, con un simple vistazo alrededor en Los Juncos me habría llevado una idea más certera que aproximada del verdadero mapa de las cosas. 
 
 
Ellas se ponen en cunclillas y descienden ríos de oro; ellos se agarran el cetro orgullosos, con las piernas bien estiradas y abiertas, y se pasan la mano por el tupé justo después de subir la cremallera. De fondo suena música. El paraíso mierder justo en medio del festival de festivales. ¿No es maravilloso? Albert Fernández
 

 

 

 

Slint

Slint en 2013

Slint Primavera Sound 2014

 

La débil excusa de la reedición del mítico “Spiderland” (Touch and Go, 2014) engordado con material extra y el documental “Breadcrump Trail” firmado por Lance Bangs, nos parecía más que suficiente ya que nos iba a proporcionar la oportunidad de asistir por fin a un concierto de una de las bandas más esquivas de los 90’s. La reunión de Slint ya era a priori un acontecimiento por si mismo, pero nunca podíamos llegar a imaginar que se iba a convertir en uno de los mejores conciertos de la historia del festival.

 

Por una vez, todos los clichés se hicieron realidad: el marco incomparable (un escenario de tamaño mediano con buen sonido y atmosfera todavía enrarecida después de la violenta tormenta), la madurez de la banda, capaz de extraer hasta la última gota de sentimiento de los riffs y silencios; la concentración del público, tan predispuesto como respetuoso; y, por encima de todo ello, unas canciones sobrenaturales, puro desgarro emocional hecho música.

 

Con toda la crudeza del “Spiderland” original, pero con el poso que dejan los años transcurridos y la experiencia acumulada, los de Louisville elevaron un disco ya mítico a la categoría de sublime con una interpretación fluida, contundente (tremenda “Good Morning, Captain”), pero también matizada. Tanto que se hace difícil destacar algún aspecto, alguna laguna o algún instante que destaque o desentone. Aunque, sin duda, la interpretación de “Don, Aman” con Britt Walford y David Pajo sentados solos en el centro del escenario trenzando sus guitarras y con, finalmente, Pajo respondiendo con tensos riffs a la rabia acumulada por el angustioso speech de Walford muy difícilmente se borrará de nuestras cabezas en muchos años. Por eso, sólo por esos tensos minutos de concentración podemos decir que de todas las giras de reunión de todas las bandas del mundo, la única ha valido la pena ha sido la de Slint. Half Nelson

 

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